Isekai Samurai: Vaya ganas de morirse

Hoy voy a hablaros de un manga perteneciente a un subgénero del manga que no existe, me lo he inventado. Yo al género este lo bautizo ahora mismo como EL COPÓN, porque es precisamente lo que más me interesa del manga, su capacidad de hacerte historias alegres y optimistas, que te hacen recuperar la fé en la humanidad. Y sí, se que en el universo otaku hay nombres para cualquier género y que «comedia de aventuras» es una opción, pero es un feeling particular que solo lo he encontrado en mangas como Doctor Stone, One Piece o las primeras historias de Dragon Ball. Y encima me ha pasado con un manga del que no esperaba absolutamente nada, porque su título es de lo menos inspirador: Isekai Samurai.

No, ésto no es Rurouni Kenshin.

Partimos de la base que el Isekai es un género en si mismo dentro del manga, el de gente que acaba en otro mundo ya sea otra época o un universo paralelo (que suele ser un mundo de fantasia occidental, dicho sea de paso). Son historias de gente fuera de su elemento que en muchos casos suelen degenerar en que esa persona enseña las virtudes de su propio mundo al otro, sin aprender nada en el proceso. Hay mangas como Zipang en los que la cosa es mortalmente seria (en el caso de este manga cuenta como un destructor japonés de la actualidad acaba en la segunda guerra mundial preguntándose si su deber es defender el Japón Imperial o la democracia) o Isekai Ojisan, en el que se descojonan bastante del tema al mostrarnos a un tipo de mediana edad adicto a los videojuegos que en el mundo de los duendes y las hadas es confundido con un orco «porque los humanos de ese mundo son bellísimos» y él es solo un tipo normal. He puesto dos casos de isekais que me han hecho gracia, sí, porque paso de hablar de todos los lamentables que he intentado leer durante todos estos años. Básicamente suelen ser fantasías de poder mencionadas más arriba, con el chaval llegando al mundo en cuestión y convirtiéndose en el héroe de todas las historias mientras la gente de ese mundo flipa con lo poderosísimo que es. Y no me hagais hablar del subgénero en el que el mundo en cuestión ni siquiera es otra dimensión si no un videojuego, con protagonistas subiendo de nivel como si eso fuera un JRPG y consiguiendo habilidades. Me aburren bastante, y éso que soy un tipo que disfruta mucho con esos mismos juegos.

Genki empieza de forma muy chunga y hasta se plantea el suicidio por seppuku, pero luego…

Así que me temía lo peor de Isekai Samurai, pero afortunadamente es otra cosa, porque el manga de Keigo Saitō, publicado por Kadokawa en su página web desde febrero de 2023 y en la revista Isekai Comic, empieza amenazando con ser algo intensito de violencia y sangre y gente queriendo morir por honor… Para acabar siendo una historia de aventuras bastante resultona y la mar de bien dibujada, con una protagonista, Ginko Tsukitsuba, que es uno de los últimos samurais de Japón intentando encontrar una muerte honorable en combate que nunca le llega porque los tiempos han cambiado. Curiosamente, las primeras veces que leí sobre este cómic se lo describía como una obra violenta y oscura «más adulta que otros isekais», cosa que, una vez leído el primer tomo, ésto se me ha parecido más a Witch Hat Atelier que a yo que sé, el Ataque de los Titanes. ¿De verdad que esta gente se ha mirado más allá de las primeras páginas? Ginko puede partir de una realidad muy oscura, pero una vez se cambia de mundo se parece más a Son Goku que otra cosa, y el tebeo no deja de hacer una reflexión en su subtexto sobre lo alienada que está Ginko por su entorno original, creyendo que su objetivo en la vida es morir en combate y no vale nada más. Cuando miro otros mangas creados por Saito -ninguno publicado por estos lares, que le vamos a hacer- veo que ése es un tema que también ha explorado en Kizudarake no Piano Sonata,  en la que la protagonista descubre hasta que punto es tóxico el buscarse un objetivo en la vida -en su caso, ser la mejor en badminton- y creer que cualquier otra cosa es ser una fracasada.

Sí, es el mismo personaje torturado de arriba descubriendo que puede seguir con su espiral de muerte y destrucción.

Ginko descubre en ese otro mundo una familia alternativa y nuevos enemigos con los que encontrar una muerte en batalla, pero también más razones para vivir gracias a Miko y su mentora, la hermana Gibril, una elfa que ha decidido dejar su vida de aventurera para abrir un orfanato con una sola huérfana, la pobre Miko. Gibril no deja de desconfiar de Genki porque «huele a muerte», pero aun así la recibirá con los brazos abiertos en buena parte gracias a lo mucho que Miko la adora por haberla salvado. La samurai responde al estereotipo de personaje desmesuradamente fuerte que no deja de sorprender a los personajes por sus proezas tan desmesuradas que caen en lo cómico (ya digo, Son Goku) y su capacidad de hablar sobre desmembramientos y decapitaciones de la forma más casual pone nerviosos al resto de personajes, porque lo que realmente se está poniendo sobre la mesa es el contraste entre el shonen y el seinen, entre el cómic de aventuras «infantil» y el juvenil, ése en el que todos sangran y sufren mucho. El que Genki se convierta en un personaje cómico en cuanto cambia de mundo denuncia lo ridículos que son esos personajes tan torturados puestos bajo una óptica más pedestre, menos intensita. Y éso es algo que me alegra, porque tal vez, poco a poco, estemos abandonando la era intensita que nos ha bombardeado durante los últimos años, el fin del «edgelordismo»… Pero igual estoy esperando demasiado.

La visión que tienen los japoneses de las monjas es la mar de pintoresca, desde luego.
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