EN EL QUE LOS DIOSES SE JUNTAN PARA HABLAR DEL DESTINO DE DIÓGENES, Y TAMBIÉN PARA PEDIR COMIDA
Sabe, oh Príncip… Digoooo Musa, la historia de aquel tipo que jamás salía de su casa pero un día salió y no veas la que se lió, que anduvo dando vueltas mucho después de las tres de la mañana; vio muchas calles que ni le sonaban y conoció gente turbia, y dolores sufrió sin cuento porque no tenía un céntimo y el hambre apretaba. Más no consiguió saciarla, como mucho beber un par de gotas de un charco, porque el alcalde era un pelín hijoputa e insensato, ¡loco! y tenía cerradas las fuentes en pleno verano, para así forzar a los incautos a gastar sus dineros en una terraza o chiringuito. Diosa, hija de Odín, de Belenos o de quién seas, cuéntanos algún pasaje de estos sucesos.
Ello es que todos los demás, cuantos habían quedado en casa viendo el mundial, estaban lógicamente en casa, dejando atrás el fútbol y las tonterías. Sólo él estaba privado de regreso y esposa, básicamente porque ninguna había que le aguantara, y lo retenía bajo un puente el perverso trasgo M’Rabo, mamarracho entre mamarrachos, hediondo y soez como pocos, deseando que fuera su esposo.

Y el caso es que cuando transcurrieron los años y le llegó aquel en el que los dioses habían hilado que regresara a su casa y dejara esta condena llamada Brainstomping, ni siquiera entonces estuvo libre de pruebas; ni cuando estuvo ya donde lo suyo. Todos los dioses se compadecían de él excepto Mammon, que era un pelín hideputa y rencoroso con el pobrecito Diógenes hasta que llegó a su casa.
Pero había acudido entonces junto a los fans de Zack Snyder que habitan lejos (los fans de Zack Snyder que están divididos en dos grupos, unos que están ciegos y los otros que directamente son imbéciles y probablemente también ciegos), para asistir a una hecatombe de toros y carneros en sanfermines; en cambio, los demás dioses estaban reunidos en el palacio de Thor, que es el dios al que rezan todos los dioses. Y comenzó a hablar el hijo de Odin y padre de pocos, pues se había acordado del irreprochable Chris Claremont, al que le habían ninguneado en Marvel durante años como si fuera un personaje del Nuevo Universo cualquiera. Acordóse, pues, de este, y dijo a los inmortales su palabra:

-¡Ay, ay, cómo culpan los mortales a los dioses!, pues de nosotros proceden los males, pero nosotros no engendramos a Rob Liefeld. Que también ellos por su estupidez soportan dolores más allá de lo que les corresponde. Así, ahora Claremont no tiene una serie donde caerse muerto -cosa que no le correspondía, porque forjador de grandes leyendas es y mejor persona- y lo único que le dejan tocar de vez en cuando es una serie limitada mientras John Byrne publica su fanfic trasnochado de treinta números. «Que habrá una venganza por parte de John Byrne cuando sea anciano y sienta nostalgia de trabajar en Marvel». Así le avisó Ann Nocenti, más con tener buenas intenciones no logró persuadir a Claremont y el pobre se quedó haciendo la Patrulla X unos años más hasta que los bárbaros imagineros mancillaron todo su trabajo. Y ahora Claremont no las ha pagado todas juntas, porque lleva recibiendo puñaladas durante décadas.

Y le contestó luego la diosa de los ojos brillantes, Ororo:
-Tampoco exageremos, que Claremont tuvo su X-Men Forever y multitud de oportunidades, pero vendía más el delirio noventero de Brubaker que los tebeos de Claremont, porque el público se ha vuelto imbécil y a la postre, subnormal profundo. Pero es el prudente Diógenes por quien se acongoja mi corazón, por el desdichado que lleva mucho tiempo sin encontrar la puerta de su casa y para colmo se olvidó la llave por dentro, sufriendo todo este tiempo en una isla debajo de un puente donde está el ombligo del mar. La isla es asquerosa y en ella tiene su morada un merluzo, hijo de padre incierto, el que conoce las profundidades de la miseria humana y solo busca perjudicar con la insidia y el libelo. El hijo de este lo retiene entre dolores y lamentos escribiendo en Brainstomping, soportando sus vejaciones noche y día, siendo consciente de que si Diógenes partiera, él mismo desaparecería como el monstruo al que mirar no se debe. Pero el pantarujo, que anhela oler la polución de su calle, prefiere morir. Y ni aun así se te conmueve el corazón, Asgardiano. ¿Es que no te era grato Dióigenes cuando vituperaba día sí y día también al malvado Tom DeFalco por mancillar el trabajo de Walter Simonson? ¿Por qué tienes tanto rencor, Thor?

Y le contestó el que reúne las nubes, Thor:
-¡Pero que tonterías dices niña! ¿Cómo podría olvidarme tan pronto del estupendísimo Pantarujo, quién sobresale entre los hombres por su verbo florido y más que nadie ha ofrendado textos a los dioses inmortales que poseen el vasto cielo? Pero Mammonl, que es un hijoputa y un cabrón, mantiene un rencor incesante y obstinado por causa del Cíclope a quien aquél denunció como mal padre y mal esposo, Scott Summers, aquel que ahora blanquean pero todos sabemos que es un desgraciao y Madelyne aún se merece justicia por aquello. Sin olvidar que el niño de Nate nada, se llama Christopher Charles, ¡y de ahí no me bajo! La cosa es que el cabrón del dios Mammon es fan del Scott Summers, y considera que Diógenes ha hablado tan mal de él, que por eso lo ha condenado a andar errante lejos de su querida casa, que es ahí donde guarda sus tebeos que tanto echa de menos. Conque, vamos, pensemos todos los aquí presentes sobre su regreso, de forma que vuelva. Y Mammon depondrá su cólera; que ya aburre y si nos juntamos entre todos lo reventamos a patadas.
Y le contestó luego la diosa de los ojos brillantes, Ororo:
-Padre nuestro que estás en los cielos, supremo entre los que mandan, si por fin les cumple a los dioses felices que regrese a casa el muy versado Diógenes, pidamos enseguida comida a domicilio para celebrarlo, que por mucho que pase hambre nuestro Odiseo nosotros no tenemos porqué también hacerlo. Que luego ya me presentaré yo en casa de Diógenes para empujar a su hijo -y ponerle valor en el pecho- si es que lo hubiera. Y de no haberlo, enfrente a su casa hay un bar estupendo que sirven unas viandas estupendas. Pero si hay hijo, que convoque una asamblea en el susodicho bar y, durante la egreguia pitanza, podremos decidir que hacer con todos sus acreedores que se amontonan sobre su puerta cual gordas ovejas y cuernitorcidos bueyes de rotátiles patas. Luego iré también a Esparta y a la arenosa Pilos, porque me han dicho que están estupendas para tomar el sol en esta época del año.

