Burning Chrome de William Gibson – El futuro que se convirtió en nuestro presente

Con el estreno de la adaptación televisiva de Neuromante cada vez más cerca he querido retroceder un poco, hasta los comienzos de su carrera, y descubrir por primera vez los cimientos de sus universos de ficción en su Burning Chrome/Quemando Cromo. Un recopilatorio de relatos en los que Gibson ya apuntaba lo que serían las constantes de su estilo, los temas que le han obsesionado durante décadas y los primeros pasos de esa capacidad visionaria suya que predijo un futuro en muchos aspectos aterradoramente similar a nuestro presente. Así que vamos a descubrir qué nos ofrecía este primerizo William Gibson para comprobar cómo pese a lo verde que aún estaba, sigue siendo un conjunto de relatos de lo más actuales.

Da gusto leer libros así

 

Videojuegos virtuales, tráfico de información, hackers o mundos virtuales se dan la mano con seres que desafían la imaginación y misterios más allá de las estrellas en un conjunto de relatos en los que por encima de todo siempre está muy presente la naturaleza humana y nuestra complicada relación con los avances tecnológicos. Escritos entre 1976 y 1986, algunos con colaboradores como Bruce Sterling, Michael Swanwick y John Shirley, y publicados en diferentes revistas especializadas, esta recopilación nos permite acercarnos a los primeros pasos de uno de los escritores más revolucionarios y visionarios del género de la ciencia ficción cuya influencia se sigue sintiendo a día de hoy. Y entre las cuales encontramos un par que fueron llevadas al cine con mayor o menor fortuna como Johnny Mnemonic y New Rose Hotel.

Pocas cosas superan el encanto de estas portadas retro

Uno de los aspectos más interesantes de adentrarse en este recopilatorio es ir comprobando los muchos aspectos en los que Gibson acertó en sus diferentes visiones del futuro, desde los cacharros tecnológicos tan miniaturizados que se pueden llevar encima sin que estos se noten, las defensas de los sistemas informáticos, videojuegos virtuales, la información como una mercancía, compañías y gobiernos que a través de estos avances convierten a la gente en meras herramientas de usar y tirar, y todo lo bueno y lo malo de ese ciberespacio al que él mismo bautizó. Y aunque es cierto que muchas de estas predicciones ya se habían realizado de una forma u otra con anterioridad y algunas no son más que una evolución de elementos que ya existían por aquel entonces, la capacidad de Gibson para darles forma tan certeramente es al mismo tiempo fascinante como aterradora.

Igual en la realidad se usan cacharros menos aparatosos

 

Algo que contrasta con esos momentos en los que las limitaciones de la época en la que se escribieron se dejan sentir con toda su fuerza y provocan momentos que casi provocan ternura por lo anticuados que se han quedado. De esa forma nos encontramos con traficantes de información que pueden utilizar sus cerebros como discos duros portátiles, pero que para realizar copias de dicha información tienen que sentarse delante de una grabadora y recitar en voz alta lo que almacenan en su cabeza. Hackers capaces de destrozar la seguridad de cuentas bancarias secretas y vaciarlas, pero que necesitan salir a la calle a buscar una cabina de teléfono para comunicarse de forma privada. Pero son aspectos habituales en la ciencia ficción, al tocar temas que evolucionan demasiado rápidamente, y que no afectan al disfrute de la obra.

Hackear en estas historias era algo bastante mas flipado

Pero sin duda lo más fascinante de esta recopilación, y al mismo tiempo terrorífico, es la forma en la que Gibson plasmó la relación del ser humano y la tecnología, que incluso en los aspectos más fantásticos que por suerte aún no son una realidad (que sepamos) resultan inquietantes. En prácticamente todos los relatos nos encontramos con personajes completamente dependientes, de una forma u otra, de la tecnología, que son incapaces de concebir su existencia sin esta, ya sea a través de modificaciones corporales constantes, adicción a videojuegos, el subidón que les proporciona el atravesar sistemas que nadie había podido tocar, refugiarse en vivir una y otra vez el pasado o experiencias ajenas, o estar dispuestos a sacrificarlo todo con tal de vivir experiencias únicas.

El cine también se quedo corto a la hora de predecir como seria esta tecnologia

Una visión del ser humano demasiado pesimista y derrotista en muchos casos, poblada de personajes rotos que han perdido el sentido de sus vidas, que vagan sin rumbo buscando algo que les dé un propósito, un lugar en el que encajar. Y viendo cómo en nuestro día a día nos encontramos a diario con gente incapaz de vivir sin contarlo todo en redes sociales, arruinándose en juegos online o dejándose estafar por ligues virtuales, me cuesta no darle la razón a Gibson. Y ese es el aspecto de este recopilatorio más certero y aterrador, porque donde más acertó este, tanto en estos relatos como en el resto de su obra, es en cómo cualquier avance, de cualquier tipo, siempre se prestará a abusos y a sacar lo peor de mucha gente.

Pese a sus muchos problemas, y a que debería haber sido un cortometraje, el New Rose Hotel de Abel Ferrara refleja a la perfección ese desencanto que transmitía Gibson en estos relatos

Quizás como primer acercamiento a la obra de William Gibson este no sea su libro más adecuado, ya que pese a sus enormes virtudes, que son muchas, algunos aspectos de estos relatos han quedado algo trasnochados y la inexperiencia de este en algunos momentos hace que la lectura se haga un poco cuesta arriba. Pero quienes ya se hayan sumergido en sus obras más importantes como la trilogía del Sprawl o la del Puente, cuando Gibson ya tenía más claro lo que quería contar y cómo contarlo, Quemando Cromo es un complemento perfecto para descubrir las semillas de muchas de esas historias y comprobar su rapidísima evolución como escritor. Pero también es un triste recordatorio de cómo la ficción lleva décadas prediciendo las peores consecuencias del uso indiscriminado de la tecnología y cómo ahora estamos viviendo en esa realidad que en su día no fue más que una pesadilla.

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Erminzah
Erminzah
20 minutos han pasado desde que se escribió esto

De Gibson me enamoré de su manera de narrar y describir, propia de alguien que venía de una máquina del tiempo del futuro y tenía su propio argot, adjetivos, frases hechas, analogías y forma de contarnos como era el día o la lluvia, totalmente poética, gracias a él me enamoré del cyberpunk, a pesar de haber leido a Dick antes.
Que alguien logre solo con la escritura, sin entrar en trama o personajes, transportarte a otra época y lugar ya es algo maravilloso.