Ayer mismo finalizó la segunda temporada de Daredevil: Born Again, una que por fin ha dejado atrás los cambios de equipos creativos y los parches entre versiones diferentes de lo que debía ser la serie para ofrecernos por fin una visión cohesionada. Y aunque no ha sido perfecta, y hay algunas decisiones narrativas que no me han convencido nada, en términos generales he disfrutado muchísimo con esta nueva entrega del personaje y me he quedado con muchísimas ganas de saber qué sucederá a continuación, y eso es lo mejor que le puedo pedir a una serie. Así que con el aviso de que esto inevitablemente va a contener SPOILERS, vamos a volver a esta Nueva York que no estaba pasando por su mejor momento.

Sé que no soy el único que esperaba con muchísima curiosidad esta segunda temporada para poder comprobar por fin sin lugar a dudas de lo que era capaz el nuevo equipo creativo detrás de la serie, formado por el showrunner Dario Scardapane y Justin Benson and Aaron Moorhead como los principales directores, ya que en la primera temporada habíamos visto su trabajo solo en algunos episodios y parcheando el resto rodado por el equipo anterior. Una diferencia que se ha notado y de qué manera, ya que por fin esto ha dejado de ser una serie de abogados para ser una de superhéroes. Y que nadie me entienda mal, no soy de los que quiere que los superhéroes lo sean a todas horas y no tengan vida fuera del traje, debe haber un equilibrio, pero ese equilibrio debería ir inclinado hacia la faceta superheroica, que si no seria mejor ver la nueva serie de Matlock.

Y aunque es cierto que por las circunstancias de la trama en curso había poco espacio para que Daredevil pudiese llevar una vida “civil”, y por culpa o gracias a ello hemos tenido una serie de superhéroes en la que su protagonista es un superhéroe que actúa como tal la mayor parte del tiempo, también ha habido espacio para que quienes querían una serie de abogados (que por lo que sea existen y viven entre nosotros) hayan tenido su dosis de juicios con Matt en un tribunal haciendo lo que mejor sabe hacer, derrotar criminales. Y en ese aspecto al menos yo estoy más que satisfecho con cómo los responsables de la serie le han dado a cada faceta del personaje el tiempo que necesitaba.

También me ha encantado el retrato que han hecho de esa Nueva York que en aras de la seguridad y el bienestar de sus ciudadanos ha sido engullida por el fascismo en todas sus facetas, poco a poco al principio y de forma descaradísima hacia el final. Un retrato aterrador por lo terriblemente similar que resulta a lo que estamos viendo en las noticias prácticamente a diario, en especial en Estados Unidos, con esa AVTF que era ICE en todo menos el nombre, repleta de monstruos encantados de poder abusar de su poder con impunidad y sin miedo a las consecuencias, con inocentes sufriendo indefensos esos abusos y la justicia convertida en una farsa. Un retrato bastante duro y nada disimulado de la actualidad que me sorprende algo que haya salido tal cual en una serie de Marvel.

Una situación que ha permitido mostrarnos una faceta bastante interesante de la vida del superhéroe, la de vivir por completo al margen de la ley, con Daredevil y sus aliados pasando a la clandestinidad y luchando prácticamente una guerra de guerrillas contra las fuerzas al mando de Fisk, tratando al mismo tiempo de no ponerse a su nivel y buscando la forma de derrotarle limpiamente. Este aspecto ha servido para poner en primer plano ese eterno debate en el mundo de los superhéroes sobre si no sería más fácil el matar a sus enemigos, ya que como más de un personaje manifiesta aquí, matar a Kingpin y a quienes le rodean hubiera sido la salida fácil y rápida.

Un debate que aquí ha tenido por un lado a Daredevil, confiando aún en el sistema pese a cómo lo ha corrompido Kingpin, buscando pruebas para poder vencerle con la ley en la mano, y personajes como Karen (qué gran acierto fue recuperar a Deborah Ann Woll) cada vez más convencida de que igual el Castigador tenía razón. La serie ha sabido reflejar bastante bien ambas posturas, pese a inclinarse porque DD tenía razón, ya que aunque igual en el mundo real preferiríamos otra solución de vivir lo que están viviendo aquí, si actuasen así ya no serían superhéroes.

Y en el lado de los villanos tenemos a un Wilson Fisk más humano que nunca, y al mismo tiempo más monstruoso. En la primera temporada ya le habíamos visto con su poder como alcalde consolidado, con una imagen pública superficialmente impecable, aunque algo incómodo por no poder recurrir siempre a sus métodos mafiosos. Pero aquí con la escalada en su guerra contra Daredevil y sus aliados hemos podido ver cómo ese control sobre la ciudad, y el autocontrol sobre sí mismo, se le iba escapando cada vez más, provocando que fuese cada vez más autoritario, más cruel, encerrando a cualquiera que se le opusiese mínimamente y pervirtiendo el sistema judicial sin pararse a pensar que con eso solo conseguía ponerse a más gente en su contra.

Algo que solo ha conseguido recordarle de la peor manera posible que es un pez gordo en una pecera pequeña, y que pese a todo el poder que acumula como alcalde y como mafioso, cuando tiene en contra al gobierno federal, la fiscalía general, gobernadora, etc., no es tan intocable. Y siendo Kingpin como es, en lugar de aceptarlo ha emprendido una huida hacia delante cada vez más desquiciada, dejando que su faceta mafiosa tome el mando y cometiendo un error tras otro tratando de tapar sus huellas y quitarse de encima a sus enemigos, llegando incluso a traicionar a sus socios en los negocios sucios que tenía con la peor cara del gobierno estadounidense y perdiendo con ello la impunidad que tenía. Y en todo momento ha sido un placer ver cómo Vincent D’Onofrio transmitía esa rabia en ebullición constante y apenas contenida, que contrastaba con los pequeños momentos de humanidad reservados prácticamente solo para Vanessa, mientras le han durado.

En cuanto a la acción tampoco tengo queja alguna, ya que hemos tenido de sobra y donde especialmente he disfrutado al comprobar cómo cada vez más el parkour de las temporadas originales de Netflix iba quedando atrás para tener por fin un Daredevil que se mueve como Daredevil (aunque aún no han superado cómo se movía en la serie de Hulka). Uno que por fin utiliza sus bastones como en el cómic, recuperándolos al rebotar estos de forma imposible y utilizarlos de forma muy creativa en los combates. Que ya me tenía muy quemado el que por un malentendido “realismo” estos acabasen en el suelo demasiado a menudo y DD tuviese que recogerlos.

Una bienvenida falta de realismo que se aplica en mayor medida si cabe a ese Bullseye desatado (qué gran casting ha sido Wilson Bethel), quien no ha parado de utilizar todo lo que había al alcance de su mano como arma consiguiendo que cada objeto en sus manos desafíe todas las leyes de la física y la lógica en favor del espectáculo comiquero. Y aunque ya cuando debuto en la serie de Netflix hacia ese tipo de cosas, aquí ya es puro comic. Pero lo mejor ha sido como pese a que en algunos momentos yo temía que quisiesen convertirlo en un antihéroe, por esa obsesión enfermiza por ganarse el perdón de Daredevil, en todo momento nos han dejado clarísimo que es alguien de difícil o imposible redención y que disfruta demasiado matando de formas creativas.

Y si hablo de lo que me ha encantado de esta segunda temporada necesito mencionar el esperadísimo regreso de Krysten Ritter como Jessica Jones, un personaje al que echaba muchísimo de menos y que aunque aquí no ha salido tanto como me gustaría, sí que ha tenido un papel muy relevante y no un simple cameo como me temía. Como no podía ser de otra forma esta ha vuelto a ser una aliada de DD, primero como investigadora, facilitándoles información a este y su equipo, y más tarde de una forma muchísimo más directa cuando han atacado a su familia.

Algo que aquí nos ha dejado con la sorpresa de que en estos años en los que no la habíamos visto Jessica se ha convertido en madre, y que como en el cómic su hija es Danielle Cage (y por supuesto Luke ha tenido su pequeño cameo para que no quede duda de que siguen juntos). Una nueva faceta del personaje, al menos para quienes solo la conocen por la televisión, y que espero que se desarrolle en mayor profundidad en esa nueva temporada de su serie que se rumorea que va a tener, una que espero que se desarrolle en parte en el pasado para poder ver cómo ella y Luke retomaron su relación y si su hija aquí también se llama así en honor a Danny Rand.

Y como esto ya me ha quedado más largo de lo normal, será mejor dejar para mañana todo lo que no me ha gustado, o al menos lo que no me ha llegado a convencer, de esta segunda temporada de Daredevil: Born Again, que pese a haber sido una amplia y evidente mejora con respecto a la anterior ha tenido algunos elementos que yo al menos hubiese preferido que se desarrollasen de otra forma.
