Hoy es uno de esos días en los que toca salir de la zona de confort, de la mía al menos, ya que estos días me he leído un cómic que habitualmente no me hubiese leído, el David Boring de Daniel Clowes. Pero ya se sabe cómo son las cosas, un día ves una oferta demasiado buena en una librería de segunda mano y pruebas a ver qué tal, ya que en el peor de los casos siempre se lo puedes regalar a alguien. Pero para mi sorpresa, ya que Clowes era un autor que no me interesaba nada, me encontré con un cómic que no solo no era nada de lo que me esperaba, sino con el que me lo pasé bastante bien. Por lo que vamos a entrar en faena para comprobar lo sano que es de vez en cuando el acercarnos a cosas que normalmente no tocaríamos.

David Boring es un joven atormentado por sus obsesiones, ya sea el misterio sobre la vida de ese padre que le abandonó y del que solo le quedan algunos de los cómics que realizó, su búsqueda de un ideal femenino que se ha construido en su cabeza o el analizarlo todo de tal manera que acaba por no tomar ninguna decisión. Pero la vida tiene otros planes para él, y cuando conoce a una chica que parece la encarnación de todos sus deseos su vida cae en una caótica espiral descendente de la que difícilmente saldrá intacto.

Cuando decía al comienzo que Clowes es un autor que no me interesaba nada lo decía con conocimiento de causa, ya que tras leerme hace años su Ghost Clowes y ser absolutamente incapaz de conectar con la historia o con sus protagonistas, y llegar a cabrearme con muchas de las decisiones que tomaban, renegué del trabajo de Clowes. Pero había pasado tanto tiempo, y había conseguido este cómic tan barato, que me costó no darle una oportunidad, y en esta ocasión sí que he sido capaz de conectar con la historia, o al menos dejarme llevar por ella.

Porque con este cómic no queda otra que dejarse llevar por ese viaje desquiciado y a ratos surrealista en el que se embarca David, o en el que le embarcan más bien, y en el que se ve implicado en acoso, infidelidades, crímenes pasionales y demasiada gente diciéndole lo que tiene que hacer o cómo vivir. Elementos que en condiciones normales darían lugar a un drama intenso, pero que aquí Clowes se lleva en otra dirección más interesante, jugando con lo absurdo de todas esas calamidades, algunas tremendamente retorcidas, que se van acumulando sobre David como si fuese un imán para ellas.

Justo ese planteamiento, junto con el humor negro que asoma a menudo aquí, es lo que realmente me ha conquistado, porque en lugar de encontrarme como me esperaba (o temía) con costumbrismo del depresivo, me encontré con una historia de la que no sabía en ningún momento qué esperar, que me daba una nueva sorpresa cada pocas páginas, y eso es algo que hacía tiempo que no me sucedía con una obra de ficción. Pero además Clowes fue capaz de mantener el equilibrio entre los aspectos más ridículos y los más dramáticos de tal manera, que esa forma tan seria de plantear algunas situaciones tan extravagantes como las que encontramos aquí no hace más que reforzar su efecto.

En cuanto al nivel visual también estamos ante un cómic destacable. Con un estilo a medio camino entre la línea clara europea y el indie estadounidense y un coloreado bitono, Clowes nos retrata este mundo gris en el que se desenvuelve David Boring, en el que como señalaba antes los momentos ridículos se nos muestran con un aire de seriedad tal que provocan una sensación de irrealidad. Y como contraste nos encontramos a menudo con fragmentos de los cómics que realizó el padre de David, dibujados con un estilo que nos recuerda mucho al de los cómics de los años cincuenta, con el coloreado de semitonos incluido.

Y por cosas como estas nunca me cansaré de recomendar el salir de la zona de confort, el probar cosas nuevas a las que habitualmente ni siquiera prestaríamos atención, ya que nunca se sabe dónde podemos encontrar algo que nos acabe fascinando. Y aunque con esto tampoco quiero decir que me haya convertido en un fan de Clowes o que me muera de ganas por releerme su Ghost World para comprobar si con los años lo aprecio de forma diferente, tampoco es algo que ahora descarte del todo, y eso ya es algo.

Me suelen gustar vuestras propuestas alternativas, pero es que aquí no entiendo nada de qué va esa historia. Aparte de que obsesionarse con los propios problemas hacen que te olvides de la vida, aunque estés en la cama con una mujer hermosa. Aparte de eso parece una especie de… ¿descenso en la esquizofrenia?
El dibujo me recuerda mucho a Joe Sacco, el de Gaza.