El otro día alguien me recordó aquello de la identidad creada, sobre cómo nuestra sociedad nos crea una identidad a partir de ciertos elementos de la misma. Dentro de aquello que decía Ortega de que uno era él mismo y su circunstancia, lo cierto es que, por poner un ejemplo, los chavales de hoy en día asocian su identidad al sistema operativo de su teléfono móvil, igual que otros lo asocian a su consola de videojuegos y, antes de todo aquello, hasta a la marca de zapatillas que llevaban. Que alguno había.

Y ésto es algo que se extiende al cine que vemos o los tebeos que leemos. Ya a principios del siglo XX y con Henry Ford todavía siendo el gran magnate de su época -pero igual de miserable como los actuales, que nadie se engañe- la escuela de Frankfurt hablaba de como en los tiempos postindustrialización la identidad del individuo venía condicionada por la propia industria y los vienes que consumía, especialmente si era el mercado el que le había creado su necesidad de poseerlos; el consumidor acababa siendo otro objeto moldeado por la industria, porque sus deseos para reafirmar su identidad derivaban de llevar una camiseta con su marca favorita. De ahí viene que la gente lleve camisetas de Marvel, compre figuras de DC o vea películas de Spawn. Bueno, eso último tampoco tanto, pero tampoco me explico de otra forma como es posible que la gente le vea gracia a un bicho tan feo. Así, en realidad estamos hablando de una alienación; hemos consumido historias desde antes de la palabra escrita, y estas nos han condicionado, nos han formado como personas. Una de las actividades favoritas de la gente en redes sociales es seleccionar una serie de películas o libros que los «han construido» como personas, algo que le encanta a las agencias de marketing porque les proporciona estudios de mercado gratuitos. Pero a la vez, es cierto, para bien o para mal, las historias nos educan, Chris Claremont nos ha educado a muchos. Y la nostalgia viene mucho de esa época de descubrimiento en la que nos faltaba conocimiento y cinismo para ver lo recalentado, para notar que la ética que nos planteaban podía hacer más om menos agujeros, o la jeta que tenía Alan Moore al terminar V de Vendetta justo en el punto en el que supuestamente empezaba la reconstrucción de la sociedad. Spoiler: si queréis saber como continúa V de Vendetta, solo tenéis que leer qué pasó en Francia durante el terror revolucionario o durante los diez primeros años de la revolución rusa hasta que Stalin asomó su inmundo bigote. No es bonito.

La cuestión es que, igual que muchos eran de Nintendo y otros de Sega, igual que muchos eran de Apple y otros de PC, muchos son de Marvel y otros de DC. No hace falta una ingeniería de marketing sofisticada para provocar esos brotes identitarios, simplemente una buena experiencia leyendo Spiderman y una mala leyendo Batman pueden provocar que alguien decida que el primero es mejor que el otro. Que, poco a poco, te conviertas en un marvel zombie o lo que sea lo que se llamara su opuesto. Y, lo cierto es que no era difícil convertirse en un zombie de Marvel, porque lo que estaba haciendo gente como Jack Kirby era algo más desmelenado, más interesante que lo que estaban haciendo los pobres autores explotados por Mort Weisinger. Sí, en la parte de Julius Schwartz hay cómics bastante interesantes de gente como Joe Kubert o Arnold Drake, pero hasta que llegan los Neal Adams y Denny O’Neil, National Comics no tiene color con su competencia. El que en los 60 se creara mucho zombie marvelita es lógico, si ya le sumamos el hecho de que la distribución de los cómics de Marvel en el resto del mundo solía ser mejor (salvo en latinoamérica, vete a saber por qué) provocó que, en casos como el español de los 80, el grueso de los lectores de superhéroes tiraran más por Marvel. Marvel y Conan, la dupla perfecta que hizo de oro a Planeta en una época en la que todas las editoriales de cómics caían como pichones. Para cuando llegan los 90 y la producción de Marvel ha caído a uno de los niveles más bajos de la historia, uno que ninguna editorial extranjera hubiera comprado sus derechos de no ser por las viejas glorias, Marvel ya está tan establecida en el mercado español que es intocable. Puede caer Conan, Spiderman o los Vengadores, pueden desaparecer los 4F porque la serie se ha convertido en un insulto a sus lectores, pero todas las series de mutantes se siguen editando mes a mes, en un formato hasta más caro y con mejor papel que antes. Hasta X-Man se siguió editando, porque oye, lo de los mutantes ya era parte de su identidad. Es «mi serie».

Si algo ha demostrado internet es precisamente éso, que «mi serie» es algo que seguiré leyendo pase lo que pase. Seguiré comprando los 4 Fantásticos por Jack Kirby, John Byrne, Walter Simonson y Ryan North. Seguiré siempre, caiga quien caiga, pase lo que pase. Y ahora me pongo la medalla, sí, dejé los 4F cuando descubrí que la encantadora esposa de Johnny Storm era un apestoso skrull. No soporté el cambio de autores y todo eso, y ahora podría decir que eso me hace independiente y ser mejor persona, si no fuera porque… Por supuesto que acabé volviendo. Echaba de menos a Reed, Sue, Ben y Johnny, y necesitaba saber que había sido de ellos. Aunque del mismo modo, cualquier cosa que saliera bajo la cabecera de X-Force para mí era un insulto a todo lo humano, con lo que a dia de hoy reconozco que no he leído la mayor parte de X-Force hasta la llegada de Milligan, ni casi nada de Cable hasta la etapa de Soldier X. Volví a los 4F cuando supe que DeFalco se iba, cuando Pacheco los dibujaba, cuando Jim Lee los dibujó. Mentiría si dijera que me horrorizó Heroes Reborn, para mí aquello era gloria bendita porque por fin tenía un cómic de los 4F fuera de las garras de DeFalco, y lo mejor de todo es que sabía que después de aquello vendría Alan Davis.

Yo creo que volvemos a la librería como el adicto vuelve a su camello; para volver a sentir lo que se siente con la primera dosis.
Cuando leí V de Vendetta quedé horrorizado por cómo torturaba a Evey y lo consideré un lavado de cerebro.