A estas alturas, cuando diga eso de que a mí no me suele atraer mucho el género de terror, no me va a creer nadie, porque hoy me toca adentrarme de nuevo en dicho género con la tercera y tardía temporada de The Terror. La antología de la AMC ha regresado tras unos cuantos años de parón y, de nuevo, nos plantea un enfoque diferente a lo que nos ofrecía antes, cambiando el desolado desierto de hielo del Ártico y el racismo de los Estados Unidos de los años 40 por un escenario muy familiar dentro de este género: un hospital psiquiátrico. Así que toca volver a pegarse a la televisión, con las luces encendidas por si acaso, que las sombras son muy traicioneras, para ver qué nos podemos encontrar en Devil in Silver.

Tras un desafortunado y violento encuentro con el exmarido de su novia y unos oficiales de policía, “Pepper” es llevado por estos, a modo de venganza, a un hospital psiquiátrico, New Hyde, para ser ingresado durante unos días y recibir una evaluación. Pero, al mismo tiempo que los días pasan y se convierten en semanas, y la salida de allí parece cada vez más lejana, Pepper se da cuenta de que hay algo que no está bien en aquel lugar. El resto de pacientes llevan, en algunos casos, décadas allí, todos han perdido la esperanza de salir algún día, y una misteriosa presencia que parece emanar de una puerta plateada, siempre cerrada, que parece impregnarlo todo de desesperación…

Probablemente debería decir que hay cierto tipo de terror que no me gusta, el que se limita a ser casquería por casquería, sin el humor negro de genios como Sam Raimi, o el que se basa en encadenar un susto detrás de otro. Pero The Terror: Devil in Silver va en otra dirección, un terror más psicológico, donde apenas nos muestran nada (de momento). El miedo surge de lo que los personajes nos cuentan o creen sentir, y resulta muchísimo más inquietante ver cómo estos van perdiendo la esperanza que encontrarnos con un monstruo y litros de sangre falsa. Y en esos aspectos, de momento, la serie está sobresaliendo. Una serie que curiosamente se trata de la adaptación de una novela, del mismo titulo, que ha sido llevada a televisión por su propio autor, Victor LaValle, en lo que probablemente sea la mejor forma de asegurarse de que no se traiciona lo que quería contar originalmente.

Pero, pese a ello, aquí no se trata de jugar con la noción de si lo que parece estar sucediendo en New Hyde es real o no, ya que desde el principio nos dejan clarísimo que hay algo sobrenatural y maligno en ese lugar y que ha convertido el hospital en una especie de prisión donde la única salida parece ser la muerte. Con lo que sí juegan, y mucho, es con lo que sabe realmente el personal del hospital, o al menos sospechan, si son cómplices de lo que sucede allí o un tipo diferente de víctimas, también atrapados de alguna manera. Un aspecto que la serie está manejando muy bien, consiguiendo que las simpatías por unos personajes y otros vayan cambiando.

Y, si hablamos de simpatías, hay otro aspecto que me ha gustado sobre el papel de Dan Stevens como Pepper, quien aquí vuelve a estar internado en una institución mental, como en Legion, pero terminando ahí las similitudes. Pepper, pese a que no podemos decir que sea un mal tipo del todo, es alguien diseñado para caer mal, y aunque tiene momentos de generosidad donde se aprecia que no es ningún monstruo, cuanto más conocemos de él más claro nos queda que sí que es bastante gilipollas, a falta de una palabra mejor. Un aspecto que a ratos parece planteado para que sintamos que, hasta cierto punto, se merece lo que le está pasando, que sus esfuerzos para escapar de allí deberían fracasar porque ese es su sitio, algo que, dentro de lo que conozco del género, no es lo más habitual, y que me hace pensar que quizás quienes están allí atrapados lo hayan sido por algún motivo concreto.

Un lugar, New Hyde, que en sí mismo es casi otro personaje. Se trata de un hospital que parece que se va a caer en pedazos en cualquier momento y que no ha pasado por una renovación desde los años setenta. Y esa apariencia de estar desubicado en el tiempo, de haber salido de otra época, juega muy a favor del desasosiego que provoca la serie, porque esa apariencia, al mismo tiempo familiar y extraña, y el contraste con todos los elementos modernos que aparecen en la serie, provocan cierta inquietud, como si ese lugar no debiese existir. Aunque, claro, esa apariencia retro también es un guiño descaradísimo a Alguien voló sobre el nido del cuco, un homenaje que no se molestan en disimular (pese a que la serie va en una dirección muy diferente), llegando los personajes a leer la novela en la que se basa la película durante su club de lectura.

Y, claro, una serie como esta, en la que durante gran parte del tiempo solo tenemos en pantalla a personajes hablando, algunos de ellos en un estado mental algo perjudicado, necesita no solo de un buen guion detrás para hacerla interesante, sino también de un casting potente que consiga sumergirnos en la serie, y esta lo consigue. Dan Stevens, quien ha demostrado de sobras que puede con todo, borda su interpretación en su papel de tipo al que seguramente no querríamos tener de amigo, moviéndose sobre la fina línea entre la antipatía y la simpatía.

También me he alegrado de ver otras viejas caras conocidas como las de CCH Pounder, Aasif Mandvi y Stephen Root como parte del personal del hospital, unos más cómplices que otros de lo que está sucediendo allí y que resulta todo un placer ver cómo se desenvuelven en ese lugar maligno. Pero la mayor sorpresa ha sido encontrarme aquí con Judith Light, una actriz a la que hacía muchísimo tiempo que no veía en nada, yo diría que desde los tiempos de “Quién es el jefe”, y que interpreta aquí a Dorry, la paciente que lleva más tiempo ingresada en New Hyde y que parece saber más de lo que sucede allí que el resto, aunque le aterra compartir ese conocimiento.

Con todo esto, yo me he quedado más que encantado con este regreso de The Terror, que ha vuelto en plena forma y con el tipo de terror, valga la redundancia, que más me gusta, el que nos da miedo por lo que no nos enseñan. Así que, tanto para los fans del género como para quienes, como yo mismo, seamos más reticentes, estamos ante una serie que ha comenzado con muy buen pie y de la que espero que mantenga el mismo nivel que hasta ahora, ya que de momento me tiene enganchadísimo.
