Hace unas semanas empezamos a repasar la primera entrevista que concedió Chris Claremont tras su retiro de cosa de un año después de su primera y sonada salida de Uncanny X-Men y Marvel Comics. El guionista hablaba de la situación de los editores de Marvel, sobre cómo la situación, en lo que a posteriori conoceríamos como la burbuja especulativa, había llevado a los trabajadores del bullpen a una carga de trabajo tan alta que descuidaban por completo la calidad de los cómics en favor de sacarlos como fuera. La política oficial de Marvel de que lo importante eran los personajes, no los autores, en cierto modo no dejaba de ser cierta en aquel momento, porque aunque Jim Lee fuera capaz de vender en aquel momento hasta un album de fotos de sus deposiciones de un año, lo cierto es que cualquier cosa que se publicase de X-Men seguía estando en lo más alto de las listas de ventas. Y éso los editores lo sabían.

Aun así, históricamente sabemos que la partida de Claremont asustó bastante a Harras, llamando en principio para sustituirlo y prescindiendo de él poco después con tal de cumplirle el gusto a Lee y Portaccio. La filosofía imperante en aquel momento era la de que cualquiera podía escribir aquel cómic, lo importante es que siguiera pareciendo el mismo cómic. Tras la partida de Lee y Portaccio, Harras recurrió a una serie de sustitutos que imitaban a Lee, desde Art Thibert a Andy Kubert, teniendo en esa política como única excepción la recuperación de un clásico de la serie, John Romita JR, aunque tampoco duró mucho en ella. No sería hasta la llegada de Joe Madureira que un dibujante marcara su propio estilo en la serie, y para entonces hasta Lobdell empezaba a tener algo de reconocimiento y ya habíamos llegado a los tiempos posteriores a la burbuja. Pero volviendo a Claremont, él hasta cierto punto comenta que entiende que sus quejas en X-Men cayeran en saco roto, porque ya en aquel momento el propio Harras estaba hasta arriba de trabajo. «Con Image, el nombre de la marca es Image, el que sean Brigade, Youngblood, Cyberforce, Pitt, Maxx o Spawn es irrelevante, ¡lo importante es que están en Image! Con el tiempo, supongo, veremos a la gente gravitar hacia Spawn, WildCATs, Shadowhawk o lo que sea. Pero en un principio, Image tiene un caché (…) Es un cómic de Image, ¿a quién le importa lo demás?». Añade que nadie sabe quién escribe Harbinger en Valiant, que lo importante es el objeto y no su creador.

Y éso, cree Claremont, había llevado al mercado de 1993 a una situación terrible en la que todos los cómics parecían iguales. «No hay nada que diferencie un cómic de Marvel de otro. Lo mezcla todo junto en un enorme grito primario amorfo; lo cual, si funciona, me parece bien. Pero éso no es lo que me atrajo a los cómics, a escribirlos». Y añade una cita de Archie Goodwin, que en aquel momento estaba trabajando en DC «¿qué sabremos nosotros, que somos los que vamos por ahí diciendo que contar la narrativa es importante, que la caracterización es importante, que saber dibujar es importante?» a lo que Claremont añade que todo eso ya no importa, o al menos no en ese mismo momento. Y sí, luego vinieron tiempos mejores, aunque no sé si lo fueron para los trabajadores del ramo, porque al final la contracción del mercado fue enorme y vivir de hacer cómics fue para unos pocos privilegiados (si es que con lo que cobran puede calificárseles como privilegiados). La locura de los chavales de Image dando fiestazos iba a durar lo que iba a durar, pero lo que sí se quedarían son las «fórmulas mágicas» de la época como las variant covers o, como bien recuerda Claremont, «los eventos que han llevado a la industria a estar dominado por los departamentos de marketing en vez del departamento editorial.» y así es como los escritores se encuentran en una posición en la que no merece la pena hacer tramas a largo plazo porque no tienes tiempo para tomar impulso o construir un ritmo necesario, no puedes crear entusiasmo a largo plazo. Todo son ráfagas cortoplacistas, porque los editores necesitan ordeñar ese periodo del año, y así el siguiente y el siguiente. «No puedes tomarte el tiempo necesario para desarrollar una historia que pueda tener una gran resolución porque nadie puede esperar; todos tienen otras responsabilidades. En el momento en el que empiezas a integrar todas las series, el guionista se vuelve cada vez menos y menos importante y el editor lo es más. El editor, presumiblemente, es el que sabe todo lo que está pasando, que sabe qué es lo que está haciendo cada uno, el que puede decir que no cuando los autores se pisan unos a otros. Desde esa posición, para los editores hay un paso muy pequeño hasta empezar a ordenar a cada autor lo que tiene que hacer, decidir unilateralmente la dirección de cada serie y lo que tiene que pasar en ella».

Y sí, por lo que sabemos éso exactamente es lo que acabó pasando tanto en Marvel como en DC. Sigue habiendo series que se libran del «mainstream» y más o menos se les permite volar bajo hasta recibir una cancelación inmisericorde, pero a la vez conocemos como esa política llevó a DC a la era DiDio, el «necesitamos una violación» y todo aquello. Actualmente, dicen, la cosa se ha relajado, y en las reuniones de autores eligen unos parámetros de por donde va a ir el evento de cada año, pero no hay punto de comparación con la libertad que tenían en tiempos. El guionista asume que va a tener que pasar por el aro del evento anual, sabe que una trama de su serie se puede convertir en dicho crossover y caerle el marrón del siglo, y en última instancia los editores tienen más poder del que tuvieron en tiempos de Shooter, ¡y mira que en aquellos tiempos ya se quejaban de que había mangoneos constantemente! Pero lo cierto es que aquellos años de los 70 y 80 fueron toda una anomalía, y el propio Claremont lo viene a reconocer cuando recuerda que en tiempos de Schwartz y Weisinger el guionista no escribía la serie si no la persona a la que el editor le decía qué tenía que escribir en ella; te daban el argumento del cómic y tú te las apañabas. «La vida es demasiado corta -añade- ¿por qué debería yo o cualquiera digno de su propio nombre malgastar su talento realizando la visión de otro, sobre todo cuando te preguntas por qué esa persona cuya visión estás plasmando no se dedica a escribir sus propias historias?». Amén.

No solía hablar muy bien de esos cómics de Nintendo el ya fallecido Shooter.
Él mismo reconoció que ni sabía que eran los nintendos esos, que ni siquiera se acuerda de cómo fue el primer contacto con Nintendo o cómo se firmó, de repente un día estaban haciendo los Nintendo Comic System y éso es lo que los propulsó antes de conseguir los personajes de Gold Key.
Irónicamente fue otra compañía de videojuegos, Acclaim, la que acabó comprándose Valiant. Pero bueno, para entonces Shooter ya se había peleado otra vez con los señores con corbata y se había largado dos años antes.
Fue cosa de sus «socios» (los mismos que luego le hicieron la cama), que ya le vinieron con el trato hecho (empezando así ya debería haber empezado a malpensar, coño) y le medio convencieron con lo de que Nintendo les iba a hacer publicidad en sus revistas y compartir con ellos su lista de clientes en los USA (el creerse esto último ya es casi…).