Después de lo que habíamos estado comentando las últimas dos semanas con lo de Claremont y las tropelías de Bill Jemas, suena a broma que el siguiente artículo a la entrevista de Claremont del número 22 de Wizard fuera precisamente otra a Joe Quesada, un tipo que prácticamente había salido de la nada y ahí estaba, dibujando el Factor X de Peter David. Claro que, en aquel momento, los mutantes gubernamentales acababan de quedar huérfanos porque Peter David había dejado la serie por un malentendido de nada con Bob Harras, con lo que Joe Quesada se había quedado solo en la serie con… Scott Lobdell.

Normalmente, cuando escribo uno de estos posts, trato de encontrar elementos que sean interesantes para vosotros. Algo que vaya más del mero material publicitario de la época, porque todas estas entrevistas se hacían para venderte algo. En el caso de Joe, el hombre estaba vendiendo la idea de que era un autor «hot» que venía de hacer The Ray y Azrael con Denny O’Neil. Según él, todos esos proyectos eran un sueño, igual que trabajar en «cualquier» título de mutantes. Para el Factor X era una de las cotas más altas de su carrera, sin ser consciente de que la etapa de David iba a ser el canto del cisne de Factor X y tras ella empezaba un irremediable descenso a la irrelevancia: «Peter no podía trabajar con la agenda y los crossovers que son parte de las series X. Es un auténtico contador de historias, y no podía concebir el trabajar en una serie que tenía que parar sus tramas pronto para trabajar en el crossover del mes. El problema es que los editores tienen que hacer el crossover porque producen un montónd e dinero para Marvel, y Marvel necesita más». Un tipo diplomático y conciliador, pero más tarde añade «(David) seguramente todavía haga algún proyecto mutante, alguna miniserie con miembros de Factor-X, por ejemplo». Y la verdad, no dudo que David igual se abrió a esa posibilidad, pero en aquel momento estaba tremendamente enfadado con Harras después de que le hubieran obligado a escribir tres números de gente pegándose en una serie en la que quería desarrollar personajes y tramas de espionaje gubernamental. De hecho, el famoso número 87 de Factor X, ése en el que todo el grupo pasa por el diván, lo escribió en parte para resarcirse por tanta tontería de crossover, tratando de recuperar el estado psicológico de los personajes y el tiempo perdido en tonterías. Aun así, y con todo lo bien apreciado que fue el cómic, Harras no tardó en hacer de las suyas y a los dos números Peter David dejaba la serie sin reescribir el número 89, con lo que en los números siguientes Lobdell tuvo que parchearlo todo para que se correspondiera con los deseos de Bob Harras.

Y a partir de aquí Quesada habla de que aunque no hayan encontrado un sustituto permanente para David, piensa quedarse en la serie porque vienen muchas cosas interesantes como nuevos miembros del grupo, rediseños de los uniformes y «una atmósfera completamente distinta». En eso último tiene razón, la hubo por completo. El bajón de calidad de la serie fue tan fuerte que hasta un «company man» como Quesada tuvo que salir por piernas, a pesar de que en aquel momento era un freelancista más; la serie quedó rota por completo, hasta el punto de que el verdadero sucesor de David, JM DeMatteis, acabó convirtiendo la serie en algo totalmente distinto, con otros protagonistas (Mística, Forja) y que sí, tenía una trama política, pero nada del BWA-HAH-HAH que uno podía esperar. Para entonces ya hacía varios meses de la partida de Quesada, que ya en esta entrevista hablaba sobre sus múltiples proyectos futuros y simultáneos en DC y Valiant: «Mi otro sueño es crear un personaje que perdure como Spiderman o Batman. ¿Ocurrirá otra vez (supongo que se refiere a Azrael, porque The Ray no se puede decir exactamente que sea una creación suya)? No lo sé.»

Y nada más reseñable. Quesada sale de la entrevista hablando de sus múltiples proyectos, pero lo cierto es que Peter David fue el siguiente cadáver literario de Bob Harras y el enésimo caso de Scott Lobdell llegando a última hora a remendar la situación. Con Claremont y Simonson fuera de la ecuación y David fuera, el último guionista decente que quedaría en los mutantes sería Alan Davis, en una serie que de por sí no era de mutantes -Excalibur era más bien otra cosa- y que por ello se había podido librar de los dichosos crossovers. lo malo es que Davis se iría a mediados de año (más o menos por la época) con lo que Lobdell tendría que correr a sustituirlo también (empiezo a preguntarme si también le reparaba las cañerías de su casa a Harras cada vez que tenía una obstrucción) y Excalibur se convertiría en una de las peores series de la editorial, en uno de los mayores contrastes de etapas que se haya visto jamás en un cómic de Marvel. Y ésto no fue lo peor…

Porque sí, ese mismo es el verano de la resurrección de Superman, que a su vez marca el estallido de la burbuja especulativa y las vacas gordas. A pesar de que probablemente recibió buenos cheques de royalties de Azrael, The Ray y X-Factor, Joe Quesada no llegaría a aprovechar realmente las vacas gordas y su personaje de creación propia Ash y su editorial, Event Comics, llegarían un tanto después, con lo que tuvo que apañarselas a su manera para llegar «a lo más alto». Ay…

Lobdell en esa época era una especie de bombero al que acudían cuando las series quedaban huérfanas. Así ha quedado su nombre asociado a esa era (y no para bien: en Fanhunter unos años después un personaje bromeaba sobre que su pesadilla recurrente era que Lobdell volviera a escribir mutantes).
Tras años de un editor muy correcto (Shooter), la editorial daba unos bandazos tremendos.