¿Quién cuernos es Frank Castle? (I): De Conway a Doug Moench

No quería yo hacer un post sobre el especial de Marvel Studios del Castigador, más que nada porque creo que está dicho todo ya, pero si hablar un poco del personaje en sí, cuál es la quintaesencia del personaje y en qué deberían fijarse a la hora de adaptarlo. Y tener en cuenta como nos lo muestran Gerry Conway, Mike Baron, Chuck Dixon, Garth Ennis y todos los demás hasta la actualidad. Vamos, un repaso general en el que seguramente no hablaré de Frankencastle o yo que sé qué, pero mostrar un poco qué es lo que funciona y lo que no. O lo que creo que funciona.

¡Pum, pum! ¡Spiderman a tomar viento!

Empecemos por el principio, Frank Castle mata criminales. Que disfrute con ello o no ya entra dentro de la versión de cada autor, pero en lo que todos estamos de acuerdo es en que no hay Castigador si no mata criminales. Cualquier salida de esto ha sido un problema para el personaje, una etapa en la que el publico se ha tirado de los pelos porque joer, ¿que hace siendo un asesino de la Mano? O de la Mafia, ya puestos. Frank mata criminales, y si nos salimos de esa idea el personaje ya no es reconocible. Una vez dejado esto claro nos toca pasar a sus motivaciones, si lo hace por gusto, por enfermedad mental o por venganza. La idea original de Conway no habla de eso último en absoluto, si no de un sentimiento de resolución absoluto de «limpiar Nueva York del mundo del crimen», para lo cual se alía con el Chacal para matar a Spiderman. En todo momento se deja claro que el Castigador «libra una guerra de un solo hombre», y considera deshonorable matar a alguien a traición o por la espalda. Cuando ve una injusticia trata de resolverla a balazos, y su entorno tiene claro que está mal de la cabeza, nadie celebra sus «hazañas», y directamente le llaman loco, cuestionándose él mismo lo que hace. Así que tenemos que la versión de Conway no lo hace por gusto ni por venganza, tal vez por enfermedad mental -aunque cualquier personaje «normal» que interactua con él tiene claro que está fatal- pero tiene un férreo código ético dentro de esa locura. No hay, eso sí, sadismo en su comportamiento, no hay disfrute en la carnicería, pero tampoco lamentaciones por ello.

Frank debería dejarse de armamento «convencional» y usar más cosas de estas, ¡que vives en el mismo universo que Ojo de Halcón, hombre!

Lo curioso de todo esto es que este Castigador original… No mata. Quiero decir, usa armas, dispara todo el rato, la gente se asusta cuando se lleva un subfusil a una pelea de puñetazos, y algunos mueren, pero cuando Spiderman y él detienen a los malos, no hay asesinatos a sangre fría, los dejan empaquetados para la policía y se van, hasta se despide de Spiderman llamándolo «amigo». Ésto es algo interesante en la versión de Conway, el personaje puede matar pero será anecdótico, el que vaya armado hasta los dientes es visto como una patología y, por lo demás, es otro justiciero en pijama, aunque un tanto tontorrón porque no paran de engañarlo para que intente matar a Spiderman. Pero claro, el personaje originalmente era un antagonista más del trepamuros, con lo que no íbamos a ver mucho más allá. El primer guionista que escribe al personaje después de Conway es Mike W Barr, en el número 241 de Captain America; aquí ya vemos diferencias sustanciales, porque el Castigador no duda en disparar al Capitán América a pesar de que reconoce su admiración hacia él. Pero como está obstaculizando su «misión», ve lógico el dispararle, cosas de la guerra y tal; sin embargo, para cuando acaba la historia, Frank considera una «debilidad» el haber sido incapaz de matar al Capi. Y ésto no lo dice porque matarlo sea difícil, si no porque él no se vio con fuerzas para hacerlo. Así, empezamos a ver como el personaje empieza a tomar más compromisos morales que la versión de Conway, cosa que se verá refrendada con el de Frank Miller en Daredevil, que aunque esta vez no dispare con balas de verdad a superhéroes (usa tranquilizantes) si se le muestra torturando y asesinando a sangre fría, aunque se lamenta cuando sus víctimas son menores de edad. En eso no se siente culpable por ello porque «mi enemigo cada vez es más despiadado, ¡ahora utilizan niños!». Vamos, que es culpa de los malos y es un daño colateral inevitable (aunque ojo, no considera al niño como alguien inocente, está bien matado).

La primera de tantas discusiones morales de Daredevil y el Castigador.

Bill Mantlo continúa con la idea de que Castle está mal de la cabeza (más que ninguno, llega a disparar a una pareja por tirar un periódico al suelo) pero cuando lo someten a juicio hace un discurso sobre cómo el caos controla las calles mientras los «ciudadanos decentes están encerrados en sus casas o mueren, como mi familia», y se plantea la pregunta de si es la sociedad la que realmente está mal de la cabeza, por permitir que los criminales reincidan y la gente de bien muera «están locos, no se puede razonar con gente enferma. Ellos no pueden ver las cosas como yo las veo». Sería un especialista en «cordura ambigua», Doug Moench, el encargado de la primera serie del personaje junto a Mike Zeck, ya en 1986. En esta miniserie Castle sigue estando mal de la cabeza y Zeck lo dibuja especialmente desquiciado, pero por primera vez hace cosas más normales como tener relaciones sexuales y, aunque tiene numerosas peleas en la prisión, no mata a ninguno de los internos. Una vez fuera e inmerso en una guerra de bandas, Castle empieza a tener dudas y sí, es la primera vez que esta harto de tanta sangre y tanta matanza. Pero la cosa le dura bien poco, porque cuando una serie de matones de la mafia se disfraza de él mismo para asesinar a sus rivales, a Frank le vuelve el instinto asesino… A pesar de que Moench se sigue encargando como casi todos sus antecesores de que Frank no mate a personajes que hayan tenido diálogos o de los que el lector conozca sus motivaciones, solo a matones sin líneas. Y éso es algo interesante, porque en esta etapa el Castigador sigue sin matar a sangre fría, a pesar de que ésa precisamente es la imagen que transmite. Creo que aquello era más política editorial «nuestros personajes no pueden hacer eso» y era un rato contradictorio, pero bueno.

 

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