Una vez más me adentro en ese apasionante universo de ficción que Mike Mignola y un buen puñado de talentosos colaboradores han ido creando a lo largo de las décadas en torno a Hellboy. Un universo que ha probado una y otra vez que puede ser un escenario increíble para contar todo tipo de historias de corte fantástico aunque el famoso demonio no esté implicado, y eso es precisamente lo que nos encontramos en The Foundry. Aquí Mignola, acompañado por Chris Roberson y por Christopher Mitten, nos presentan una aventura protagonizada por una de las muchas organizaciones secretas que pueblan ese universo y que tratan de desentrañar una amenaza que pone en peligro al mundo entero.

Durante varios años The Foundry (La Fundición) ha estado al servicio secreto de la reina Victoria, reuniendo a un pintoresco grupo de militares y expertos en distintas ramas de la ciencia con experiencias que rozaban lo irreal, dedicándose a viajar por todo el planeta buscando restos tecnológicos y arqueológicos de eras pasadas y avanzadísimas civilizaciones desconocidas para estudiarlos y aplicarlos en el presente. Pero tras un catastrófico incidente la Fundición ha quedado relegada a poner su avanzada tecnología al servicio del simple espionaje. Algo que cambia cuando una misteriosa amenaza, que está destruyendo los buques de todas las naciones que viajan en una zona determinada del sur del Atlántico y provocando que las tensiones y sospechas se acerquen cada vez más a estallar, obliga a la corona a enviar a la Fundición a bordo de una de sus aeronaves más avanzadas para poner fin a esa amenaza, una misión que se va a complicar muchísimo más de lo esperado…

Como he dicho a menudo por aquí, uno de los aspectos que más me atraen de este Hellboyverse es su riqueza y diversidad, ya que podemos encontrar historias ambientadas en eras remotas y desconocidas, alienígenas tratando de vivir como terrestres, demonios protegiendo a la humanidad o, como en este caso, una organización secreta victoriana dedicada a la investigación tecnológica. Un grupo que apareció por primera vez en una miniserie de Witchfinder, en la que Sir Edward Grey descubrió que, del mismo modo que la reina Victoria contaba con sus servicios para las amenazas místicas y sobrenaturales, tenía a la Fundición para investigar todo lo relacionado con la tecnología fantástica y antiquísima perteneciente a civilizaciones desconocidas que se encontraba sepultada en todos los rincones del mundo.

Y aunque el universo de Hellboy ya contaba con otras organizaciones similares, como la Sociedad Británica Paranormal o la muchísimo más famosa B.P.R.D./A.I.D.P., en una u otra forma el mundo de la ficción ya está repleto de otras organizaciones parecidas de una forma u otra como Torchwood, U.N.I.T., S.H.I.E.L.D., ARGUS, etc., esta Fundición tiene su encanto personal. Un encanto que en su presente forma se debe a sus anacronismos, ya que esta organización no solo cuenta con una tecnología tremendamente avanzada para el siglo XIX (y que el gobierno se reserva para su uso personal en lugar de tratar de mejorar la sociedad en su conjunto), sino que al nivel de su personal también son bastante diferentes de lo que se espera de esa era. Así tenemos al frente de la misión al Mayor Karam Singh, originario de la India y ocupando un cargo que en el mundo real no podría haber asumido, o que la asesora científica de la organización es una mujer, Gwendolen Maddox, algo que no todos sus subordinados asumen de buen agrado.

Y esta combinación de elementos irreales, tanto en lo tecnológico como en lo social, le dan a esta Fundición una identidad de lo más interesante que me alegra mucho que ahora se ponga en primer plano con la que espero que sea la primera de varias miniseries. Pero aunque estos son aspectos bastante interesantes en los que espero que se profundice, no podemos olvidar que esto es un cómic de aventuras, y uno que por lo que nos han contado en este primer número, parece que va a ir en una dirección muy clásica. Porque esa amenaza que está hundiendo barcos en el océano Atlántico, y acabando con los buques militares que han ido a investigar, debería resultar familiar a los lectores familiarizados con Julio Verne, especialmente cuando aquí mismo se menciona el encuentro en el pasado de la Fundición con un misterioso y muy avanzado submarino en los límites del Atlántico. Así que no me sorprendería que Mignola, Roberson y Mitten vayan a introducir en el Hellboyverso su propia versión del Nautilus y del Capitán Nemo.

En el apartado gráfico contamos con otro viejo conocido del universo de Hellboy, Christopher Mitten, quien a lo largo de la última década ya había dibujado historias de Hellboy, la B.P.R.D. y algunos villanos y organizaciones místicas malvadas y cuyo estilo se amolda a la perfección a estas historias. Porque aunque este en ningún momento trata de imitar a Mignola, su trazo suelto e irregular, casi tosco en algunos aspectos, se presta muy bien a estas historias de época. Aunque viendo su trabajo aquí, en lo que más destaca es a la hora de representar toda esa ciencia y tecnología antediluviana, maquinaria imposible y steampunk, y combinarla con la estética victoriana del cómic.

Así The Foundry/La Fundición se une a la larga lista de cómics del Hellboyverso que me han enganchado y fascinado, no solo por el talento que hay detrás de ellos, sino por cómo estas historias se expanden en todas direcciones, abarcando aspectos de todo el género fantástico, de aventuras y muchos más, convirtiéndose en uno de los universos de ficción más ricos e interesantes del momento. Por ello yo seguiré explorando, y recomendando, todo lo que me he perdido de este universo, y lo que se está publicando en la actualidad, porque hasta la fecha todo sigue mereciendo mucho la pena.
