La DC actual sigue en muy buena forma, ofreciéndonos títulos con enfoques de lo más imaginativos que nos permiten reencontrarnos con personajes conocidos desde una perspectiva bastante diferente a lo habitual, y en esta ocasión le ha tocado a The Demon. Aquí James Harren, junto con el colorista Dave Stewart, nos muestran una faceta muy distinta de una de mis creaciones favoritas de Jack Kirby para DC, en la que todos los elementos básicos de aquella serie se mantienen, pero dándoles una vuelta de tuerca que consigue que este cómic resulte algo fresco y no un simple refrito de lo que ya conocíamos. Así que, sin más preámbulos, vamos a ver qué es lo que nos podemos encontrar aquí.

Además de la plaga que supone el crimen organizado o los villanos tan ridículos como letales, Gotham sufre además una infección demoníaca oculta a los ojos de los mortales. Pero nada de eso escapa a la vigilancia de Jason Blood, un inmortal que apenas recuerda su pasado, pero que ha consagrado su vida a luchar contra las fuerzas del infierno y a no permitir escapar al demonio aprisionado en su interior. Y al negarse a recurrir a ese poder que no se atreve a desatar sobre la Tierra, tiene que hacer frente a las incontables huestes demoníacas que asolan la ciudad armado solo con sus conocimientos en las artes místicas y un puñado de artefactos arcanos, herramientas que quizás no sean suficientes para hacer frente a Morgana le Fay y a los demoníacos amos a los que sirve…

Jason Blood y Etrigan son unos personajes que me han fascinado desde que los descubrí hace ya muchos años, porque, aunque son unos más de los herederos de Jekyll y Hyde, una dinámica que tanto juego ha dado en la ficción, incluido el cómic de superhéroes, Jack Kirby lo llevó un poco más allá haciendo que, en lugar de ser dos caras de la misma moneda, o uno la rabia reprimida del otro, fuesen dos seres independientes condenados a estar unidos eternamente y que han mantenido una relación muy cambiante a lo largo de los años y diferentes equipos creativos. Por eso sentía muchísima curiosidad por esta nueva serie, ya que en los avances ya quedaba claro que James Harren no quería reinventar algo que ya funcionaba, sino mostrarnos una nueva cara de la compleja relación de estos dos seres.

Porque, por encima de todo, si algo desprende este cómic es un respeto y cariño enormes por el trabajo de Jack Kirby. La relación de Jason y Etrigan es tan tirante como siempre, con este último siempre tentando a su prisión mortal para que recite el poema que le liberará, o Blood dedicando su vida a proteger a los inocentes. Y estas no son las únicas caras conocidas aquí, toda la ridícula, extravagante y genial galería de villanos creados por Kirby hace acto de presencia ya en el primer número, liderados por una Morgana le Fay que ha visto mejores días, y conservando todos ellos esos diseños kirbyanos que siguen sin pasar de moda.

Pero Harren no se limita a hacer aquí un ejercicio de nostalgia facilón, sino que, a partir de los cimientos creados por Kirby, nos ofrece una perspectiva más sombría, moderna y a ratos melancólica. Así es como nos encontramos con que los servidores de Morgana, pese a que disfrutan del poder e influencias que les ha garantizado su pacto con el infierno, no tienen ningún interés en desatar este sobre la Tierra, ya que se sienten muy cómodos explotando las vulnerabilidades de la humanidad en su propio beneficio.

Mientras que Blood, por su parte, se nos muestra aquí más humilde que nunca, convertido en un vagabundo que arriesga su vida una y otra vez para proteger a quienes lo necesiten, sin recordar por qué lo hace, solo porque siente que es lo correcto, mientras resiste la tentación de liberar a ese Etrigan que es una voz constante en su cabeza tratando de manipularle y minar su resistencia para ser libre de nuevo.

Este The Demon es un cómic con un tono aventurero muy marcado, con un Jason Blood casi quijotesco armado de forma precaria para hacer frente a enemigos que le superan, todo envuelto en una atmósfera de un terror muy clásico que parece beber de incontables influencias, desde el cine de la Hammer al de Guillermo del Toro o el Hellblazer de los noventa. Y el resultado de esta mezcla de elementos clásicos y una nueva perspectiva da como resultado un cómic que es una mezcla bastante interesante, en la que Harren ha sabido aunar a la perfección todas estas influencias tan dispares para darnos uno de esos cómics que más que leer se devoran.

Y no podemos olvidar su apartado artístico, donde James Harren demuestra que es un autor completo de lo más interesante. Las influencias de su estilo gráfico parecen ser tan dispares como las de sus guiones. Este ha citado en entrevistas que entre sus influencias se encuentran el propio Jack Kirby (aunque más en la intencionalidad que en lo visual), Frank Quitely, mangakas como Junji Ito u Otomo, el tokusatsu japonés o cineastas como el ya mencionado Del Toro, Sam Raimi, Terry Gilliam o Miyazaki, y es cierto que no es difícil reconocer dichas influencias en distintos momentos de este mismo cómic.

Pero, influencias a un lado, lo que nos encontramos en cada página de este cómic es una puesta en escena sobrecogedora, en la que no tiene problemas en alternar entre un realismo mágico demoníaco o el horror cósmico, con un estilo que a veces roza lo caricaturesco sin que ello suponga que los personajes, tanto los que parecen humanos como los que no, pierdan su expresividad, y un dominio de la acción envidiable. Algo que complementa a la perfección Dave Stewart, un colaborador habitual de Mike Mignola con experiencia sobrada en dar vida a esos mundos mágicos y que aquí demuestra una vez más por qué es uno de los mejores coloristas en activo. Aquí recurre al máximo al contraste, jugando con una paleta de colores apagados para representar el mundo real y otra de colores vivos y brillantes para los villanos y sus demoníacos secuaces, que funciona mucho mejor de lo que uno podría pensar.

Pero, aunque DC sigue pasando por un gran momento editorial y estoy disfrutando muchísimo con estas nuevas series, me apena que todas estas propuestas algo más experimentales como The Demon, Deadman, Firestorm, etc., se estén reservando solo para los personajes y series que no son de primera fila, porque es algo que sería de lo más beneficioso para toda la línea editorial, buscar grandes autores que no hagan lo de siempre y darles rienda suelta a ver qué sale de ahí. Pero, mientras eso no suceda, al menos nos queda el consuelo de que podemos seguir disfrutando de estos grandes cómics que en su rinconcito del Universo DC consiguen recordarnos que el cómic de superhéroes es algo muchísimo más versátil de lo que muchos quieren que sea.

Tiene muy buena pinta. Ya me había atraído con la promo inicial de DC.
A ver si Panini nos lo trae el próximo año y no hay que recurrir a pillarse el tomo en lengua extranjera.