Poniendo orden en el mas alla con The Deadman de W. Maxwell Prince y Martín Morazzo

DC Comics sigue apostando por diversificar el tono y la temática de su catálogo, dando como resultado una de sus mejores etapas en mucho tiempo. Y dentro de esta nueva era nos encontramos con el regreso de un viejo conocido, Deadman, quien vuelve a contar con su propia cabecera, rebautizada como The Deadman para la ocasión, y que sigue con su misión de ayudar a las almas de quienes acaban de fallecer a transicionar al otro lado y, ocasionalmente, a poner algo de orden en el plano espiritual. Y aunque en esta nueva serie W. Maxwell Prince y Martín Morazzo han mantenido intactas todas las características del personaje, los pequeños cambios en cuanto a tono y a los fundamentos de la misión de Deadman están consiguiendo darle a esta serie un carácter de lo más interesante.

Alguien tiene que ocuparse de quienes no tienen a nadie mas

Desde que Boston Brand murió asesinado en el circo y Rama Kushna le concedió la oportunidad de encontrar a su asesino, más tarde de velar por el plano espiritual como Deadman, este ha alternado el ayudar a la comunidad superheroica o mística de la Tierra a luchar contra todo tipo de amenazas sobrenaturales con la no menos importante misión de guiar a quienes acaban de morir y darles en ocasiones el empujón necesario para que puedan llegar a donde deben estar, o incluso ayudar a quienes aún no les ha llegado la hora de realizar esa transición. Pero ese trabajo se complica cuando Deadman se encuentra con una criatura de origen desconocido que devora las almas de recién fallecidos y que sirven a un amo que parece dispuesto a todo con tal de conseguir su propósito…

Y el vivir entre varios planos de realidad ahora le permite romper la cuarta pared

Deadman es un personaje que siempre me ha fascinado por lo único que resulta dentro del género superheroico, un fantasma sin ningún tipo de forma corpórea, invisible, inaudible e intangible para todos quienes carecen de habilidades místicas y sin más poderes extraordinarios que el poseer temporalmente los cuerpos de los vivos. Y con esas características se ha enfrentado a sociedades secretas de asesinos, amenazas místicas de todo tipo y ha colaborado en algún momento u otro con la práctica totalidad del Universo DC. Y ese lugar tan especial que ocupa ha permitido contar con él todo tipo de historias, desde las superheroicas más clásicas al terror más inquietante.

No tardan mucho en poner al día a quienes no conocen al personaje

Y ahora que ha caído en las manos de W. Maxwell Prince y Martín Morazzo, los creadores de Ice Cream Man (cómic que ahora tengo muchísimas ganas de leer) y de la más reciente Superman: The Kryptonite Spectrum, estos parecen querer mantener el personaje a medio camino entre ambas interpretaciones, combinado con un poco del tono que tenía la línea Vertigo en sus inicios, pero con un poco más de humor. Y el resultado es una serie que no solo es muy respetuosa con la historia y caracterización del personaje, sino que consigue llevar a esta en una dirección de lo más interesante realizando pequeños cambios en la misión de Deadman que no reemplazan nada, sino que añaden.

A veces hace falta un poco de mano dura con quienes van a partir

Porque mientras que su misión en ese purgatorio llamado también la Tierra se mantiene a grandes rasgos intacta, ya no solo se limita a acompañar o a ayudar a quienes acaban de morir, sino que en algunos casos muy concretos puede incluso darles una segunda oportunidad de vivir cuando su hora aún no ha llegado. Y así, guiado por esa Rama Kushna que es al mismo tiempo una diosa, líder espiritual de Nanda Parbat y una niña curiosa y a veces caprichosa, Deadman merodea por donde serán necesarias sus habilidades, donde habrá gente que necesitará esa ayuda final en una dirección u otra. Algo que contrasta con él mismo, atrapado en la Tierra sin poder seguir su camino, y atrapado también por un pasado del que se niega a desprenderse del todo, que le da al personaje unas connotaciones muy trágicas y también algo incómodas.

Esta habilidad si que es nueva

Y en esta nueva era cuenta también con un nuevo adversario, uno del que en este primer número no sabemos demasiado más allá de lo brutal y sanguinario de sus métodos, una clara insinuación de sus objetivos y la certeza de que maneja fuerzas que están más allá de lo natural. Un villano que es de momento el elemento en esta historia que más me recuerda muchísimo a lo que fue aquel pequeño rincón de DC Comics que acabó convirtiéndose en la línea Vertigo, mundano en su superficie y aterrador cuando se escarba un poco debajo de esta. Un contrapunto muy interesante a este Deadman tan luminoso y heroico que nos encontramos aquí y que es uno de los puntos más fuertes del trabajo de Prince y Morazzo en esta serie.

A veces momentos que parecen de lo mas cotidianos resultan tremendamente siniestros

Este último además ha resultado ser un dibujante con un estilo de lo más cautivador, que parece poseer elementos del cómic estadounidense, el europeo e incluso el manga, y que ha citado a autores como Moebius (quizás la más evidente), Enki Bilal, Frank Quitely o Junji Ito entre sus influencias. Y con una mezcla tan heterogénea de autores en los que inspirarse, nos encontramos con un artista poseedor de un estilo muy limpio y claro que no debería encajar en una historia con un tono en ocasiones tan oscuro como esta, pero que consigue que funcione a la perfección. Algo en buena medida por cómo hace destacar esos momentos más brutales, como si se tratasen literalmente de irrupciones de otros planos. Una labor en la que ayuda y mucho el trabajo de su colorista habitual, Chris O’Halloran, quien con su coloreado tan clásico y limpio refuerza ese contraste entre los dos mundos en los que se mueve Deadman.

Cuando hay que ponerse duro Boston no se achanta

Además, Morazzo aquí está jugando mucho con la apariencia del personaje, a quien no solo ha dotado de un nuevo traje, que ha eliminado su elemento más característico (y que de momento no me termina de convencer), sino que ahora Boston cambia constantemente de apariencia. Aquí no solo es algo más escuálido de lo habitual (aunque no tanto como cuando lo dibujaba Kelley Jones), sino que pese a ser invisible para los mortales, su vestuario no para de mimetizarse con su entorno o con la persona a la que va a poseer, y que cuenta incluso con un vestuario de “civil” para cuando no está encargándose de ningún trabajo. Un pequeño detalle que no cambia nada de forma radical sobre el personaje, pero que nos recuerda constantemente que estamos ante un espíritu inmaterial que no se encuentra atado por una forma física.

Me sigo quedando con el traje clásico

Como creo que resulta evidente, este primer número ha resultado ser para mí una más que grata sorpresa, no solo por demostrar cómo se puede ser completamente fiel a la historia de un personaje y al mismo tiempo hacer algo interesante con este, sino por cómo W. Maxwell Prince, Martín Morazzo y Chris O’Halloran han sabido actualizar la fórmula de aquella DC pre-Vertigo que se movía sin complejos entre lo superheroico y lo terrorífico. Además, es también otro ejemplo del buen rumbo que lleva la editorial ahora mismo y que espero que dure una larguísima temporada, porque hacía tiempo que no encontraba tantos títulos en su catálogo que me gustasen tanto.

Suscribirse
Notifícame de
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
más antiguos
más recientes más votados