The Punisher: One Last Kill – Yo esto ya lo he vivido

Hoy me toca romper un poco esa norma autoimpuesta de no hablar de cosas que no me han gustado, que es lo que me ha sucedido con el especial de Punisher: One Last Kill. Aunque, para ser más exacto, no es tanto que no me haya gustado como que su visionado me ha dejado con una sensación extraña, una mezcla de déjà vu, incredulidad y decepción que, por desgracia, no me ha sorprendido, ya que hasta cierto punto esto ha sido más o menos lo que me esperaba. Así que, tras avisar de que aquí van a haber más SPOILERS que disparos en este especial, vamos a ver qué ha fallado aquí para mí.

Hasta en el poster se le ve desganado

Antes de entrar en detalle, me gustaría dejar claro que, aunque no es uno de mis personajes de cómic favoritos, a mí el Castigador me gusta bastante y desde hace mucho, y he disfrutado muchísimo con buena parte de sus cómics desde los ochenta e incluso con sus adaptaciones al cine y la televisión. Y quizá sea por eso por lo que no me acaba de convencer lo que han estado haciendo en el MCU en los últimos años, y especialmente algunas decisiones del propio Jon Bernthal con el personaje, de las cuales este especial es el ejemplo perfecto. Porque este, además de tener otros problemillas menores, no ha hecho más que ahondar en los problemas de caracterización que ha sufrido el personaje del Castigador desde hace demasiado tiempo y que se han ido acentuando con los años para convertirlo en otra cosa.

Yo solo quiero ver algo así con el personaje

 

Uno de los aspectos del Castigador que siempre me había gustado, y que buena parte de sus equipos creativos a lo largo de las décadas habían respetado, era su caracterización de tipo profesional, frío y metódico, con una vena cruel y sádica más o menos acentuada según etapas. Se trataba de alguien absolutamente seguro de sí mismo y de su “misión”, un hombre que ya estaba tocado por sus experiencias en la guerra y a quien la muerte de su familia, y la culpabilidad por haber sobrevivido, había roto por completo, convirtiéndole en una máquina de matar sin más motivación para seguir existiendo que acabar con todos los criminales que se pusiesen a su alcance. El ejemplo perfecto del clásico prototipo de vigilante/justiciero que tan de moda había estado en la literatura y cine de los setenta y ochenta. Una faceta del personaje que, en mayor o menor medida, se había mantenido en sus adaptaciones a distintos medios, incluso cuando estas se daban en proyectos enfocados a un público infantil.

Tiene su guasa que una serie como The Superhero Squad Show fuese capaz de retratarle mejor

Y cuando el Castigador, interpretado por Jon Bernthal, hizo su debut en la segunda temporada de Daredevil, iba en la misma línea, y obviando detalles como que la muerte de su familia había sido algo premeditado y no algo casual fruto de la mala suerte, o que seguían con la tontería de que no llevase su icónico uniforme hasta el último momento, estábamos ante un gran Castigador que parecía que había escapado de las páginas del cómic. Tenía sus debates morales con Daredevil, actuaba casi como un Terminator y tenía momentos de una crueldad que daba gusto ver en pantalla. Pero poco a poco se empezó a torcer la cosa, especialmente cuando el personaje obtuvo su propia serie de televisión y comenzó a protagonizar un bucle absurdo de dar un par de pasos atrás cada vez que daba uno hacia adelante, a medida que su caracterización se difuminaba. Y ya sea porque en Disney no les hacía mucha gracia tener de protagonista a un asesino amoral que solo se rige por su personalísimo código de conducta, o por la insistencia de Bernthal en querer interpretar a un personaje más “complejo” (algo que ha manifestado en más de una ocasión), hemos acabado con un Frank Castle al que a veces me cuesta reconocer.

Con lo bien que había debutado…

Una complejidad que decidieron aportarle introduciendo ese mal terrible que aqueja a tantas adaptaciones superheroicas, el mal llamado “realismo”. Así es como Castle pasó a ser tratado como una persona que de verdad ha sufrido varias experiencias traumáticas consecutivas, que sufre trastorno por estrés postraumático, que alterna episodios en los que no para de llorar, de sufrir, de querer morirse, con otros en los que quiere curarse, dejar atrás esa vida de asesinatos en masa y tratar de llevar una vida normal. Y aunque eso daría para un drama interesante, no es en absoluto lo que es el Castigador, pero no es lo peor del caso. Lo realmente malo es cómo el personaje se ha quedado anclado en un ciclo en el que cada nueva aparición en otra serie o proyecto propio le lleva a repetir los mismos pasos: sufrir mucho, querer cambiar y aceptar que es el Castigador… hasta la próxima temporada, especial o cameo.

A sufrir otra vez

Y justo eso era lo que me temía que me iba a encontrar en este especial, encontrándome con la nada sorprendente revelación de que así ha sido, OTRA VEZ. Aquí tenemos a un Frank Castle que se odia mucho a sí mismo, que ahoga sus penas con pastillas y alcohol y que, al considerar que ya no le queda nada más que hacer (porque se supone que por fin ha matado a los últimos responsables de la muerte de su familia), ya solo quiere acabar con todo, llegando al extremo de intentar suicidarse. Algo que en parte deriva de ese problema de querer convertir el asesinato de su familia en algo personal contra él y no en fruto del azar, por lo que sus ansias de venganza se focalizan en un grupo de gente (cada vez más numeroso) en lugar de contra el crimen en general. Y aunque este no llega a quitarse la vida, sí que renuncia por completo a seguir siendo el Castigador, permitiendo que a su alrededor se cometan multitud de crímenes sin levantar una ceja siquiera.

¡El diablo en la botella!

Unos problemas que, como decía algo más arriba, provienen en buena medida del propio Jon Bernthal, quien abandonó la serie de Daredevil: Born Again por diferencias creativas con el equipo original, volviendo solo cuando la serie se rehizo casi desde cero y le permitieron tomar decisiones creativas sobre su personaje, convirtiéndole de nuevo en el señor que sufre mucho y que no tiene ganas de vivir. Algo que se ha acentuado, y de qué manera, en este especial que el propio Bernthal ha coescrito y que ha demostrado tanto sus empeños en demostrar que es un buen actor dramático (algo que yo personalmente nunca he puesto en duda) como que, tras una década interpretando al Castigador, sigue sin entender al personaje. Que no hay más que ver su obsesión en presentar a Castle como una pobre alma en pena sufridora, o esas entrevistas en las que habla alegremente de cómo policías y militares en Estados Unidos tienen al Castigador en sus corazones, que realmente les pertenece a ellos y que interpretarlo es una gran responsabilidad. Que no debo ser el único que piensa en lo horripilante que suena eso de que gente armada y con autoridad admire a un personaje como el Castigador.

Se le ve ilusionado, pero muy despistado

Unas declaraciones que resultan especialmente incómodas cuando durante este mismo especial vemos un flashback en el que Castle, antes de ejecutar a un criminal, le tumba en el suelo y presiona el cuello de este con su rodilla, ahogándole. Una escena que recuerda demasiado al homicidio de George Floyd en 2020, cuando un agente de policía le retuvo utilizando esa misma técnica hasta que murió, y cuya imagen se ha convertido en un símbolo de los constantes abusos policiales en Estados Unidos. Y escoger una imagen como esa, recreándose en ella, para que la protagonice un personaje al que multitud de matones en las fuerzas armadas y policiales de ese país admiran e idolatran, es una decisión bastante cuestionable, porque aunque la intención de la serie sea mostrarlo como algo negativo, lo único que van a conseguir es que dichos matones se sientan reivindicados.

Por si solo esto seria solo una muestra mas de la brutalidad del personaje, pero con los admiradores que tiene…

Y con todos esos problemas encima nos encontramos con un especial que, pese a su corta duración, tenía potencial para ser algo más interesante, pero se desaprovechan esas oportunidades para mostrarnos por enésima vez lo mal que está Castle de la cabeza. No hay más que ver cómo el comienzo del especial nos muestra el caos y la violencia en los que se ha sumido un vecindario de Nueva York por culpa del vacío de poder que ha generado el asesinato de la familia criminal Gnucci a manos de Castle. Podrían haber explorado la responsabilidad de sus actos, cómo el haber matado a unos criminales ha provocado que el crimen aumente, ver cómo se enfrenta a todo ello, pero nada, les parecía más interesante que Castle hablase con alucinaciones de sus seres queridos, un montón de ellas, mientras se encerraba en su casa desarmado porque se ha deshecho de su arsenal.

Para que explorar elementos interesantes si pueden volver a contarnos lo mismo…

De ese sopor le saca Ma Gnucci, aquella entrañable y delirante villana de la etapa del Castigador de Garth Ennis y Steve Dillon que aquí aparece un tanto desdibujada (y más entera que en el cómic) y que busca venganza por la muerte de su esposo e hijos a manos de Castle. Una venganza que piensa cobrarse poniendo un alto precio a la cabeza de este y anunciando en los bajos fondos dónde pueden localizarle. Pero Castle, en lugar de atacarla, prepararse para el ataque o largarse de allí para no poner en peligro al resto de residentes del edificio, decide meterse en su piso, cerrar la puerta y pasar de todo, quizá porque esperaba que le matasen y poder acabar con todo.

Al menos no eran comerciales queriendo venderle algo

Y ahí es cuando, tras veinticinco minutos de déjà vu constante, empieza lo único mínimamente interesante del especial, la masacre. Porque cuando Castle comienza a escuchar los gritos de sus vecinos, de niños llamando con pánico a sus madres, y además tratan de quemar su piso con él dentro, comienza a matar a todo criminal que se le ponga al alcance de la mano. Lo que sigue, aunque medianamente entretenido, no deja de ser el enésimo intento de copiar The Raid, con sus peleas pasilleras, las armas improvisadas y ese enfoque casi de videojuego. Pero aquí resulta quizá demasiado artificial, todo perfectamente coreografiado, con esos enemigos que parece que están esperando una señal para hacer acto de presencia, lo que le resta bastante espontaneidad a este tramo del episodio, más salvable que el resto, pero que palidece con otras cosas que habíamos visto ya cuando el Castigador estaba en Netflix.

Va a ser complicado superar esto

Pero entonces llegamos a lo peor del especial, porque sí, hay algo peor, y que deja claro de una vez por todas lo poco que quienes han estado detrás de este proyecto entienden lo que es el Castigador. Cuando en el tramo final Castle se encuentra entre la disyuntiva de matar a Ma Gnucci o salvar a un inocente tendero y su familia de los criminales que están a punto de matarles, este va a por la familia, ninguna queja por ello. El problema está cuando, tras asesinarlos de forma brutal, llegando a apuñalar a uno de ellos repetidamente con un bolígrafo, la familia le da las gracias efusivamente y la pequeña hija de estos (que a Castle le recuerda a su propia hija, y que aparece en forma de alucinación interpretada por la propia hija de Bernthal), lejos de estar horrorizada y traumatizada por lo que ha visto, le regala a Castle una flor de papel, pretendiendo mostrarnos al Castigador como una figura heroica. Tras lo cual este vuelve a visitar el cementerio, deja la flor junto a la tumba de su hija y decide que lo que le toca es seguir con su cruzada (hasta que le den otra serie propia y le veamos de nuevo planteándose dejarlo todo).

Al menos la niña no sele lanzo encima y le dio dos besos en la mejilla ni le llamo su héroe…

La cosa no acaba ahí. A modo de epílogo, ambientado poco después y con el vecindario algo más calmado, nos reencontramos con el criminal que aparecía al comienzo del especial y que había robado la gorra a un hombre sin hogar y veterano de los marines, además de matar a su perro, atacando a otras personas. En ese momento aparece por fin el Castigador, con su uniforme, y durante un minuto y quince segundos aproximadamente es el Castigador de verdad, metiéndole un buen susto a ese gañán porque no le considera una amenaza real. Pero todo se vuelve a torcer cuando el veterano le dice a Castle que la gorra no es lo único que le quitó, y sin recibir más explicaciones lanza un hacha a la espalda del delincuente y, con este en el suelo, se le acerca, saca su pistola y le dispara. Y sí, Castle no deja de ser un asesino en serie con un rastro de muertos a sus espaldas incontable, pero la idea de que ejecute a alguien sin verle cometer un crimen grave ni tener pruebas de nada no pega demasiado con el personaje.

A lo mejor a partir de ahora si que será el Castigador de verdad…

Y aunque no puedo decir que esté sorprendido por cómo ha terminado siendo este especial, sí que me siento decepcionado tanto por no haberme equivocado como por quedarme corto en algunos de mis temores. Así que ahora mismo solo espero que en la próxima aparición del Castigador en la película de Spider-Man este sea un poco más como el del cómic, aunque no le dejen ser tan explícitamente brutal, y que si le vuelven a dar al personaje serie propia tengamos en ella por fin, tras una década de mareos, al auténtico Castigador, al que no necesita justificaciones ni traumas, que simplemente es un monstruo que disfruta con lo que hace. Y mientras me planteo si revisionar las películas de Dolph Lundgren, Thomas Jane y Ray Stevenson para quitarme el mal sabor de boca, quiero terminar con estas palabras que escribió Garth Ennis para el primer recopilatorio de su etapa al frente de la serie, en donde demuestra que él sí que entiende a la perfección lo que es el Castigador y cómo hay que retratarle.

Igual ya va tocando releerme su etapa
Suscribirse
Notifícame de
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
más antiguos
más recientes más votados
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios