Ayer comentábamos más o menos la parte de la llegada de Quesada que conocíamos con anterioridad, sí, pero lo importante llega con la reciente y cándida confesión de Quesada en su lista de correo personal; a él no le pilló de sorpresa el despido de Bob Harras el 29 de Agosto de 2000. En aquel momento, Quesada había empezado a escribir Iron Man unos meses antes, había hecho gestos de acercamiento con el Bullpen y hasta salía de vez en cuando con ellos, daba la impresión de que Event iba a ser absorbida por Marvel más pronto que tarde y que las aguas volverían a su cauce, que JoeQ iba a ser uno más de ellos. Solo era cuestión de tiempo.

Pero las altas esferas de Marvel, los señores con corbata, tenían mucha prisa y dar un oligofrénico golpe sobre la mesa para ya, y en este caso iba a ser echar a Harras y poner a Quesada en su lugar. Y lo que dice Quesada ahora es que lo supo de antes, que de hecho tardó en aceptar el puesto y lo hizo varios días antes de que Quesada supiera nada. Que guardó el secreto durante varios días -dice que se sentía fatal- pero que aquel era el protocolo corporativo. El protocolo corporativo que había establecido gente que hasta hacía unos meses no habían trabajado en una empresa de más de cincuenta años de cultura empresarial, pero ellos eran los dueños y ponían su protocolo.

Quesada dice que, históricamente, en Marvel el editor jefe siempre se había elegido entre los editores de la editorial (valga la redundancia) con lo que cuando Harras fue despedido, se dió por hecho que el cargo sería ofrecido a uno de ellos. Pero no había nadie que destacara, que pareciera un candidato ideal de Jemas para el cargo… Eso sí, siempre según Quesada. No nos engañemos, en el bullpen tontos no eran y la animosidad seguía ahí. En la tarde de aquel 29 de agosto en el que fue despedido, Harras y el resto del personal de Marvel se reunió en un bar cercano para despedirse, y Quesada estaba ahí. Tal vez no fuera el mejor sitio en el que estar, pero estaba ahí. Era uno de los chavales, ¿no? Por supuesto, llegado cierto punto en una versión marveliana de la última cena, Bob Harras preguntó quién de ellos era el elegido. Quién le iba a traicionar. Sólo que en vez de que cada uno saltara con lo de «¿acaso soy yo?» Harras los fue señalando uno a uno hasta que sólo quedaba Quesada, un poco alejado del resto. Quesada ni siquiera contestó, al fin y al cabo había prometido a sus amos corporativos no soltar prenda. «-Oh Dios mío, ¡eres TÚ!» -dijo Harras. Quesada admite que fue un momento incómodo, porque «Bob era un buen tipo con muchos apoyos entre el personal; no podía mentir y decir que no era su sustituto, así que me fui».

Vaya por delante que con las cosas de comer no se juega, pero… ¿Qué puñetero problema tenías con ser honesto con él? Con contárselo. A partir del momento en el que había saltado la liebre ya habían deducido quién era el sustituto, ¿tanto te cuesta tener los redaños de decirle «sí, soy yo, iban a ir a por ti igual y a poner a alguien que realmente fuera de fuera» o algo parecido? Honestamente, he visto situaciones laborales parecidas y no, ésa no es la mejor forma de quedar con tus nuevos subordinados. De hecho, cuando te largas de esa forma, la imagen que das es la de alguien a quien le importan más los de arriba que los de abajo, y ésa es la peor idea que puede tener un subordinado tuyo. Peor Quesada parece no ser consciente de ello ni siquiera hoy en día, él «cumplió su palabra» y punto. Dice que, una vez se asentó como nuevo EiC, decidió hacer una entrevista personal con cada miembro del bullpen para «transmitir la nueva cultura empresa, reglas de compromiso, una oportunidad de tomar la temperatura de cada uno». Quesada dice solo recordar una de esas entrevistas, una de un joven editor reclutado por Harras. Se sentó tranquilamente y, antes de que Quesada pudiera decir nada, levantó la mano y le pidió permiso para hablar libremente. Se lo dió.

«No te mereces estar sentado en esa silla. Nunca has sido parte esta compañía. No sabes como funcionan las cosas aquí ni tienes la experiencia editorial para este trabajo. No te lo has ganado.» Quesada no supo que decir, dice que por un lado admiraba su valentía y, por el otro, consideraba que ésa no era la mejor estrategia para alguien que quería mantener su trabajo. Se defiende ahora diciendo que en aquel momento tenía diez años como profesional y cinco como editor en Event y Marvel Knights, pero éso lo único que demuestra es que no entendía lo que le estaba diciendo aquel joven editor (no voy a jugar a adivinar quien era, paso). Soy el primero que no le tiene mucha simpatía a Bob Harras y no comparto en lo más mínimo muchas de sus decisiones, pero entiendo perfectamente a aquel chaval, y admito que hasta me cabrea la miopía de Quesada, que dice que todo eso daba igual porque «él estaba enfadado porque Bob se había ido y su trabajo lo tenía alguien de fuera». Que le dejó «ventilar» y terminaron la reunión. Meses después dice que «quedó claro que alguna gente no estaba pasando el corte. Odiaba esa parte del trabajo. Nunca había despedido a alguien. Genuinamente pensaba que nunca podría hacerlo». Llegados a este punto podría decir que Quesada estaba perdiendo su humanidad -lo estaba haciendo- y echarle la culpa a Mefisto, que lo vais a ver en cero coma, pero entiendo perfectamente que, en algunas ocasiones, uno tiene que despedir a alguien para no irse todos al cuerno. Sin embargo, sabemos que lo que se dió en Marvel en 2001 fue una masacre en toda regla. Que aquello no fueron despidos selectivos, fue un reemplazo en toda regla, y que fueron los pocos los que sobrevivieron. Muchos de los despedidos, por cierto, fueron recuperados por Harras cuando se puso a trabajar en DC. Puedo detestar New 52, pero es de admirar la lealtad de Harras para con los suyos. Pero vayamos con Mefisto…

Estaba Quesada desconsoladísimo por tener que despedir a la gente hasta tal punto que Mefisto se sentó a su lado y le dijo que no tenía que vender a su hija ni su matrimonio para que la Tía May viviera, que bastaba con despedir gente. Que a veces despedir a alguien era hacer «lo misericordioso. Si alguien no es adecuado para el futuro de la compañía, no están avanzando. Están en el purgatorio. Dejarlos ir les da la oportunidad de encontrar un lugar en el que puedan prosperar.» A lo que añade Quesada acto seguido «La primera persona que despedí fue a aquel joven editor. Me sentí como si fuera basura.»
Mirad, no voy a discutirlo. Otro día seguimos.

Otra gran frase de los grandes magnates ( y lamentablemente de la gran mayoria de la sociedad y asi nos va).
«Quiero que me digas siempre la verdad, siempre y cuando esa verdad sea la que yo quiero oir»