De nuevo sin motivo aparente ni nada que se parezca a una doble intención, hoy me ha dado de nuevo por hablar de viejos cómics de Green Lantern, un tema que siempre es muy agradecido. Y para ello quiero remontarme a los maravillosos años ochenta y a la etapa de Steve Englehart y Joe Staton, quienes continuaron el gran trabajo que habían estado haciendo Len Wein y Dave Gibbons en la serie. En concreto, quiero centrarme en el tramo final de la serie antes de ser renombrada Green Lantern Corps, una historia llena de emoción, ambición desmedida y rencor, en la que destaca un elemento que en ocasiones se pasa por alto, la amistad y el respeto mutuo existente entre Hal Jordan y John Stewart, ya que aunque haya quienes piensen lo contrario, estos dos son grandes amigos.

Antes de entrar en faena, conviene añadir un poco de contexto. En aquellos tiempos, Hal Jordan había renunciado a los Corps para llevar una vida normal junto a su amada Carol Ferris, y el anillo había pasado a su reemplazo oficial, John Stewart, quien estaba siendo entrenado por Katma-Tui de Korugar y se sentía algo frustrado porque nadie quería decirle quién era realmente su predecesor. Pero la vida apacible que Hal esperaba no se llegó a cumplir, ya que no tardó en descubrir que Carol había recuperado el poder de Zafiro Estelar, que lo había utilizado para expulsar de sí misma su “lado masculino” que le permitía dirigir la empresa (sí, fue una machistada enorme) y que esto había cobrado vida propia, convirtiéndose en el villano Depredador. Ambos se habían acabado fusionando de nuevo, dando como resultado una nueva Zafiro Estelar más villana que nunca, quien había abandonado a Hal y a la Tierra. Y por si todo eso fuese poco, habían estallado las Crisis en Tierras Infinitas… Nadie hubiese culpado a Hal si no hubiese querido levantarse más de la cama.

Este obviamente se siente sin rumbo, ya que había perdido al amor de su vida, por quien había sacrificado su lugar en los GLCorps, y ya no tenía nada ni en la Tierra ni en el espacio. Y en ese momento llegó a plantearse incluso pedir que le readmitiesen, quizás ser un Green Lantern en el espacio y con el tiempo ganarse el derecho a volver a la Tierra. Pero enseguida desechó la idea porque eso no sería justo para John, quien se había ganado su puesto. Un momento que nos retrata a Hal como a alguien maduro y racional que no actúa como un enajenado para poseer el anillo, la clase de cosa que convierte a uno en indigno del poder.

Mientras eso sucede, John y Katma están viajando de regreso hacia la Tierra cuando se encuentran con Replikon, un viejo enemigo de Hal y de la JLA que no solo puede duplicar los poderes y habilidades de quienes se encuentra, sino también su apariencia. Algo que aprovecha para convertirse en Hal, noquear a John y robarle el anillo de su dedo cuando está inconsciente. ¡Porque eso es lo que haría un villano! Pero John no es nada de eso, y tras intercambiar unos cuantos golpes con Replikon y descubrir que lo que le motiva es que su mundo fue destruido y ahora no tiene un hogar donde puedan nacer, decide ayudarle, y tanto él como Katma utilizan el poder del anillo para recrear su mundo y que Replikon y familia puedan vivir en paz.

De regreso a la Tierra, John es reclutado por Harbinger, quien se lo lleva al satélite del Monitor porque se han liado mucho las cosas. Hal, por su parte, se plantea ahogar sus penas en alcohol, pero no cede a la tentación porque no es la clase de persona que haría algo así, y en el lejano Oa, el Antimonitor acaba de incapacitar a los Guardianes. Ya dije que se estaban complicando las cosas. Pero en medio de todos esos altibajos, Katma acude a Hal para pedirle consejo, y tras algunas tiranteces del pasado, no solo hacen las paces y vuelven a ser amigos, sino que Hal decide que en cuanto John vuelva le contará todo.

Ya de mejor ánimo, Hal decide ir a visitar la tumba de Abin Sur, y se encuentra con la desagradable sorpresa de que alguien la está profanando, alguien llamado ¡Guy Gardner! Este se ha despertado de su coma con la personalidad algo trastornada, y ha decidido que quiere el anillo, que quiere volver a ser un Green Lantern. No tardan en llegar a las manos, y mientras Hal defiende el derecho de John a ser el Green Lantern del sector 2814, Guy actúa como un enajenado lleno de codicia, no le importa nada más que poseer el anillo y la batería, y no le importa sobre quién tenga que pasar para conseguirlo.

Una escena en la que Englehart y Staton nos dejan más que claro que lo que está haciendo Guy está mal, que esa ansia que siente por el poder no es sana ni noble, y que solo alguien que no es digno actuaría así. Pero en ese momento aparece un Guardian, le ofrece un anillo a Guy y deja a Hal con un palmo de narices.

Guy por fin vuelve a ser un Green Lantern (con un diseño que nadie ha podido superar) y pese a ello sigue consumido por el rencor. Rencor hacia Hal por haber obtenido el anillo en su lugar, ya que él se lo merecía muchísimo más, convencido de que es una injusticia que él no hubiese sido desde el principio el sucesor de Abin Sur. Un comportamiento que aquí se puede disculpar porque Guy acababa de salir de un coma de años y había sufrido daños cerebrales de los que aún se estaba recuperando, una de las pocas causas que justifican esa enajenación.

Hal, mientras tanto, ha sabido aceptar con gracia el no haber sido escogido por el Guardian para luchar en las Crisis, ya que, con anillo o sin él, sigue siendo alguien que quiere luchar por lo que es justo. Una escena que nos ofrece un contraste enorme entre ambos hombres, dejándonos claro cuál de ellos es el que realmente tiene dignidad.

Pero yo quería hablar de la amistad entre Hal y John, así que retomemos el rumbo. Aunque la Crisis no ha terminado, solo está dando un respiro, Hal finalmente va a visitar a John para contarle la verdad. Este tarda un poco en aceptarlo, ya que se ve que la máscara disimula mucho, pero no tarda en darse cuenta de que Hal le dice la verdad. Y este no ha ido a visitarle solo para despejar ese misterio, también quiere ofrecerle su experiencia y conocimientos para lo que necesite, y advertirle de que un Guardian renegado le ha dado a Guy Gardner un anillo.

Tras ponerse al día, Hal le reafirma a John lo que ha estado repitiéndose a sí mismo estos números anteriores, que él está retirado de verdad y que solo le desea a John el mayor de los éxitos, y que siempre ha sido así. Y mientras John manda su duplicado de energía hacia Oa para comprobar si aún es imposible contactar con dicho mundo, Hal no puede evitar sentirse orgulloso de su sucesor, porque es lo que hace la gente merecedora de los anillos de poder, ser decentes.

Aunque las cosas no podían permanecer apacibles demasiado tiempo, y es entonces cuando la cosa se complica aún más, un viejo villano de Hal, el Tiburón, se lanza a matarle mientras Guy trataba de atraparle para usarle en un asalto contra el Antimonitor, y siendo Guy como es, y más en aquella época, este acaba enfrentándose a John. Un enfrentamiento casi fratricida en el que Guy da rienda suelta a sus complejos, quejándose de cómo ha tenido que esperar años a poder reclamar su lugar en los Corps mientras otros blandían el poder que debía ser suyo (igual sus padres le machacaban para que fuese así).

Todo se complicó aún más si es posible, y sin querer reventar el final de esta historia, y de este volumen de Green Lantern, baste decir que los buenos ganaron, Hal volvió a reincorporarse a los Corps junto con John, y poco después la Tierra tuvo que acostumbrarse a contar con un buen puñado de Green Lanterns. Pero el mensaje que debería quedar de esta historia no es solo que Hal y John siempre han sido buenos amigos pese a su tenso primer encuentro, y que ninguno de los dos es la clase de desquiciado que sería capaz de buscar el poder a cualquier precio, sino que son gente noble y decente capaz de aceptar con gracia tanto el poder como el perderlo. Y aunque esto es algo que me gustaría ver algún día trasladado a otro medio, de momento lo que nos toca es seguir disfrutando con todos estos grandes cómics por los que parece que no pasan los años.
