Superman, los Green Lantern Corps y la importancia de salvar vidas

Si alguien creía que acabaría la semana sin hablar de nuevo de Green Lantern es que no lleva leyendo el blog el tiempo suficiente. Pero hoy no quiero hablar de ninguna etapa significativa o de uno de esos números sueltos que se han convertido en piezas clave de la historia de los personajes, sino de una pequeña aventura cuya relevancia se limita a su autor, John Byrne, y que, a un nivel más personal, me permitió conocer un poco más qué eran realmente los Green Lanterns. Así que toca viajar hasta 1987 para recordar qué sucedió en “Green on Green”, el número 589 de Action Comics.

Esto en Japón lo hubiese petado

En su momento este fue uno de esos cómics que releí una y otra vez, no solo porque Byrne era, y sigue siendo, uno de mis autores favoritos o porque se juntasen personajes que me encantaban, sino también porque, tras la cancelación de la serie regular de Green Lantern por parte de Zinco, la única forma de poder leer algo de los Corps era conformarme con sus apariciones en otras series y las escasas ocasiones en las que algún número de su serie aparecía en algún evento como en Millenium, por lo que pequeñas historias como esta eran más que bienvenidas.

Con lo grande que es el espacio…

Y esta, pese a no contar nada trascendental para la historia del Universo DC, era a su modo una historia muy especial. Superman había quedado varado en el espacio, perdido e inconsciente, tras intentar ayudar a Hawkman y a Hawkwoman a detener la invasión de la Tierra por parte de sus congéneres Thanagarianos. Pero, por suerte para él, fue encontrado por Arisia, quien, junto a algunos de sus compañeros establecidos en la Tierra por aquel entonces, había partido de nuevo al espacio con una misión muy especial.

Como me encantaba esta mezcla tan rara de personajes

Pero la vida de estos personajes nunca suele carecer de complicaciones, ya que, aunque Superman comprobó con alivio que la flota Thanagariana había desaparecido, y dedujo gracias a los Green Lanterns lo que debía haber sucedido, inmediatamente comprobaron que se cernía una nueva amenaza, una gigantesca masa de materia biológica tan grande como un cometa y que se precipitaba contra la Tierra a gran velocidad. Un problema para el que Superman necesitaría la ayuda de todos los Green Lanterns disponibles, solo que no todos lo estaban.

La Tierra parece que es atacada una vez por semana

Aquí es donde entra en juego el elemento de este cómic que, con el paso de los años, y las décadas, me fue gustando más, la revelación de por qué los Green Lanterns que se habían ido a vivir a la Tierra se encontraban en ese momento residiendo en una ciudadela artificial a miles de años luz de su nuevo hogar. Estos se encontraban buscando con desesperación un nuevo hogar para los escasos supervivientes de un mundo que había sido destruido durante las Crisis, los Therils, unos pequeños seres similares a gusanos, aunque inteligentes, a quienes los GL habían encontrado flotando a la deriva en el espacio en un fragmento de su viejo hogar. Pero, pese a que Killowog había conseguido reproducir de forma artificial las condiciones de su mundo, si no les encontraban pronto un nuevo mundo en el que vivir, estos acabarían muriendo y, con ellos, extinguiéndose su especie.

A veces es complicado ayudar a todo el mundo

Ese detalle es el que cada vez he apreciado más, cómo la misión de los Green Lanterns en esta ocasión no consistía en evitar una amenaza cósmica, detener una invasión o enfrentarse a algún aspirante a dictador, sino simplemente salvar un puñado de pequeñas vidas que lo habían perdido todo. Y ver esa dedicación, cómo lo dejaban todo de lado para salvar a unos seres que parecían insignificantes, porque para los GL toda vida es sagrada y su misión principal es proteger a quienes lo necesiten, es algo que me sigue emocionando incluso hoy en día, releyendo este cómic por enésima vez, porque representa para mí no solo lo que deberían ser siempre los Green Lantern Corps, sino el cómic de superhéroes en general.

Para los héroes de verdad no hay inocentes insignificantes

Así que mientras algunos Green Lanterns se quedan con los Therils tratando de encontrarles un hogar, el resto, encabezados por Hal Jordan, se dirigen a la Tierra a toda velocidad a bordo de una nave creada con sus anillos para que Superman (que en aquella época no era tan poderoso como suele serlo) no tuviese que volver a viajar por el hiperespacio sin protección. No tardan en alcanzar a esa gigantesca masa biológica y descubren que, pese a estar viva, no es más que una especie de masa gigantesca de bacterias, sin inteligencia alguna, pero sí con anticuerpos defensivos amarillos, que ya es mala suerte.

Casi parecía que esa cosa les conocía

Tras una larga batalla de los héroes contra esa cosa, con John Byrne y Dick Giordano en plena forma, mostrándonos todo un despliegue de acción superheroica, se revela la verdad sobre esa amenaza, son los restos de una batalla entre Superman y el Phantom Stranger contra una fuerza mística que se alimentaba de la maldad de los muertos enterrados en el cementerio de una prisión (me encantan estas locuras de los cómics) y que había terminado con Superman lanzando el cementerio entero al espacio, orbitando alrededor del sol. Allí la radiación solar, combinada con la materia biológica de los cadáveres y los restos de energía mística, mutaron las bacterias del terreno y crearon esa cosa que se dirigía de regreso a la Tierra. Lo dicho, me encantan estas locuras.

La de cosas absurdas que pasan en los comics de superheroes

Finalmente, la solución es un poco la fuerza bruta, todos los Green Lanterns presentes combinan el poder de sus anillos para frenar el avance de esa cosa, y cuando esto no es suficiente, Superman se les une, e incluso sin poseer un anillo, es capaz de unir su fuerza de voluntad a la de sus compañeros para empujar definitivamente esa extraña amenaza al espacio exterior, donde el frío absoluto del vacío esteriliza el suelo, acabando con las bacterias.

Byrne si se acordaba de la importancia de la fuerza de voluntad

Pero lo mejor llega cuando Salaak se da cuenta de que esa masa de tierra, gracias a la combinación de restos orgánicos, bacterias mutantes muertas, radiación solar y demás, más algo de manipulación de su biomasa, posee las características perfectas para ser el nuevo hogar de los Therils. Por lo que, tras colocarlo en una órbita adecuada y dotarlo de una atmósfera permanente, estos pequeños seres indefensos por fin vuelven a tener un mundo propio. Y difícilmente esta historia podría haber tenido un final mejor, porque al final lo realmente importante no era detener la amenaza, sino salvar vidas, todas las vidas, y eso es algo que no debería olvidar nadie que quiera escribir cómics de superhéroes.

Esto al final es lo realmente importante

Tras esto, Superman y los GLs siguieron sus respectivos caminos, el primero a seguir teniendo un team-up diferente en cada número (cómo me encanta esa etapa por ese detalle) y los segundos a vivir sus aventuras terrestres de la mano de Englehart y Staton, que precisamente justo esta semana se han empezado a reeditar en Estados Unidos. Yo, por mi parte, no puedo prometer que no siga dando la lata con cómics viejos de Green Lantern, que estas últimas semanas me ha dado por repasar mucho sus historias, por lo que sea, así que algo más caerá tarde o temprano, pero siempre vale la pena hablar de buenos cómics.

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