Una semana más me siento impulsado, sin motivo ni causa aparente, a hablar de los cómics de Green Lantern, un cómic que (casi) siempre me ha gustado por su enfoque cósmico y las aventuras en el espacio que vivían Hal Jordan y el resto de sus camaradas. Y hoy quiero hablar de un cómic en concreto que es muy especial para mí, ya que se trata de la primera toma de contacto que tuve con esta serie hace más años de los que quiero calcular, el número 156 del vol. 2 de la serie que aquí en España fue el segundo número de la edición de Zinco. Así que lo que toca hoy es nostalgia de la buena con Mike W. Barr y el grandísimo Gil Kane contándonos cómo Hal Jordan acabó encontrándose en un lugar en el que nada era lo que parecía y unos villanos alienígenas se escondían bajo formas humanas… De qué me sonará eso.

Hal Jordan estaba patrullando los rincones más alejados de su sector cuando una llamada mental le dirigió hacia un lejano planeta a billones de años luz de la Tierra, y que era idéntico a esta en todos los aspectos.

Y no solo en los aspectos generales de su geografía, sino que incluso existía una Coast City con la base de Ferris Aircraft en la que se encontraban Carol Ferris, Tom Kalmaku y el resto de la gente que conocía.

Pero Hal era un GL demasiado experimentado como para dejarse engañar así e inmediatamente asumió, y con razón, que todo eso era un engaño de algún tipo. Y cuando utilizó el poder de su anillo para obligar a los duplicados de Carol y Tom a revelar la verdad, estos asumieron sus grotescas formas auténticas y le desintegraron.

Aquí es donde el cómic se vuelve más interesante, o más bien un disparate. Hal obviamente no había muerto, solo se había hecho invisible para escapar de sus atacantes y había adoptado ropas de calle para poder camuflarse entre esos duplicados terrestres. Unos seres que eran en realidad Pharoides, unos seres que odiaban tanto a sus vecinos del planeta Dalgova que habían transformado su mundo y a ellos mismos en réplicas de la Tierra y sus habitantes para prepararse para una invasión.

Y tras infiltrarse con éxito en la Tierra, reemplazando a las personas que habían duplicado, planeaban instalar en la Tierra maquinaria que les permitiese mover el planeta por el espacio y convertirlo en un proyectil gigantesco con el que destruir el hogar de sus enemigos.

Y yo puedo entender la parte del odio, puedo entender el querer acabar con sus enemigos para siempre, pero tiene que haber formas menos enrevesadas de hacerlo. Porque hacer todo eso para convertir en proyectil un planeta que se encuentra a un BILLÓN DE AÑOS LUZ no tiene mucho sentido, ya que debe haber mundos deshabitados mucho más cercanos que no requieran complicarse tanto la vida simplemente para lanzar una roca gigante. Pero ese es el encanto de los cómics viejos, no dejaban que una premisa absurda se interpusiese en el camino.

Tras descubrir todo esto Hal descubre que quien le había enviado ese mensaje mental era Trigus, uno de los Pharoides, quien no parecía ver mal el cometer un genocidio contra sus ancestrales enemigos de Dalgova, pero le parecía feo destruir la Tierra y a sus habitantes, ya que estos no tenían nada que ver con su conflicto. Que igual no es la postura moral más recta, pero al menos iba por el buen camino.

Mientras tanto, en Dalgova sus habitantes estaban ocupados con sus propios planes de destrucción, y tenían un arma llamada GAS GENOCIDA, que planeaban lanzar sobre el mundo de los Pharoides para acabar con estos. Que al menos hay que reconocerles que no se andaban con disimulos a la hora de nombrar las cosas y eran de lo más directos.

Pero Hal Jordan era igualmente directo, y tras arrebatar a Pharoides y Dalgovianos sus armas de destrucción masiva y destruirlas, valga la redundancia, secuestró a los líderes de ambos mundos y les propuso una solución que siempre ha sido mi parte favorita del cómic y una que jamás he olvidado. Este les dice que si quieren matarse entre sí que adelante, que lo hagan, pero que lo hagan a la antigua, armados con palos, cuchillos, martillos, etc., nada de armas genocidas.

Una propuesta que, como les recalca Hal, les obligaría a mirar a la cara a sus enemigos mientras les matan, escuchar cómo se rompen sus huesos, etc., en lugar de exterminar a una raza entera a distancia desde la seguridad de su mundo. Y de pronto esto ya no les gusta tanto y se dan cuenta de que llevan tantas generaciones odiándose y matándose mutuamente que ya ni recuerdan los motivos por los que empezó todo ese odio. Por lo que Hal les hace una segunda propuesta, obliga a los altos cargos de ambos ejércitos a sentarse a dialogar para llegar a un acuerdo pacífico.

Y aunque es cierto que la premisa y su resolución son tremendamente simples, como si se tratase de un episodio de la serie original de Star Trek, incluyendo el que no lleguemos a ver si estos dos mundos llegan a firmar la paz (en dieciséis páginas tampoco es que se pueda contar mucho más), el mensaje detrás de esta historia sigue siendo de lo más válido y tristemente actual. Cada día vemos en televisión lo fácil que resulta aniquilar a personas con misiles, drones, etc., y no me cabe duda de que si quienes ordenan esas cosas tuviesen que plantarse en el frente armados con un palo se replantearían muchas cosas. Por desgracia, en el mundo real no existen estas soluciones facilonas, y me cuesta compartir ese optimismo de Hal sobre que seres capaces de plantearse aniquilar un mundo entero sean buenos en el fondo, pero si le tengo que conceder que con eso de que hacer la paz es la verdadera prueba de seres civilizados tiene toda la razón del mundo.

Por cosas como estas es por lo que me encanta bucear en la nostalgia de la buena, porque incluso en casos como estos en los que de adulto se aprecian las costuras del guion de Mike W. Barr que no veía de niño, el mensaje del cómic sigue siendo perfectamente válido, sobre todo en estos tiempos en los que es imposible ver las noticias y no encontrarnos con guerras que son una realidad o constantes amenazas de las que vendrán en el futuro. Pero también me encanta recuperar estos viejos cómics por el sentido de la maravilla que aún poseen, en donde las premisas pueden ser ridículas, pero en los que todo parece posible.

Hal no será el mas listo pero años de experiencia en el espacio y luchar con todo tipo de razas le ha hecho que tenga una astucia , sabiduría y capacidad de adaptación tremendas.
Es por eso que nunca trago el Big 7 porque tienen que hacer que Batman sea el listo aunque Batman de alienígenas conoce muchísimo menos que Clark o Hal. Como poner a Bruce a explicarle a Barry o Wally conceptos multiversales/viajes en el tiempo , o a Diana o Billy cosas de magia.
Sobre los 80s , hay algo que siempre me encanta de esta epoca de GL, habia tomado cosas de la etapa de O’neil pero seguia teniendo parte del tono de la edad de plata, lo cual daba lecturas divertidas y con mensajes que ojala mas gente entendieran.
La cuestión es que tiene que hacerse que Batman sea astuto y elmejor táctico, pero sin que los demás parezcan imbéciles.
Hay una historia muy buena de John Ostrander en que se ve la primera misión de Batman con la JLA, y se ve claramente que todo es más rápido y eficiente con Wayne dando consejos, pero que la Liga era perfectamente capaz de solventar el asunto ellos solos (Gorilla Grodd y una horda de monos con metralletas atacando el Pentágono).
Se puede explicar la decisión de los faroides de varias maneras:
Opino que Green Lantern está creado para esa clase de historias tan Silver Age y space opera o lo que quieras. Por eso cuando Flecha Verde se llevaba a Hal Jordan a recorrer América éste parecía tan desorientado.
Siendo honesto Hal ya recorría América en la etapa de Broome cuando dejó su empleo, iba de un lugar a otro buscand maneras para vivir de piloto.
Su problema es que a veces su conexion con la humanidad flaqueaba, como abandonar un trabajo porque «quizás pasaría como con Carol» al conocer la hija del jefe o no ir a la boda de Barry.
Hal es un crack como Green Lantern, pero como Hal Jordan es un poco desastre.
Por un momento creí que decías que Hal no fue a laboda de Barry… ¡Menudo feo!
En el numero 49 de linterna dice que se la perdió al estar en el espacio durante la ceremonia(y para justificar que no aparecio en el numero)
¡Será perro! Seguro ue lo hizo para ahorrarse el regalo de boda, el tío rata…Con todas las veces que Barry le prestó cien pavos (y no se los devolvió)…
Mike W. Barr no es lo suficientemente reivindicado para la cantidad de cómics chulos en los que estuvo en los ochenta (Maze Agency, DC Comics Presents, Detective Comics, Batman, Batman y Los Outsiders, Batman: Año Dos, Batman: Hijo del Demonio, Tales of the Green Lantern Corps, Camelot 3000, Star Trek,…) y primeros noventa.