Por fin ha llegado el esperadisimo (por mi al menos) estreno de Visionquest, una serie que esperaba con ganas y temia que no estuviese a la altura de mis expectativas, pero lo visto hasta ahora me ha dejado claro por el momento que estamos en muy buenas manos. Y aunque suelo estar en contra de ver más de un episodio semanal de una serie, en esta ocasión, y en honor a la dualidad de los hijos de Wanda y Vision, me he permitido hacer una excepción para hablar de lo que nos hemos podido encontrar en este doble estreno. Y cuidado que hay SPOILERS moderados.

Visionquest era una de esas series por las que sentía miedo e ilusión a partes iguales, ya que se trata de unos personajes hacia los que siento mucho cariño, tanto en el cómic como en el MCU, y a que esta es la culminación de esa peculiar trilogía formada por esta, Wandavision y Agatha All Along. Y con todo eso tenía miedo de encontrarme ante algún desastre, sobre todo al no estar Jac Schaeffer, la creadora de las dos primeras entregas, implicada de forma directa aquí. Pero al mismo tiempo confiaba en el nuevo showrunner, Terry Matalas, un creador que ha demostrado con creces lo bien que se desenvuelve en medio de todo tipo de ciencia ficción y que, con el visionado (nunca mejor dicho) de los dos primeros episodios de Visionquest estrenados ayer mismo, ha confirmado que es uno de esos creativos en los que se puede confiar, especialmente cuando se rodean de su equipo habitual.

Uno de los aspectos de Visionquest que más me ha llamado la atención desde el primer instante es el buen trabajo que hacen poniendo al día al público de la complicada vida de Vision en el MCU, con un pequeño resumen de su existencia, centrado en el aspecto emocional de la misma, que entronca a la perfección con la presentación de su vida actual, todo ello sin necesidad de sobreexplicarlo todo hasta la extenuación. El resumen de su pasado se nos muestra casi como un intento del propio Vision de intentar comprender quién es realmente, un tema recurrente en estos dos episodios, mientras que su vida presente alterna entre el llevar una existencia terrenal para tratar de reaprender lo que le conectaba con la humanidad y su vida interior, albergando en su cabeza las diferentes IAs creadas por Tony Stark, su familia. Pero en ningún momento se nos va soltando un monólogo de cómo se ha llegado a ese punto, nos lo muestran en lugar de contárnoslo, nos dejan que vayamos encajando las piezas que nos dan a través del contexto y los diálogos, y eso se agradece.

Y ese es un aspecto que me ha encantado, la dinámica entre todas esas IAs que son en cierto modo una familia, los descendientes virtuales de Tony Stark. J.A.R.V.I.S. en su papel de hermano mayor serio, formal y excesivamente responsable, F.R.I.D.A.Y., la última IA que utilizó Stark en su armadura y que aquí se nos muestra como alguien protectora que trata de ayudar a Vision a volver a ser más humano, E.D.I.T.H., quien, tras estar en las gafas de sol que Misterio le robó a Spiderman para controlar los drones de defensa de Stark, ahora solo vive para divertirse y enseñar a Vision a ser algo menos serio, y Dum-E y U, los brazos mecánicos de Stark que este tenía en su taller y que dan para lo que dan, pero que son muy leales.

Y claro está, también tenemos a Ultron. Y debo reconocer que me ha apenado muchísimo que no pudiesen ocultar su participación en esta serie, porque la revelación (que no es tal para quien haya visto cualquiera de los tráileres) de que hay alguien encerrado en el ático cuya presencia no le gusta a nadie, y comprobar que es ese despiadado villano, a quien aquí no le hace mucha gracia el adoptar un avatar humano, es todo un placer. James Spader, como era de esperar, se come cada escena en la que participa, derrochando carisma y encanto, y resultando también amenazador incluso con esa apariencia de abuelito entrañable que le han dado. Un Ultron que, aunque está tratando de comprender él también a la humanidad y admira muchas de las cosas que esta ha creado, no oculta en ningún momento que aún alberga sus deseos de exterminarla por completo.

Algo que enlaza con otro aspecto de la serie que me ha encantado, lo directo que es todo. Con Ultron, por ejemplo, nos dejan claro desde el primer momento que este sigue siendo un villano maquiavélico y manipulador que está jugando a dos bandas (no hay mas que ver el nuevo poster que encabeza este articulo), algo que no se le oculta ni al público ni a los personajes, aunque sí que este juega con la ambigüedad de sus motivos, pero mostrándonos de forma más que evidente que no es alguien de fiar. Y esa honestidad narrativa de mostrarnos algo así ya en el primer episodio, en lugar de arrastrar esa trama a lo largo de toda la serie, es algo que le agradezco muchísimo a Terry Matalas y a su equipo.

Un aspecto que encontramos también en todo lo que rodea al personaje de Tommy Shepherd/Maximoff. Aquí, en lugar del «misterio» que envolvía a la identidad del personaje de Billy en Agatha All Along, desde el primer episodio nos muestran todo lo que necesitamos saber del personaje, de nuevo recurriendo al tan socorrido «show don’t tell». Así vemos a un Tommy que siempre se ha sentido solo, saltando de un hogar de acogida a otro, ganándose la vida con pequeños timos y robos y tratando de sobrellevar lo mejor posible ese pequeño problemilla de tener dos juegos de recuerdos.

Porque, como ya nos habían mostrado en los tráileres, Tommy recuerda su vida vivida como Thomas Shepherd y, desde hace unos meses (cuando cierto brujo hizo de las suyas), también su breve existencia como Tommy Maximoff en Westview, y eso es algo que cree que le está volviendo loco. Porque no se trata solo de reconciliar esas dos existencias tan diferentes, una de ellas aparentemente imposible, sino el enorme contraste entre la vida que había conocido hasta entonces, con una familia que había muerto o le había abandonado y sin contar con un auténtico hogar, y esa otra existencia idílica con unos padres y un hermano que le adoraban y que, pese a lo real que les siente, no cree que pueda ser real.

Algo que culmina cuando se «reencuentra» con Vision y, de pronto, esa otra existencia que era incapaz de aceptar se vuelve algo tangible, algo a lo que agarrarse en ese mundo que para él se ha puesto patas arriba. Y el poner las cartas sobre la mesa tan pronto en la serie, cuando sabemos que en otras manos esto serían hilos argumentales que se arrastrarían hasta el penúltimo episodio de la serie o incluso más, es otra cosa que agradezco muchísimo, porque una vez que se han quitado de encima el dejar claro todo eso, y aunque sean aspectos que sin duda se van a seguir desarrollando, ahora la serie podrá centrarse en otros aspectos y sin duda comenzar a sorprendernos.

Como esto me está quedando ya demasiado largo, y jugando de nuevo con la dualidad que mencionaba al comienzo, nada mejor que partir estas primeras impresiones en dos artículos y continuar mañana con todo lo que me ha encantado de estos dos primeros episodios de Visionquest, que ha sido mucho, y el único elemento que no me ha gustado absolutamente nada y que preferiría que no se hubiese introducido, pero no todo iba a ser perfecto.
