Elixir es una de esas historias que parecen hechas a medida para mis gustos, no solo por tener detrás a un equipo creativo entre los que se encuentran un Frank J. Barbiere al que tenía perdido desde hacía tiempo y un dibujante tan interesante como Víctor Santos, sino por esa premisa que siempre me ha vuelto loco de la mezcla, y a veces la lucha, entre ciencia y magia. Pero, más allá de ese enfrentamiento entre una magia que se resiste a desaparecer y una tecnología que poco a poco se va imponiendo en todas partes, lo realmente interesante de este cómic es cómo en su centro nos encontramos un conflicto tremendamente humano entre el deber y lo correcto.

La magia está siendo reemplazada por la tecnología, y solo los Druidas siguen en pie, luchando contra las poderosas corporaciones para impedir que esta desaparezca del todo. Pero, en medio de ese conflicto, una mítica reliquia, conocida como el Elixir, y de la cual se dice que posee el poder de hacer desaparecer la magia o la tecnología, ha reaparecido. El problema para ambos bandos es que esta se encuentra en manos de Claude, un druida renegado y poderoso guerrero cuyos propósitos con la reliquia no están del todo claros. Y, para complicar las cosas, Mara, la hija de una de las líderes Druida y antigua discípula de Claude, ha sido encargada de su búsqueda. ¿Pero será Mara capaz de enfrentarse a un hombre que ha sido casi como un padre para ella?

Me cuesta un poco ser objetivo con un cómic como este porque, como señalaba al comienzo, siempre me ha fascinado esa mezcla entre ciencia, de la fantástica por supuesto, y misticismo, probablemente por culpa de criarme con cosas como los cómics de superhéroes o los Masters del Universo, donde ambos conceptos van de la mano. Pero, aunque en Elixir hay de esto y mucho, esto es solo la “excusa” que mueve la historia, ya que detrás hay un conflicto bastante menos fantástico y muy auténtico. Porque los enfrentamientos entre lo viejo y lo nuevo, en cualquiera de sus formas, siempre han estado ahí de una forma u otra, el apego a viejas tradiciones, el abrazar todo lo que sea nuevo y brillante, corrientes que demasiado a menudo derivan en el fanatismo, desde los bandos dentro de la ficción a la adopción y rechazo de cualquier nuevo avance, ya sea social, cultural o tecnológico.

Así es como aquí nos encontramos con que ambos bandos se han enquistado en sus posiciones, con los Druidas cometiendo atentados terroristas para destruir los centros de poder tecnológicos. Mientras que, en el otro lado del conflicto, nos encontramos con una tecnología que en algunos casos corre sin control, arrasando todo a su paso, destruyendo la naturaleza e incluso al ser humano. Pero, sobre ese trasfondo tan interesante, Frank J. Barbiere, Ricky Mammone y Víctor Santos han construido una historia que igualmente es un fiel reflejo de nuestra realidad y también tremendamente humana.

Justo en el centro de eso está Mara, hija de una líder Druida que siempre le ha inculcado que el camino de la magia es el único correcto, que la tecnología es algo impuro que corrompe a la humanidad y que debe desaparecer. Pero, al mismo tiempo, tiene las enseñanzas de Claude, quien la instruyó en mucho más que luchar, que le enseñó a no dejarse llevar por sus emociones, a mantener el equilibrio y a pensar por sí misma. Y, entre las enseñanzas de esas dos figuras, tan diferentes en muchos aspectos, pero tan idénticas en otros, como la propia Mara no tarda en darse cuenta, esta tendrá que encontrar su propio camino y decidir si lo correcto es el deber que siente hacia los suyos. Y, aunque no voy a negar que no resulta complicado tener claro qué decidirá Mara, lo interesante es cómo llega a esa decisión.

Pero que nadie se equivoque pensando que esto es un cómic puramente filosófico lleno de debates, se trata sobre todo de una historia de acción y aventuras bastante trepidante y emocionante, cuyas ciento y pico páginas se leen de un tirón. Algo que en buena medida se lo achacaría al excelente trabajo que hace aquí Víctor Santos, un dibujante con un estilo personalísimo, mezcla de influencias muy dispares, con algún descaradísimo homenaje a Frank Miller por aquí, caracterizado por un trazo muy estilizado, minimalista, fuertes contrastes entre las luces y las sombras y un uso del color poco corriente, pero muy interesante. Y, aunque por lo general esa estética se presta sobre todo al género negro y aledaños, no queda nada mal en esta mezcla de ciencia ficción y fantasía.

Santos aquí tiene que dar vida a un mundo en el que la coexistencia de la magia y la ciencia da pie a escenarios radicalmente diferentes, pero que al mismo tiempo tienen que ser coherentes entre sí y con la historia, desde esas grandes urbes supertecnológicas y futuristas a viejos templos, catacumbas o bosques místicos, algo que se extiende también al vestuario, herramientas o armas de los diferentes personajes. Y de todo ello sale airoso, consiguiendo que en ningún momento nada parezca fuera de lugar o salido de un cómic diferente.

Y mención aparte se merece el uso del color del que hace gala Santos aquí, un artista que se caracteriza por un uso del color poco convencional y un gran amor hacia el cómic en blanco y negro, y que consigue transmitir aquí sensaciones parecidas con el uso de diferentes bitonos, que cambian dependiendo de la época que quiere representar, con el añadido ocasional de algún tercer color para resaltar algún elemento o emoción. Un trabajo que dota al cómic de una estética muy personal y que transmite una cierta sensación de irrealidad que complementa a la perfección esta historia.

Sobra decir que recomiendo efusivamente la lectura de este cómic, disponible tanto en inglés por parte de Dark Horse como en español en su edición de Norma, tanto para amantes de estos géneros, de la mezcla de ambos o simplemente para quienes quieran disfrutar de algo diferente y emotivo. Y, de paso, recomendar también el resto de obras de sus autores, de quienes debería hablar más a menudo y que tienen unas bibliografías de lo más interesantes en las que merece la pena escarbar.

Seguro que en su día lo leíste, pero si tienes ratos libres y te apetece literatura fantástica palomitera la trilogía de «La espada oscura» trata estos temas de una manera graciosa.
Si es la trilogía que pienso, en España la llamaron «La espada de Joram», y los tres libros se titulaban «La forja», «La profecía» y «El triunfo». Existe un cuarto libro, pero es mejor hacer ver que no existe.
creo que leí uno… pero recuerdo más bien un dramón que una comedia.
De Victor Santos leí en su día parte de los Reyes Elfos, aunque llegado a cierto punto me parecía demasiado imitación de Frank Miller. Lo cual no es que sea malo, pero no me convence demasiado.
Cuando pienso en conflicto «ciencia contra fe» suelo recordar todas las películas de fantasmas que me hizo tragar mi (ex) novia y cómo en todas el escéptico racionalista suele quedar como un imbécil que muere pronto. Como yo soy más bien escéptico racionalista, no suele gustarme. es como si alguna gente creyera que si veo una peli en el que alguien que no cree en fantasmas lo mata un fantasma, empezaré a creer en fantasmas. O en el Espiritu Santo.
Además siempre que cuentan esa historia se intenta claramente una alegoría del mundo actual, con nuestro cataclismo ambiental inminente. Sería más curioso el otro punto de vista, creo. Y más original.