Paul Chadwick vuelve a recordarnos lo que nos hace humanos en Concrete: Stars Over Sand

Que Paul Chadwick vuelva a traernos una nueva historia de Concrete siempre es una buena noticia, especialmente cuando, como en el caso que nos ocupa, se trata de una miniserie en la que este nos demuestra una vez más que no le ha perdido el pulso a sus personajes pese a los cuarenta años transcurridos desde su creación. Y como no podía ser de otra forma, aquí nos encontramos de nuevo con una historia reflexiva y melancólica en la que la acción brilla por su ausencia y, en su lugar, nos encontramos con un estudio de lo que nos hace humanos, incluso en el caso de estar metidos dentro de un cuerpo de piedra casi indestructible.

Se le echaba de menos

Ron, Larry y Maureen se dirigen hacia Denver, donde Ron (Concrete) va a dar una conferencia que confía en que sea el primer paso en su carrera profesional como conferenciante. Pero antes de llegar allí han tomado un pequeño desvío para poder visitar el Parque Nacional y Reserva de las Grandes Dunas de Arena de Colorado, donde Ron confía en recuperar su inspiración y terminar su discurso, además de meditar sobre sus nuevas responsabilidades ahora que es padre/madre. Y aunque la tranquilidad y vastedad del parque le devuelve su impulso creativo, una fuerte tormenta que se ha desatado allí termina golpeándole con un rayo que lo deja inconsciente, perdido en un inmenso desierto en el que ninguna huella permanece demasiado tiempo y donde por todas partes la vista solo alcanza a ver dunas infinitas…

Que bien dibuja este hombre los paisajes

Paul Chadwick es un autor que, al igual que su personaje más famoso, se toma las cosas con calma, ya que han pasado catorce años desde la última vez que se publicó algo de Concrete (una grapa recopilando tres historias cortas), veinte desde su última miniserie y treinta desde que empezó a dar forma a esta historia durante un viaje que él y su esposa realizaron a este parque nacional. Pero, como él mismo dice en este primer número, se toma su tiempo para hacer las cosas. Y aunque es cierto que me encantaría que Chadwick fuese un autor más prolífico, ya que me encanta lo que hace, mientras siga manteniendo el nivel que ha mantenido todos estos años no me pienso quejar demasiado, pese a las larguísimas esperas.

En estos años ha tenido tiempo de hacerlo todo

Y es que estamos ante un cómic de lo más atípico. Partiendo de un fuerte componente de ciencia ficción, con un protagonista que fue abducido por alienígenas, cuyo cerebro fue trasplantado al cuerpo de uno de estos, convirtiéndole en alguien superfuerte y casi indestructible, pero nada humano en su exterior, en lugar de lanzarlo a vivir aventuras superheroicas, se ha convertido en un cómic casi costumbrista, o mas bien de realismo mágico, algo poco habitual. Pero ahí reside el gran acierto de Chadwick y lo que siempre me ha fascinado de este cómic: cómo, a través de una premisa tan fantástica, ha construido una obra contemplativa en la que aprovecha para reflexionar sobre el mundo y quienes lo habitamos, y recordarnos cómo, pese a todo lo malo que hay por ahí, también existen cosas maravillosas por descubrir.

En el fondo Ron es un tipo de lo mas normal

Todo eso lo podemos encontrar en el primer número de esta miniserie, con ese título, “Estrellas sobre la arena”, que parece querer evocar los pulps de ciencia ficción, pero tras el cual encontramos una historia de lo más terrenal. Ron busca ganarse la vida como conferenciante porque le angustia no poder hacerse cargo de los gastos que va a suponer criar a su descendencia (un bebé que parió él mismo y que sigue dormido desde su nacimiento), ya que, poseyendo el mismo físico que él, puede ser muy destructivo hasta que aprenda a controlar su fuerza. Algo que le lleva a sufrir un bloqueo creativo, y pese a haberse ganado siempre la vida escribiendo, ahora no es capaz de escribir nada que le satisfaga. Sentimientos no muy diferentes a los que envuelven a Larry y a Maureen, quienes aún se encuentran atormentados por experiencias pasadas o temen lo que el futuro deparará a esta peculiar familia que han formado.

Tener hijos no es barato

Pero aunque sea brevemente, el encontrarse ante un paisaje tan desolado y majestuoso al mismo tiempo les ayuda a poner las cosas en perspectiva, a dejar de lado momentáneamente todos esos problemas que les agobian y a ser uno con la naturaleza. Un tema recurrente en Chadwick, quien, por lo que cuenta en entrevistas y artículos, practica personalmente esa filosofía y la aplica a la perfección en sus trabajos. Porque si, como decía antes, Concrete es en esencia un estudio sobre el ser humano, también es, y casi con la misma importancia, un canto de amor hacia la naturaleza, hacia todos esos lugares en los que aún no se aprecian las huellas de la humanidad. Dos temas que, tanto por cómo termina este primer número como por las sinopsis oficiales, van a ser una vez más el eje principal de esta nueva miniserie, con Concrete buscando de nuevo su lugar en un mundo que a veces no es aterrador.

Cosas así ponen a uno en perspectiva

Y aunque el trazo de Paul Chadwick ya no posee la frescura y firmeza de antaño (no en vano tiene ya casi setenta años), sigue siendo un dibujante magnífico, capaz de sumergirnos en un mundo casi tan real como el nuestro, con una habilidad para narrar sin palabras envidiable y que sigue dominando el retrato de la naturaleza. Esto último siempre ha sido una de las principales características de su obra, su habilidad para crear paisajes naturales tan auténticos que casi parecen vivos. E incluso en un caso como este, donde el escenario principal no es más que un desierto que parece infinito, algo que en manos menos hábiles podría resultar monótono, se convierte aquí en algo majestuoso.

Por algo Chadwick es uno de los grandes

Lo que no me acaba de convencer del todo es el uso del color, y no porque Chadwick sea un mal colorista ni mucho menos, sino porque, al estar acostumbrado a que Concrete fue durante muchísimo tiempo un cómic en blanco y negro, y Chadwick es uno de esos artistas que saben sacarle el máximo partido, el color aquí me sobra un poco, me parece algo que no aporta nada especial a la historia. Pero pese a ello, si Chadwick ha decidido que sea así, ya sea por una cuestión meramente artística o comercial, no le voy a negar que en este aspecto también sabe muy bien lo que hace.

Pero ojala sacase una versión en blanco y negro

Por delante tenemos otros cuatro números para disfrutar de nuevo de este gran cómic al que tanto le cuesta dejarse ver y que será mejor saborear con la misma calma que Paul Chadwick aplica a este, ya que, al ritmo que publica, quién sabe cuándo podremos disfrutar de nuevas historias de este personaje tan poco corriente en la superficie. Y también espero que en algún momento no muy lejano este cómic pueda contar con una reedición en condiciones que nos permita disfrutar de esta gran obra que durante cuatro décadas ha seguido siendo fiel a sí misma.

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1 Comment
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Jesús Manuel Martínez Otero
Jesús Manuel Martínez Otero
7 horas han pasado desde que se escribió esto

Tengo que releer Concrete, coño. Creo que lo estoy acabando de olvidar ya.