Hoy me he levantado nostálgico (con nostalgia de la buena, por supuesto) y me ha apetecido recordar una de mis etapas favoritas en el cómic de superhéroes, el trabajo que hicieron Denny O’Neill y Neal Adams en Green Lantern/Green Arrow, y más concretamente en la creación de John Stewart. Así que toca viajar hasta 1971, al número 87 de la serie de Green Lantern, para conocer un poco más el origen de un personaje que con los años se convirtió en un elemento fundamental tanto de los mitos de los GL como de DC Comics en general.

La creación de este se la debemos principalmente a Neal Adams, quien pese a esas teorías locas que a veces defendía, siempre fue alguien muy noble y con el corazón en su sitio y que utilizó su posición en la industria para intentar hacer las cosas un poco mejor, ya fuese ayudando a sus compañeros a recibir el respeto y el reconocimiento que merecían, o que se respetasen sus derechos, como a introducir cambios en los propios cómics que reflejasen un poco mejor la realidad. Y por ello la idea de crear a un personaje como John Stewart nació de una premisa tan sencilla como que tenía sentido que existiesen héroes que no fuesen blancos.

Porque en aquellos años los superhéroes negros que existían en el cómic se podían contar con los dedos de una mano, Pantera Negra, el Halcón, Black Racer y poco más, solo secundarios como Mal Duncan que tardarían un lustro en convertirse en superhéroes. Pero Adams no quería quedarse solo en lo superficial, ya que quería que este nuevo Green Lantern fuese un tipo corriente, no un rey de un país de fantasía, ni una entidad cósmica, algo más en la línea de lo que había sido el Halcón originalmente antes del espantoso retconeo que sufrió unos años más tarde convirtiéndole en un gánster de poca monta. Así fue como este nuevo superhéroe nació siendo un arquitecto en paro, alguien con estudios superiores, sin un pasado dudoso ni una vida de privilegios, sino un tipo corriente. Y tras pulir algunas diferencias con su editor Julius Schwartz, quien quería llamarle “Lincoln Washington”, un nombre de esclavo como bien le recordó Adams, y asegurarse de que su piel sería coloreada oscura, a diferencia de lo habitual en los cómics de la época, John Stewart nació definitivamente.

Y ya desde su primera aparición O’Neill y Adams quisieron dejar claro que este nuevo Green Lantern, aunque escogido por los Guardianes para ser el reemplazo de Hal Jordan tras el accidente sufrido por Guy Gardner, seguía siendo alguien que vivía en un reflejo del mundo real, sufriendo las mismas dificultades que la gente de verdad con su color de piel. Por eso lo primero que vemos de él es como le planta cara a un policía racista que está acosando a dos hombres negros por el gravísimo delito de jugar al dominó en la calle, y no se deja avasallar ante las amenazas de este. Un pequeño momento que nos muestra a la perfección que estábamos ante un personaje con mucho carácter y que no consentía las injusticias.

Algo que Hal Jordan y un Guardian presencian desde una azotea cercana, mostrándonos además como a Hal no le convencía el darle un anillo a alguien como John, porque Hal aún era muy cuadriculado y lo de que este le hiciese frente a un policía, aunque fuese uno racista, no le gustaba nada. Pero después de que el Guardian deje caer que no le importan sus prejuicios y que su decisión se mantiene, Hal acata sus órdenes y se dispone a preparar a John.

Tras una pequeña lección sobre el funcionamiento del anillo y la batería, crear un uniforme para John y que este rechace su máscara porque no quiere ocultar quien es, y unas prácticas de vuelo, se encuentran con un accidente a punto de producirse en un aeropuerto. Una multitud lanzándose a la pista para recibir a un avión que acaba de aterrizar sin darse cuenta de que están a punto de ser atropellados por un camión cisterna. Y mientras Hal aparta a la multitud John se ocupa del camión, perforando el tanque lo justo para que el combustible rocíe a los ocupantes del avión, tras lo cual le pregunta a uno de ellos, con la cara negra por el combustible, que si no se conocen de recoger algodón.

Porque como descubrimos unas viñetas más tarde ese senador es un racista que aspira a convertirse en presidente de Estados Unidos, y John no ha podido resistir la tentación de humillarle. Pero Hal, a quien john ha llamado «blanquito», no está convencido del todo y obliga a John acompañarle mientras protegen al senador durante su visita.

Para sorpresa de nadie ese senador en su mitin demuestra a las claras que difícilmente podría ser más racista, con un discurso que podría firmar Donald Trump sin ningún problema, y ante el cual Hal no tiene más remedio que reconocer que John tenía razón, pero que ese es el precio que hay que pagar por la libertad de expresión. Pero entonces un hombre negro salta al escenario y dispara contra el senador, y mientras Hal se lanza a por el atacante, John se niega a ayudar y se marcha de allí, dejando a Hal muy cabreado.

Aunque no es que John haya renegado de su responsabilidad, sino que se ha dado cuenta de que existía un segundo atacante que ha estado a punto de asesinar a un policía pero que ha sido detenido a tiempo por John.

Pero aunque Hal está demasiado cabreado para atender a razones, John consigue explicarse, ya que había reconocido a ambos atacantes entre la comitiva del senador, y como había imaginado el ataque contra este era falso, su atacante había cargado su arma con balas de fogueo, ya que el plan era que el senador sobreviviese a un presunto atentado en el que moriría un policía y que le haría quedar como un héroe y arrasar en las elecciones. Un argumento que me hace pensar que O’Neill y Adams fueron unos visionarios.

Y tras todo esto Hal se medio disculpa por haber dudado de John y no estar de acuerdo con su forma de hacer las cosas y este no parece guardarle rencor, pero sí que le recuerda que ni el estilo ni el color deberían ser importantes en asuntos como este. Una puyita nada sutil hacia Hal por dejarse llevar por ideas preconcebidas. Después de esto John solo apareció ocasionalmente aquí y allá en otras series hasta que en 1984 se convirtió en uno de los personajes regulares de la serie, pero eso ya será una historia para otro día.

Con lo que deberíamos quedarnos es cómo en apenas trece páginas (el resto del cómic estuvo protagonizado por Flecha Verde, enfrentado él también a los problemas raciales) Denny O’Neill y Neal Adams fueron capaces de presentar a un nuevo héroe y caracterizarle de una forma tan perfecta, dotando a John de la rabia legítima que cualquier persona negra estadounidense de la época enfrentada a la realidad, pero sin convertirle en una caricatura o un estereotipo, sino en un personaje tridimensional y muy auténtico con el que resultaba sencillo empatizar. Y todo al mismo tiempo que se analizaba, aunque fuese por encima, cómo Hal, sin haber tenido que vivir esa misma realidad, tenía problemas en comprender el punto de vista de John, mostrando cómo incluso las personas mejor bienintencionadas tienen prejuicios de los que no son conscientes y de los que deben desprenderse.

Por todo ello, cincuenta y cinco años después de su publicación, la etapa de estos dos grandes al frente de la serie sigue siendo un cómic tremendamente actual que apenas ha envejecido, y que tristemente sigue siendo de lo más relevante más de medio siglo después. Y aunque con los años John ha sufrido, como todos, algún retconeo que otro y no todos para mejor, sigue siendo un personaje muy importante e interesante con el que de vez en cuando se cuentan historias de las que valen la pena y que de una forma u otra se remontan a la idea de un hombre que simplemente quería aportar su granito de arena a hacer lo correcto aunque fuese solo en las páginas de un cómic.
