Un detalle importante del conflicto de Chris Claremont con Bob Harras -y por extensión, Marvel- es que en realidad el hombre de la editorial no era el segundo si no el primero, Claremont. Él había trabajado en los 60 con Stan Lee, llevaba asociado a los mutantes desde los tiempos de Roy Thomas y había sido el ayudante del editor jefe de Marvel, Len Wein, por lo que sabía de sobra qué era y en qué consistía el trabajo de un editor. Harras en aquel momento tenía pocas credenciales, trabajo como editor en licencias, el éxito de su Nick Furia contra SHIELD… Pero en el conflicto entre New World/Revlon contra los autores, Harras tenía todas las de ganar porque era el «hombre» de la compañía.

Y aun así, Claremont llega a reconocer las virtudes de un editor fuerte, al recordarnos que en ese mismo momento Mike Carlin estaba realizando una labor de coordinación aún más férrea en los títulos de Superman. Para entendernos, en ése momento Superman tenía cuatro series a cargo de 5 o 6 guionistas distintos, y Denny O’Neil coordinaba una operación parecida en los títulos de Batman, aunque dejaba más libertad a sus escritores. Claremont reconoce que el trabajo de Carlin es mucho más contenido y cohesivo que el de Harras, pero que aun así establece una relación creativa mucho más positiva que la que se produce en los títulos de mutantes; lamentablemente es una excepción y no la regla: «(la mayoría) son editores que no se ven a si mismos como facilitadores si no como participantes activos de proceso de producción. Te dicen que historia se va a contar, la dirección de la serie y el guionista tiene que hacer su idea realidad. (…) Si vas a contratar un guionista para un cómic, déjale escribir. Si quieres escribirlo tú, hazlo tú. No te sientas aquí y lleves los dos sombreros, no puedes. Está mal». Y admite que con una continuidad cada vez larga y convulsa, tal vez sea la única forma que han encontrado para sobrellevar todo eso, pero aun así le parece mal. Que eso les lleva a realizar un trabajo de segunda clase, y que así es como se consigue que nadie -excepto tal vez el personal editorial- tenga la más mínima implicación en el proyecto a largo plazo. «Da igual lo que estés haciendo, puedes estar fabricando coches. Estás produciendo cosas, no estás creando nada. Es la ilusión de la creación».

Ésto me da que pensar, porque Claremont habla desde la perspectiva de alguien que siempre ha trabajado en una industria literaria, pero no desde la perspectiva de quien trabaja en una cadena de montaje. El que trabaja haciendo cómics, siente propiedad de su obra, mira hacia atrás y ve todos los cómics que ha hecho. Si pones tornillos, puedes pensar que esos coches que ves pasar son los tuyos, y estoy convencido de que puede haber un punto de orgullo en ver pasar el modelo que tu ayudaste a construir, pero en mi experiencia… Eso te da igual. Lo que quieres es tu cheque, y cuando tu jefe te suelte frasecitas como que «no te importa el bien de la empresa» te vas a descojonar, porque evidentemente tú estás ahi por cobrar a fin de mes, no por un proyecto mayor. La mayoría de los trabajadores solo quieren cobrar, el tiempo que dedican a su puesto de trabajo es un compromiso que hacen para poder seguir viviendo su vida. Claremont se ha pasado toda su vida haciendo algo que le apasionaba y probablemente hasta vivió demasiado para ello, pero la triste realidad de la industria se le acabó imponiendo. Si un médico hace seguimiento de sus pacientes, muchas veces no es solo porque sea un buen médico que se preocupa por ellos, si no porque si no su trabajo se reduce a oir las penas de los demás y recetarles algo. Si ves que esa persona mejora en su problema, si ves que tu trabajo sirve para algo, eso te va a hacer más feliz en tu puesto de trabajo. De la misma forma y salvando las distancias, Claremont no era un funcionario del cómic que una vez el tebeo se publicaba se olvidaba de él, cuando lees una entrevista suya durante sus quince años en Uncanny X-Men, se le ve defendiendo su trabajo y disfrutando de él constantemente.

Y es precisamente esa ruptura, ese caerse del caballo, lo que provocó que a Claremont no solo le costase volver a escribir cómics, si no que también disfrutar leyéndolos. No ayudaba la bajada de calidad generalizada de aquel momento, desde luego, pero sigue responsabilizando de ello al trauma de perder X-Men. «Hay veces en las que me gustaría divociarme a mi mismo de mi propio trabajo, sobre todo de X-Men. Miro esos cómics y me doy cuenta de que ésta es toda mi vida laboral, hasta hace dos años. Y sólo han necesitado 18 meses para destriparlo como un pescado, destrozar los personajes, matar un montón del reparto y contexto, convirtiéndolo todo en lo que para mí es una parodia de lo que fue. ¿Para qué someterte a todo eso otra vez? ¿Por qué lo haría cualquiera? Y así es como lo reduces todo a hacerlo por dinero». Vamos, que asume la cadena de montaje, pero aun así no acabaría haciéndolo. Dudo que Huntsman o lo que fuera hacer con Image hubiera acabado así y creo que aunque Alien VS Predator era un trabajo alimenticio, su trabajo con John Bolton hacía que tuviera cariño e interés en el proyecto; hay trabajos que no terminan cuando suena la campana, que te los llevas a casa. Hacer cómics es lo que tiene, sobre todo cuando los escribes en tu propio hogar, las ideas aparecen a lo largo de tu jornada diaria, cuando estás intentando dormir, cuando vas al baño… Cuando Claremont estuvo por primera vez en el Salón del Cómic de Barcelona en los 80, una de las peculiaridades que más destacaron de su persona era el hecho de que siempre llevaba una libreta en la que iba anotando ideas. Es una herramienta típica de escritor, pero la realidad que delata es la de que, en el fondo, Uncanny X-Men no era solo 15 años de su vida laboral, era toda su vida. Y ahora, aun con sus novelas y proyectos hipotéticos, Claremont tenía que aprender a vivir sin su centro de gravedad.

«no te importa el bien de la empresa»
Cuanto daño ha hecho esa (y otras frases) parecidas.
El 90% de las personas (y probablemente sea muy optimista) tienen empleos que no le gustan, y es igual que esten bien o mal pagados o que seas bueno o malo haciendolo, si eliges un estudio o una preparacion por el posible sueldo que vas a ganar ya no estas haciendo lo que te apasiona, eso no quita que a la larga puedas disfutarlo, muchas veces como medio de defensa para poder llevar las frustaciones de tu vida.
¿A Claremont le apasionaba su trabajo?. Posiblemente. Pero no lo suficiente para montar su propia editorial de comics. Es mas facil trabajar para otros tienes menos preocupaciones el problema viene cuando crees que la empresa no va a prescindir de ti cuando lo considere oportuno en aras a su propio beneficio.
Un empleado/trabajador es un mal necesario dentro de una empresa, que si se pudiera prescindir de el por otra opcion mas barata se haria de inmediato (como esta demostrando la ia)
Precisamente creo que porque le apasionaba su trabajo no quería estar la mayor parte de su tiempo haciendo otro. A él le gustaba escribir, no llevar una empresa, y es perfectamente lógico que hiciera esto.
Curiosamente por esta época o un poco después empezó a negociar con George Lucas el escribir las novelas de Willow; imagínate que a Lucas se le hubiera ido la pinza en ese momento y hubiera dicho «pues me monto una editorial de cómics» o se hubiese comprado Dark Horse y hubiera puesto a Claremont al frente. No creo que él hubiera aceptado porque estaba muy quemado y quería mantener la propiedad de su trabajo a toda costa, pero…
Me encanta la foto de Claremont firmando Dios ama, el hombre mata en Barcelona. Muchos años después, ya no era un señor canoso sino todo canas, vino a Sevilla y le llevé un comic para firmar. Evidentemente…
Ese viaje dio mucho que hablar y, en cierto modo, es lo que vino a consagrar a Forum como «algo más» que la siguiente Vertice.
Puede que cuando trabajas con algo que te apasiona te sientas más identificado con tu trabajo y lo consideres tu propia obra, pero sigue siendo una empresa.
Suele ocurrir con los empleados de la construccion que cuando ya de mayores ven un edificio te dicen yo ayude construirlo, aunque no les apasionase su trabajo.
Algunos acaban viviendo en ellos y te enseñan las paredes con un brillo en los ojos.
Éso siempre es bonito.
Estuve en Munich hará dos semanas y se veía en mitad de la calle una excavadora demoliendo un edificio, y había un anciano al otro lado de la calle que iba haciendo muecas de entusiasmo a cada golpe del taladro (por lo meno eso me pareció). No pude evitar preguntarme si era un trabajador de la construcción jubilada.
La gente que trabaja en algo físico tiene una implicación diferente con su trabajo. Incluso CLint Eastwood en Gran Torino era leal a la empresa Ford por la que había trabajado 30 años.
Te puede no emocionar un trabajo, pero si el resultado. Yo llevo 20 años en una oficina y no podré presumir de algo así.
Cierto, y ahí es donde el trato que le de la empresa a sus empleados hace que ellos se impliquen más o menos. Si Claremont no hubiera sentido Marvel su casa durante tantos años, no habría tenido tantos sentimientos al respecto cuando cambió de propietarios y el editor que le pusieron le hizo lo que le hizo.
Claremont era un iluminado.
Él lo que realmente hacía, era enseñarnos las cosas que veía en otro plano de la realidad.
No era un escritor, era un profeta.
Ahora. Sin la capacidad de escribir los textos sagrados, se dedica a ser un eremita penitente viajando por el mundo.
El vínculo que estableció Claremont con sus personajes, no solo en tiempo sino en intensidad, haciendo que toda una etapa importantísima en la edad de cualquier persona estuviera unida a ese mundo, esas historias y esos personajes. Es imposible que salieras a tomar un café o una cerveza y no estuvieras pensando en tus personajes al escuchar una conversación, observar una escena en un bar, la postura de alguien al sentarse y la risa de otro.
El vínculo que une tu vida con una obra en constante crecimiento, a diferencia de una teatro en que repites siempre los mismos diálogos y situación, queda para siempre. Si para que eramos crios esos personajes fueron tan o más importantes que nuestros propios amigos ( y aún lo son), imaginad para Claremont.
Es la diferencia de un artista soñador que amaba crear historias a quien las crea porque se le da bien, pero le importan bien poco los personajes, especialmente si no son suyos, o solo los ve como un medio de hacer dinero.
Hace poco conocí a alguien que me dijo «no me gusta Marvel». Y yo entonces pensé, bueno, sí, puedo entenderlo. Si junto todo lo que ha publicado Marvel en sus casi 100 años de historia y hago el balance entre lo bueno y lo malo, es probable que gane lo malo. Que no me guste Marvel. Que los cómics malos y los agravios tengan más peso, que haya más vicio que virtud.
Evidentemente una afirmación así se hace desde la ignorancia, el rechazo directo a algo sin haberse molestado mucho en estudiarlo. Es una afirmación parecida a «no me gusta el manga» o «no me gusta el cine español». Hablar en absolutos es lo que tiene.
Pero lo cierto es que sí, me gusta Marvel por la minoría de lo que ha publicado, pero esa parte me apasiona de verdad. Me gustan etapas concretas de algunos personajes, le tengo cariño a otros pese a que han tenido muy pocos cómics realmente buenos, las etapas duran lo que duran y las disfrutas, pero quince años de magia son muchos años. Que la gente dijera «no me gusta Uncanny X-Men» o «Uncanny X-Men es una mierda» en 1990 era completamente ofensivo y absurdo. Pero siendo un crío, pensaba que yo no sabía, que no entendía, que había una cultura más elevada, algo que iba más allá y dejaba una de mis historias favoritas como algo simplón. Que ya lo entendería.
Años después, un profesor universitario me hizo una afirmación parecida sobre Superman. Torcí el morro y pensé «bueno, por lo menos no dice X-Men». Y acto seguido añadió «o la Patrulla X».
En aquel momento no sabía quién era Dietrich Bonhoeffer, pero creo que le hice una muy buena exposición de su teoría sobre la maldad de la ignorancia. Uncanny X-Men me había educado en muchos aspectos de mi personalidad, mi forma de ver el mundo. Cosas que no me explicaban los adultos, me las explicaron Dani, Kitty, Logan o Kurt. Las aprendí con ellos, y allí donde otros se fliparon y me dijeron tonterías como «si lo deseas se cumple» y demás mamarrachadas, ellos no me fallaron. Soy consciente de lo absurdo que suena sacar tu ética o usar como gurú vital un tebeo, pero maldita sea si entre Chris Claremont, Louise Simonson y Ann Nocenti no me enseñaron más que buena parte de mis profesores o -je- guías espirituales.
Creo que éso es precisamente lo que sienten muchos de los que crecieron con esos cómics, esos rojos wokes desmesurados que hemos acabado siendo solo porque nos enseñaron algo de empatía, de tratar de entender que no todos son como yo y a veces toca escuchar para no ser un gilipollas. Así que sí, Chris, Weezie y Annie siempre serán especiales, y aunque luego acaben gustándome más otras historias, hay pocas que sean tan parte de mi como las suyas.
Y si me tocas a esos tres, estás muerto. Me da igual lo que diga el Profesor Xavier, ¡ahí si que voy por el camino de Magneto!
Supongo que hay días en que todos somos Magneto (aunque probablemente solo los idiotas dirían sin ponderación cual máxima «Todos somos Magneto» o «Magneto tenía razón»).
Los absolutos, que son malos. Una de las pocas frases buenas de las precuelas de Star Wars: Solo los Sith hablan en absolutos. Es tan irónica, y a la vez tan cierta…
Puedo entender que a gente de elevada cultura, y sobretodo que no tiene vínculo emocional de su infancia con los cómics, ciertas historias les parezcan simplonas.
Yo también considero que los cómics han tenido algo que ver con mis ideas morales. Creo que Tintin me influyó en los buenos modales que siempre mostraba el personaje (incluso borracho), Asterix por su humanidad (los romanos siempre tratados como personas) y su rechazo de la ambición desmedida. X-Men en respeto a las minorías, etc.
Sé que soy pesado con mark Gruenwald pero creo que saqué algo de Escuadrón Supremo y Capitán América. Asumir responsabilidades. En la primera historia que leí del Capi iba a Suiza a rescatar unos rehenes, pero acababa matando a un terrorista para salvarlos. Aquí acabaría todo en un cómic normal. Pero luego vemos que el Gobierno suizo quiere investigar los hechos y quizá incluso imputarle varios delitos (es un ciudadano privado que ha entrado en su país sin permiso, se ha metido en una situación con rehenes sin autoridad alguna en SUiza, ha matado un hombre y se ha ido). Aunque SHIELD le ofrece una salida (simular que era agente suyo en esa operación) el Capi prefiere asumir su responsabilidad y se ofrece a ir a Ginebra a dar explicaciones.
Eso fue en plena era Reagan, cuando se esperaba que un héroe americano dijera algo así «cómo te atreves a mirarme, suizo comequesos? A mí, que llevo la santa bandera americana!». Es lamentable que ahora tengan un presidente que piense y actúe así.
Escuadrón Supremo fue uno de esos cómics que te plantaba delante de los héroes y te hacía preguntarte si realmente tenían razón (que no la tenían). Gruenwald fue muy hábil planteándote todo como un cómic de la edad de plata, con soluciones de la edad de plata de DC y consecuencias que prácticamente eran del mundo real.
Vamos, que sí, que es uno de los cómics más «pedagógicos» que se pueda echar uno a la cara.
Acabo de ver lo que escribí desde la terraza con unas copas de más y pido disculpas, aunque creo que el mensaje era entendible.
Como profesora y educadora tengo muy claro que las influencias que recibe una persona, especialmente un niño, a lo largo de su vida acaban creando algunos de los pilares de su personalidad.
Los crios y adolescentes ( y en parte los adultos) necesitan referentes, pueden ser sus padres, sus abuelos, sus amigos, sus profesores, sus vecinos, Indiana Jones, Bob Esponja, El Rey Arturo, los X-men ect. El mensaje y carga social y ética que lleven esos comics y esos personajes van a ir formando capas de su personalidad.
Si los heroes que lees luchan por la justicia y defender a los débiles igual sales mejor persona. Si los heroes que lees luchan contra los prejuicios y defender a las minorias igual salimos mejores personas. Si los superheroes que leemos luchan por considerarnos a todos iguales y merecedores de respeto y atenciones independientemente de nuestra orientación sexual, color de piel, religión, lugar de nacimiento, lengua o Gen-X, igual salimos buenas personas. Si el superheroe que seguimos defiende un mundo de igualdad y equidad e intenta llevarlo a cabo, igual salimos mejores personas. Si defender todo eso y ser buena persona es hoy considerado por unos aneuronales/esbirros/villanos como «zurdo woke rojeras» pues soy la más zurda woke rojeras del mundo.
Tengo muy claro que los comics de Claremont y de Simonson afectaron a mi vida, como muchos otros que leí, que los libros que leí afectaron a mi vida, ¡Diablos! si identificarme con Illyana seguro que tuvo parte de culpa en ser gótica antes de que Illy adoptara esa indumentaria.
Lo que quería decir es que esas lecturas afortunadamente me afectaron para bien, porque cuando una crece y tiene un fuerte pensamiento crítico, se da cuenta de que lo que piensa ahora ya estaba en aquellos comics y aún ganan más en una segunda ,tercera o decimonovena lectura.
No te disculpes, provocaste que yo escribiera una respuesta el triple de larga y éso no es fácil XD
Un día tendría que escribir un artículo sobre el cambio de la brújula moral de los superhéroes, cómo empiezan luchando contra todo tipo de injusticias y el éxito comercial los arrastra a ser defensores del status quo, cuando curiosamente en el caso de los mutantes ha ocurrido algo completamente distinto; con Claremont enviaban un mensaje de tolerancia a través del diálogo y la empatía con «el otro» mientras que con los manazas posteriores la empatía se fue por el retrete y empezaron a hablar de los «humanos». Ugh.
Miedo me dan los críos que pueda haber generado Krakoa…
El tema de la ética y los valores que nos enseñan los cómics (y películas y libros y televisión y…) es un tema que me apasiona.
Te animo a que escribas todos los artículos posibles sobre eso.
Es muy necesario.
Es un tema en el que las webs y demás no se suelen meter porque ya sabes, meterse en política no da visitas, solo disgustos XD
Pero sí, hay una ética «hippie» en los 70 a lo largo de Englehart, Starlin u O’Neil bastante marcada e interesante, que luego tendría una cierta prolongación en DeMatteis ya en los 80. Es un tema interesante, porque se solapa la cultura de esa generación con la de Nocenti, que es bastante más directa con los problemas y los enfrenta de otra forma. Lamentablemente, todo eso se va por el sumidero con los 90, cuando los dilemas éticos desaparecen en el mainstream de Marvel y DC.
Y sí, Vertigo. Pero Vertigo ya no era mainstream, lo que me interesaría son las excepciones.
Un día de estos.