La temporada de anime ha comenzado con fuerza con unos cuantos estrenos bastante atractivos, pero sin duda por ahora el que más me ha impactado es Nippon Sangoku: Las tres naciones del sol carmesí. Se trata de un drama post-apocalíptico que se salta todos los convencionalismos del género para ofrecernos una historia que nos muestra un futuro cercano, y a ratos familiar, desde una perspectiva muy interesante. Un enfoque al que se le une un apartado visual que también se sale de lo corriente y que hacen de esta serie una de las que más rápido me ha enganchado en tiempos recientes. Así que vamos a conocer con mayor detalle esta conflictiva tierra que en el pasado se conoció como Japón…

En un pasado no demasiado lejano una guerra nuclear mundial arrasó con buena parte del mundo, colapsando la civilización moderna. Y aunque Japón escapó a los efectos directos de esa guerra, las oleadas de refugiados que buscaron asilo allí acabaron provocando una oleada de epidemias y hambrunas, lo que sumado a los desastres naturales y a una una clase política incapaz de controlar la situación y que exprimia a los ciudadanos, acabó desembocando en una revolución. Y con la población reducida a una décima parte, un completo aislamiento del mundo exterior y la incapacidad de mantener en marcha infraestructuras e industria, Japón se dividió en tres naciones enfrentadas y retrocedió a un nivel tecnológico y social similar a la era Meiji. Pero cien años tras el comienzo de ese cúmulo de catástrofes, Aoteru Misumi, un joven marcado por la tragedia ha decidido que las cosas no pueden seguir así, y se ha autoimpuesto la tarea de reunificar Japón y hacer de este un lugar donde todo el mundo pueda vivir en paz.

Nippon Sangoku está basado en un manga escrito y dibujado por Ikka Matsuki, cuya publicación comenzó en 2021 en la revista digital Ura Sunday Comics de Shogakukan, y de la que hasta la fecha han salido en Japón siete tomos recopilatorios y que de momento solo se ha editado fuera de allí en Francia e Italia, pero espero que no tarde mucho en llegarnos por aquí. Y pese a lo densa que es esta sinopsis, toda esa información nos la sueltan en el prólogo del primer episodio en apenas un minuto, ya que lo interesante no es mostrarnos la caída en desgracia del país, sino los lentos y tortuosos pasos hacia su reconstrucción. Y eso es algo que se agradece bastante, porque lo primero es algo que ya está muy visto. Pero es que eso precisamente es para mí la mayor fortaleza de esta historia, que pese a llevarnos a otro futuro post-apocalíptico, nos aleja de los lugares comunes de este tipo de historias.

Porque aquí toda esa tragedia es historia antigua y los habitantes de Yamato, Takeo y Seii, las tres naciones de lo que antiguamente fue Japón, no han conocido otra forma de vida que esta. Pero pese a ello aquí no se juega con lo que sucede en muchas otras historias de este subgénero, donde el pasado es algo de lo que apenas se sabe nada y solo sobreviven mitos y leyendas. Ya en el primer episodio nos encontramos con una enorme biblioteca, en la que prácticamente ha vivido nuestro protagonista, en la que han sobrevivido innumerables libros y revistas del pasado, por lo que cualquiera que tenga interés puede saber al detalle cómo eran las cosas antes, pese a que parece que la mayoría no tiene interés alguno (y no me cabe duda de que a quienes mandan les interesa que exista el menor interés posible).

Y en esta sociedad que tanto ha retrocedido en todos los sentidos, aunque hasta ahora en el anime solo hemos conocido con algo de detalle a Yamato, nos encontramos con una nación controlada por algo a medio camino entre las antiguas clases feudales, con su Emperador y samuráis, combinado con elementos que recuerdan mucho a la mafia. Y allí las clases bajas viven solo para mantener en marcha la maquinaria bélica que impulsada por la ambición de sus gobernantes solo busca conquistar a sus vecinos, sin importarles cuánto tengan que exprimir a sus súbditos. Y ahí es donde conocemos a Aoteru Misumi, un ratón de biblioteca que solo ambiciona trabajar en el departamento de agricultura para tratar de que a nadie le falte el alimento, al menos hasta que la vida hace otros planes para él.

Y si el planteamiento de este mundo post-apocalíptico se sale de los tópicos de siempre, lo mismo sucede con su protagonista. Misumi no es un guerrero ni ambiciona ser líder del país, es alguien que se ha pasado su vida entre libros, para quien aprender cosas nuevas es toda una pasión y cuyas únicas armas son un amplio conocimiento de multitud de temas, una aguda mente analítica y una verborrea digna del mejor abogado. Otro elemento que se agradece bastante, porque yo al menos he acabado muy cansado de historias donde el héroe siempre tiene que ser más fuerte que nadie e ir aumentando su poder cada vez más, por lo que encontrar series como esta o Dr. Stone, donde la inteligencia es el mayor poder que existe, son de lo más bienvenidas.

Pero el otro aspecto que más me ha llamado la atención, y que ya comentaba al comienzo, es su apartado visual. La serie como suele ser habitual en estas adaptaciones refleja de la forma más fiel posible el estilo gráfico de Ikka Matsuki, pero aquí Studio Kafka, los responsables de la adaptación, han optado por un enfoque bastante original. Los personajes en ocasiones parecen simplemente abocetados, sin esa definición perfecta que encontramos en otros animes, y aunque en esta serie recurren mucho a esos trucos de la animación para ahorrar como el de personajes hablando fuera de cámara, planos estáticos, etc., también nos encontramos unos recursos visuales poco habituales en la animación más generalista. Algo que ha provocado que en muchos momentos a lo largo de los dos episodios que se han emitido hasta ahora me haya sentido como cuando veo esas antologías animadas en las que se permiten experimentar a la hora de narrar.

Por todo ello no puedo recomendar lo suficiente este Nippon Sangoku, serie que espero que mantenga el altísimo nivel de este comienzo tan prometedor que ha tenido. Porque tanto por su planteamiento sobre unos temas ya más que trillados y su experimentación a la hora de animarla, hacen que se trate de uno de los animes más interesantes que he visto en bastante tiempo. Uno que espero que tenga el éxito suficiente como para que alguna editorial se anime a traernos el manga, porque la historia lo merece.

Los japoneses,como casi siempre,soñando con volver a ser un IMPERIO unido…
Sí, sin ánimo de generalizar (que producen mucho y lógicamente entonces hay de todo, para bien y para mal) a menudo su ciencia ficción (cuando no va de imperios galácticos a lo Space Ópera o de Serie B postapocalíptica «simple» a lo Mad Max) ha ido de eso, de nostalgias imperialistas (volver a convertirse en una potencia mundial, aunque sea construyendo de nuevo a partir de las cenizas de los civilización).
Es una sociedad que tiene un punto de sentimiento de Destino Manifiesto muy evidente.
Entre que son racistas con los paises de su entorno. Tienen un componente mitológico/religioso de pueblo escogido.
El trono del Crisantemo es imperial y hasta hace nada descendiente divino. Y más… pues…
Se nota mucho en buena parte del manga que producen.
Pues a riesgo de soltar spoilers, aquí el emperador (si no hay dos mas en las otras naciones) no es mas que un títere al que los verdaderos lideres mangonean para legitimarse el poder, así que por ese lado tampoco le veo al autor mucho afán imperialista.
A riesgo de repetirme, por ahora los imperialistas no son los buenos de es esta historia.
Pues precisamente en esta serie, al menos de momento, los que sueñan con ser un imperio unido son los malos de la historia, el protagonista lo único que busca es cambiar la sociedad para que nadie sufra ni pase hambre, así que muy imperialista no parece.
Lo interesante de esto es la reconstrucción del Estado.
Como de necesario es, construir un Estado que cumpla sus funciones, cuando sientes en tú carne la realidad de que no existe.
Porque vaya si se necesita. Seguridad, servicios mínimos de salud, normativa de tráfico básico, servicio de gestión de los recursos… lo que sea.
Todos las historias postapocalípticas son en el fondo una reivindicación de la labor del Estado.
Y de como la gente lucha por recrearlo, aunque sea de forma casi burlesca.
Me quedó clarísimo con Mad Max 2; y sobre todo con los cómics de Conan; que básicamente consisten en Conan de joven viendo como es vivir en un mundo sin Estado, y luego de mayor construyendo un proyecto de Estado moderno que es Aquilonia.
Luego hay quien se afirma libertario y bla bla bla. ¡A vivir en la Era Hiboria te mandaba yo!
Recomiendo Un libertario se encuentra con un oso, de Matthew Hongoltz.
Gente que quiere creerse Conan, cuando no son más que unos petimetres.
Aquí parece que van en esa linea, porque los gobernantes de la nacían que hemos conocido hasta ahora se han volcado mas en consolidar su poder y amasar tropas (hacia quienes se dedican los recursos del pueblo) para poder conquistar a sus dos rivales.
Y mientras tanto parece abandonado por completo cualquier intento de reconstruir lo que se ha perdido, que aunque se haya perdido a tanta población los conocimientos para hacer una nueva revolucion industrial estan ahi, en las bibliotecas, en las fabricas que siguen en pie, etc. Pero por lo visto hasta ahora estoy convencido de que acabara siendo un elemento de la historia el que eso es algo intencionado para asi poder controlar mejor a la gente.