Hablaba ayer de cómo la identidad de cada uno a veces viene condicionada por la publicidad, de cómo lo que leemos o vemos nos condiciona y forma como personas, y éso precisamente es lo que me pasaba con los 4 Fantásticos, una serie que había tenido unos fogonazos artísticos para mi que me hacía seguirla a pesar de todo. Me gustaban los personajes, pero estaba esperando pacientemente a que volvieran a deslumbrarme mientras torcía el morro mes tras mes. Pero claro, había otra serie de Marvel que me había marcado más durante mis años mozos, otra que me tragaba a pesar de todo…

Y sí, estoy hablando de la Patrulla X, que seguramente tuvo mayor influencia en mi personalidad que los 4 Fantásticos, pero su caso es distinto porque, así como en parte yo leía los 4F como un acto de rebeldía respecto a «lo que estaba de moda» (estaba rodeado de cernícalos que consumían basura imaginera y se reían de mis compras, que le voy a hacer), lo cierto es que La Patrulla X era un caso completamente distinto. Porque considero que lo que me atrajo de los mutantes fue más el trabajo de un grupo de autores en concreto, sus formas de escribir y de editar, éso lo que me llevó a que esos personajes fueran parte de mi, aunque ahora ya apenas los reconozca. Entendedme, en este artículo lo que estoy intentando es desligar la nostalgia real -nuestras propias experiencias- de las que nos crean artificialmente la sociedad de mercado. Para mí, la Patrulla X era algo creado en base a años de leer a unos personajes «vivos», los 4F eran más fogonazos en una serie a la que volvía solo porque estaba esperando a volver a ver esa magia. Y es precisamente ese pensamiento rehén lo que hace que sigas leyendo, cosa que no me pasa, por un poner, con personajes como la propia Patrulla X. Porque sin Claremont habían perdido la voz, y por eso no soportaba leer a Lobdell o a Nicieza. Eran facfiction, eran mentiras, la ilusión se había roto por completo. Y es lo curioso de todo esto, que treinta años después, estoy leyendo los 4F mes a mes y la serie me está encantando; el dibujo no siempre es de mi agrado, pero los guiones son estupendos, son exactamente lo que necesita una serie como los 4 Fantásticos. De vez en cuando tuerzo el morro por alguna cosa, pero es una de esas series que me gusta tanto que me aterra la perspectiva de que su guionista deje de escribirla. Y en el otro lado, tenemos los Uncanny X-Men de Gail Simone.

Lo reconozco, hubo un momento en el que bajé los hombros y me rendí. Claremont lleva veinte años sin escribir Uncanny, y por el camino me he tragado los X-Men de Morrison, Fraction (los de Brubaker no los leí enteros en su momento, cada vez que Claremont deja Uncanny suelo guardar cierto duelo) Gillen, Aaron y nosecuantos más que vinieron después. Y, sabiendo que Claremont no volvería, me revolqué en la nostalgia de Aaron, en el refrito, en cómics que reeditaban esas historias. Marketing estudiado que, en última instancia, no era lo que realmente estaba buscando, porque éso sé que no volvería jamás. Y, sin embargo, llega Gail Simone y me pone en el centro el matrimonio de Gambito y Pícara -el cual aborrezco porque aborrezco a Gambito, para mi es un clon de Mister Siniestro- y a unos críos nuevos que pertenecen a una generación que ni siquiera entiendo y… Aquello hace click. Y me pregunto si no será porque está tirando de mi nostalgia, de integrar New Mutants con Uncanny X-Men. Trato de verlo desde un punto de vista meramente analítico y no se puede negar que Gail Simone sabe mimar sus personajes, sus tramas maduran a la velocidad adecuada y sí, el estudio que ha hecho de lo que hacía funcionar a Claremont es más que acertado. No está trayendo algo realmente nuevo o radicalmente distinto, pero ha ido marcando sistemáticamente todas las casillas de la etapa de Claremont y Smith; adolescentes corriendo por la casa, los miembros veteranos teniendo aventuras con el Profesor fuera de juego (está otra vez en el espacio), secundarios humanos que no tienen nada que ver con las guerras mutantes y, por fin, la Patrulla X enfrentándose a todo tipo de amenazas, no solo mutantes pirados genocidas y antimutantes pirados genocidas. Enemigos nuevos y enemigos clásicos asomando de vez en cuando, el estudio es perfecto, sé que en el fondo es un refrito, pero… Funciona, me gusta.

Así que lo único que me salva de pensar que estoy consumiendo un producto hecho a través de un estudio de mercado, es el hecho de que Gail Simone es quien es porque ha leído a Chris Claremont y ama su trabajo con locura. De ahí han salido sus Birds of Prey y todas sus demás series, siempre ha entendido lo que hacía click en sus series. No, no es las ideas locas de Claremont, sus diálogos no son tan eléctricos, pero no se puede negar que sean buenos cómics. Que tienen un plus nostálgico -que la nostalgia, la identidad creada, es fascismo- pero funciona. Es un buen cómic, y los cómics buenos, los buenos de verdad, es lo que tiene, que los puede leer cualquiera al margen de su identidad -la creada por el marketing o no- y disfrutar con ellos. De verdad, leed la Patrulla X de Gail Simone. Merece la pena.
Y ya que estamos, los 4F de Ryan North, porque cada mes es un puzzle nuevo.

Creo que no escogemos los comics que permanecen en el recuerdo, pero son lo que damos por canónicos. El resto podrían ser fanfiction, la de otro fan que no somos nosotros pero, es más, casi todos los lectores de largo recorrido hemos construido nuestro propio fanfiction en nuestras cabezas. En algún momento trazamos una línea imaginaria que conecta los X Men originales con la etapa seminal e incontestable de Claremont y, a partir de su salida, vamos dando saltos seleccionando las etapas que en nuestro cerebro continúan dignamente la historia. Creo que descartamos historias que nos chirrían, como si nunca hubieran existido (Lobezno: Origen) e incluso integramos ideas locas que tuvimos nosotros mismos en algún momento para construir un imaginario que, lo más curioso de todo, creemos colectivo, porque para cada uno es “la verdadera historia” de esos personajes, aunque solo esté en nuestra cabeza y no responda a la realidad editorial.