Jude Ellison S. Doyle y Fran Galán y el terror de Clayface: Celebrity Dirt

Con el estreno de la película de Clayface a la vuelta de la esquina, dentro de tres meses de nada, en DC Comics han querido aprovechar la ocasión para dedicarle a este peculiar villano una miniserie. Un cómic en el que Jude Ellison S. Doyle y Fran Galán juegan con los aspectos más interesantes de las diferentes encarnaciones de este personaje para presentarnos una historia sobre la identidad, el ego y el mundo del espectáculo, pasado por el filtro del terror y que no ha comenzado nada mal.

Esto ha sido una sorpresa muy agradable

Clayface vuelve a estar encerrado en Arkham, un lugar al que está convencido de no pertenecer, ya que, por un lado, él es Basil Karlo, una estrella del cine, y, por otro, se encuentra reformado. Pero en Arkham no están nada de acuerdo e insisten en que él es en realidad Todd Russell, un exmilitar al que utilizaron como conejillo de indias en un experimento que le dio los poderes de Clayface, convirtiéndole en el octavo en asumir esa identidad. Pero Karlo no está dispuesto a aceptarlo y una vez más escapa de su encierro… Para encontrarse en el exterior con que Basil Karlo se ha redimido, ya no es un villano buscado por la justicia y ha retomado su carrera como actor, siendo más exitoso de lo que lo fue nunca. ¿Pero quién es el auténtico Basil Karlo y quién está dejando tras de sí un rastro de cadáveres derretidos?

O quizás no lo sea

Clayface es un personaje con una historia un tanto complicada, no tanto como Donna Troy o Hawkman, pero está cerca. Múltiples personajes adoptando el nombre, unos copiando los poderes de otros, reseteos varios en el Universo DC que han entremezclado varias versiones del personaje… Nada especialmente raro en DC. Por eso, uno de los aspectos que más me ha interesado de este primer número de Clayface: Celebrity Dirt es que Jude Ellison S. Doyle y Fran Galán no parece que hayan querido pasar por encima de todo ello, sino que, por el contrario, da la impresión de que lo que han buscado es aprovechar todo ese enrevesado trasfondo para crear su historia, y, si a veces los lectores no tenemos del todo claro quién es Clayface, pues ahora ni él mismo parece saberlo.

Hay que reconocer que Karlo era mucho mas interesante que Haggen

Desde las primeras páginas ya nos plantean esas dudas, con el psiquiatra de Arkham asegurando que, a efectos físicos, todos los Clayfaces son el mismo, siendo imposible determinar cuál es cuál a través del ADN, lo que, sumado a las capacidades metamórficas de la mayoría de ellos y a que no suelen ser especialmente cuerdos, hace que todo sean dudas sobre quién es exactamente esta persona a quien estamos siguiendo en este cómic. Por lo que las dudas que empieza a tener este «Basil Karlo» sobre sí mismo acabamos compartiéndolas en el público, y con este primer número entre manos cualquiera de las opciones sobre la mesa, que este Basil sea en realidad Todd y que el Basil Karlo adorado por las masas sea efectivamente Karlo, que Todd haya asumido la identidad de Karlo para vivir la vida de una estrella dejando que el auténtico Basil ocupase su lugar en Arkham o que haya un tercer (o más) Clayface enredándolo todo, son posibles.

¿Ocho Clayfaces? No me salen las cuentas…

Una confusión de identidades extremadamente apropiada tratándose de alguien como Basil Karlo, quien se hizo famoso siendo un actor, asumiendo sobre el escenario o ante las cámaras múltiples identidades, cambiando de papel con la misma facilidad con la que cambiaba de vestuario, y que, por lo visto en este primer número, esa faceta del personaje, sea cual sea, va a tener bastante peso en la historia. Que, por algo, en el cómic los diferentes equipos creativos que han trabajado con Clayface desde los tiempos del genial Mudpack de Alan Grant y Norm Breyfogle siempre han gravitado en torno al mundo de Karlo, el del espectáculo, el adoptar diferentes papeles, no ser nunca del todo uno mismo, además de con los paralelismos con el Fantasma de la Ópera. Que no hay más que ver cómo en la película que se estrenará este octubre, a pesar de que su protagonista es Matt Hagen, Clayface II, a este le han dado la carrera como actor de Basil Karlo, porque es un trasfondo que encaja a la perfección con un personaje de estas características.

Aunque no es la primera vez que trata de redimirse

Y como decía al comienzo, el terror impregna toda la historia desde el primer momento. El asesinato que abre el cómic, la fuga de Clayface de Arkham o la forma en la que este se desplaza por Gotham son puro horror corporal digno de La cosa de Carpenter. Y también, cómo no, nos encontramos con el terror psicológico, con ese juego de identidades dudosas, con el propio Clayface, que ya no está tan seguro de ser quien cree ser. Y en ese aspecto del terror hay un pequeño detalle que me hace pensar que Doyle y Galán realmente han creado una historia más enrevesada de lo que parece en la superficie y que mi Clayface favorito quizás esté también por aquí.

Y no es la escena mas malrollera de este primer numero

Pero, sin duda, lo que más me ha llamado la atención aquí ha sido el espectacular trabajo de Fran Galán, un dibujante al que descubrí no hace mucho con su trabajo en Undead Iron Fist, pero que aquí está a un nivel completamente diferente. Este destaca, y de qué manera, por su forma de plasmar sobre las páginas todas las facetas del terror, no solo por su habilidad para dar vida a una criatura tan fluida y terrorífica como Clayface, sino también por su capacidad para crear atmósferas opresivas y claustrofóbicas incluso en los momentos menos tensos de la historia, y por cómo consigue transmitir con sus personajes una enorme naturalidad. Un trabajo enorme que se ve realzado por los colores de Patricio Delpeche, que demuestra aquí un dominio a la hora de jugar con las «luces», que consigue sumergirnos de lleno en estos escenarios tan auténticos.

Si han querido impresionarnos lo han conseguido

No voy a negar que me ha sorprendido muchísimo, y para bien, que lo que yo esperaba que no fuese más que una miniserie sacacuartos para aprovechar el hipotético tirón de la película haya terminado siendo un cómic tan bueno a todos los niveles. Pero hay que agradecerle a Jude Ellison S. Doyle y a Fran Galán que se hayan tomado tan en serio este proyecto, que, a juzgar por su primer número, y si mantienen el nivel hasta el final, puede acabar siendo una de las sorpresas del año.

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2 Comments
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Jesús Manuel Martínez Otero
Jesús Manuel Martínez Otero
1 hora han pasado desde que se escribió esto

A ver cómo se desarrolla esto. A priori no pinta mal.

Roger
Roger
1 hora han pasado desde que se escribió esto

Lo que se menciona de que Calyface no es Basil karlo no es tal sino un exmilitar llamado Todd Russell es una referencia a la Catwoman de Greg Rucka en los 00, en que Selina atrapaba un asesino cambiaformas que era un exmilitar amnésico y chalado que se hacía pasar por un actor de Hollywood (Todd Russell) para pillar mujeres. Curioso que se hayan acordado de eso (a ese villano nunca le llamaron Clayface, por cierto), es un uso de la continuidad que me suele llamar la atención.