Tenía mis dudas sobre si hablar o no por aquí de The Hard Switch, ya que se trata de un cómic británico pero con una periodicidad propia del cómic de la Europa continental, y ya han pasado tres años desde la publicación de esta primera novela gráfica y por ahora no encuentro información sobre cuándo se continuará esta historia, si es que lo hace. Pero lo que ha hecho aquí Owen D. Pomery me ha parecido tan especial y atrayente que necesito hablar de lo que me he encontrado aquí, aun a riesgo de despertar en alguien más esa pequeña ansiedad por saber qué sucederá después.

La Alcanita es un mineral, antaño abundante, que permitía realizar con seguridad viajes interestelares a cualquier lugar del universo, interconectando infinidad de mundos y especies, pero ese mineral está a punto de agotarse. Y cuando eso suceda, cada mundo habitado quedará aislado del resto, el comercio interplanetario llegará a su fin y los seres vivos de incontables mundos tendrán que decidir antes de que llegue ese día dónde quieren quedarse para el resto de sus vidas. Por ello gente como Ada, Haika y Mallic se dedican a la recuperación de viejas naves estrelladas hace mucho, con la esperanza de recuperar la Alcanita que quede en su interior y tratar de postergar un poco ese inevitable aislamiento. Y en ese futuro desesperanzador, donde siguen existiendo quienes se aprovechan de la desesperación de los demás, ha surgido una tenue esperanza de poder evitar ese destino, pero que ha caído en las manos menos indicadas…

Yo no conocía de nada a Owen D. Pomery ni había oído hablar de The Hard Switch hasta hace unos pocos días, pero cuando leí más de una reseña comparándolo con Scavengers Reign, no me lo pensé demasiado y me lancé a su lectura. Y aunque se trata de una historia que va por unos derroteros radicalmente diferentes, sí que es cierto que ambas obras comparten ciertas semejanzas estéticas y de tono. Aquí también nos encontramos una historia con un tono melancólico, donde la incertidumbre sobre el futuro pesa como una losa, pero que está ambientada en un escenario lleno de maravillas en el que quizá todo sea posible si se intenta.

Un escenario que, pese a estar ambientado en un universo donde las diferentes especies que lo pueblan parecen incontables, con la humanidad repartida por todas partes, es, como suele suceder en la buena ciencia ficción, un reflejo de nuestra realidad. Por ello nos encontramos con cómo ese “hard switch” (cambio brusco, desconexión total) que está cada vez más cerca no afecta por igual a todo el mundo, y mientras algunos tienen recursos de sobra para asegurarse de que, cuando eso suceda, se encontrarán en un lugar cómodo, otros sacrifican lo poco que poseen para intentar llegar a algún lugar próspero mientras aún sea posible. Algo de lo que, por supuesto, se aprovechan esos que jamás tienen suficiente, y a quienes no les importa a quién tengan que pisotear o traicionar con tal de seguir satisfaciendo esa codicia que no parece tener límites, y a quienes las autoridades no se atreven ni a mirar mal.

Ahí en medio nos encontramos con Ada, Haika y Mallic, quienes aunque ya tienen bastante con intentar sobrevivir, al menos se esfuerzan en no hacer la vida más complicada para el resto, cuando no actúan de forma más directa para ayudar a quien lo necesite porque sencillamente es lo correcto. Y a través de este peculiar trío, la optimista Ada, la realista/pesimista Haika y ese pragmático pulpo parlante llamado Mallic, exploramos ese universo al que la codicia de unos cuantos ha convertido en un lugar más complicado para vivir. Pero pese a ese tono melancólico de la historia, y al constante recordatorio de cómo funciona nuestro mundo real, este cómic no llega a ser en ningún momento algo depresivo; la esperanza, aunque tenue, siempre está ahí de fondo, recordándonos también que hay cosas por las que vale la pena luchar, aunque como en este caso parezcan imposibles.

Pero además de una historia muy interesante en lo que nos cuenta, también lo es en cómo nos lo cuentan, especialmente en su apartado gráfico. El trabajo aquí de Owen D. Pomery es sin duda lo que más me ha atraído y sorprendido de este cómic, ya que, pese a ser británico, las raíces de su estilo parecen encontrarse más al otro lado del charco, en el cómic franco-belga. No hace falta más que echar una ojeada a su diseño de personajes, vehículos y escenarios, e incluso a la rotulación, para que todo nos recuerde un poco a gente como Hergé, Jacobs o el inevitable Moebius, pero sin llegar a imitar a ninguno de ellos y poseyendo un estilo muy personal y una estética muy funcional e industrial.

Se nota ahí también su formación como arquitecto, tanto en su habilidad para crear los intrincados escenarios por los que se mueven sus protagonistas, como por una atención al detalle extremadamente minuciosa que nos sumerge en este universo alejado de la ciencia ficción más fantasiosa. De esa forma consigue que, pese a lo fantástico de estos mundos, todo resulte natural, escenarios que transmiten que de verdad han sido vividos, que están llenos de seres de múltiples origenes y culturas que han moldeado esos lugares con una amalgama de estilos muy diversos, donde cada pieza de tecnología parece funcional y “real”.

Aunque en el lado negativo se encuentra su enfoque a la hora de dibujar a los personajes humanos. Está claro que la anatomía no es su punto fuerte, y aunque a mí personalmente eso no me suele parecer lo más importante a la hora de dibujar un cómic, siempre que el resultado sea interesante, aquí hay un aspecto concreto que a veces me ha sacado de la historia. Porque Pomery ha optado por un minimalismo extremo a la hora de representar los rostros de sus personajes, tanto que a veces parecen playmobils con proporciones más humanas. Algo que provoca que posean muy poca expresividad y que en determinados momentos juegue muy en contra de lo que nos está contando, cuando ante situaciones extremas la inexpresividad de sus personajes da la sensación de que no están sintiendo nada y va completamente en contra de muchos de los diálogos. Un pequeño detalle que espero que vaya corrigiendo con el tiempo, ya que es un autor demasiado interesante como para quedarse estancado ahí.

Y el motivo por el que me resistía a hablar de esto es porque el final de esta corta novela gráfica, de apenas cien páginas, es muy abierto, quedando muchísimas incógnitas en el aire a la espera de una resolución. Pero desde la publicación de este primer álbum en 2023 no he podido encontrar ninguna noticia sobre cuándo continuará esta serie, aunque dada la clara influencia del cómic europeo, igual toca esperar sentados. Aunque eso no debería ser obstáculo para darle una oportunidad a esta historia, aunque solo sea por disfrutar de estos fascinantes escenarios y por el recordatorio de que, por mal que vayan las cosas, vale la pena al menos intentarlo.

🤔 No hay que buscar siempre la esperanza?