Ayer estábamos hablando tan ricamente de las motivaciones de los manhunters para liar la de Millenium y lo contraponíamos a Matanza Máxima, en la que los malos querían matar y ya. Y mira, curiosamente vivimos en un mundo en el que todavía me encuentro a gente diciendo que es bueno que un malo quiera ser malo y ya, cosa que a mi me resulta francamente preocupante, porque incita a muchos escritores a ser verdaderamente vagos…

Pero mira, ya que hablábamos ayer de DC y de Darkseid creo que no es mala idea presentarlo delante del espejo que es su copia del Universo Marvel, Thanos, que en un principio su motivación no era otra que tirarle los tejos a la muerte y eso le daba cierto patetismo al Guantelete del Infinito que no tuvo luego el Magus con la Guerra del Infinito, un crossover en el que el villano no tenía ni un apice de profundidad, ¡y mira que decir que Thanos tiene profundidad es tenerlos muy cuadrados! Desengañémonos, las historias de «fulanito va a reordenar el universo cual concejal de urbanismo» no suelen incluir el trabajo de contar las motivaciones del malo, y por eso Avengers: Infinity War funcionaba donde no lo hacía su homonima en cómic, porque más allá de adaptar libremente otra historia, en realidad te decía que Thanos creía que estaba haciéndole un bien al universo, que matando a la mitad de todos los seres vivos nos estaba mejorando, provocando así que algunos edgelords de internet dijeran que Thanos tenía razón y todo eso. Vale, podíamos habernos quedado sin esa parte, pero al final idiotas hay en todos lados capaces de darle la razón hasta al Joker. Pero al Joker no le hace falta destruir el mundo ni el universo, disfruta más zascandileando por ahí y, en general, puteando a los demás. Matar a todos a la vez no tendría gracia para él, vaya, y precisamente por eso la gracia de las historias del Joker que funcionan suele estar en sus ocurrencias para fastidiar a Batman, a Gotham y a quien sea.

Realmente, si exploramos las motivaciones de los villanos en las etapas más interesantes de la historia del cómic -o lo que es lo mismo, la Patrulla X de Claremont- vemos una gama enorme de intenciones, de objetivos, motivaciones y demás. Si pasamos a lo de Scott Lobdell, las motivaciones van desde sojuzgar a la humanidad por parte de los mutantes -una y otra vez- a exterminar a todos los mutantes. Una cosa o la otra, no hay término medio, no hay unos duendes en un castillo irlandés, no hay un mamarracho con problemas de autoestima tratando de vengarse haciéndonos pensar que Jean Grey ha resucitado ni nada parecido (y sí, yo también me acabo de dar cuenta de que eso vale tanto para Mente Maestra como para John Byrne). Se suele decir que el conflicto principal siempre está dentro de los personajes, y tengo que estar completamente de acuerdo. Lobezno desde un punto de vista completamente superficial -como lo suelen escribir, vamos- es un personaje completamente vacío, que va por ahi emborrachándose y trinchando gente, mientras que en manos de un escritor competente -usease, de Chris Claremont- es un tipo que intenta constantemente no ser eso, que va de solitario pero en realidad necesita desesperadamente conectar y tiene una vocación de padre que no veas. Enfrentar a Logan a un fin del mundo no tiene mucho sentido, aunque como coña puntual puede funcionar, pero lo que de verdad le saca el jugo es cuando la situación le hace dudar de si mismo, cuando lo coloca fuera de su zona de confort y le hace tomar decisiones que no ha tomado nunca. Y admito que, el que el personaje haya tenido a estas alturas más cómics que nadie que no sea Spiderman, Batman o Superman, hace que esto de colocarlo en situaciones raras sea la mar de complicado, pero ése no es mi problema…

De hecho ahora mismo estamos viendo en EEUU una saga, Armaggedon, que intenta colocar a los personajes en una situación distinta, con la humanidad queriendo superar la «ajena tutela» de los superhéroes, pero por el momento la idea se ha quedado en eso y la cosa parece que va a acabar con todo roto por enésima vez. Es curioso, porque en el centro de todo no deja de estar un General Ross que les echa en cara a los superhéroes el no mojarse para arreglar los problemas del mundo, y a la vez tenemos a Steve Englehart diciendo que su Capitán América -recordemos, el que desenmascaró a Nixon de aquella manera tan sui generis- habría ido a por Trump de cabeza y habría puesto a la sombra a todo su gobierno, pero que la Marvel de ahora jamás le dejaría hacer algo así. Y sí, estoy convencido de que a Chip Zdarsky, guionista de Armaggedon y a unos cuantos editores de Marvel les encantaría contar esa historia. Pero en fin, que me estoy dispersando demasiado…

Mirad, lo que quiero decir es que no creo que el problema principal sea que hay un exceso de historias en las que se ponga en juego la supervivencia del mundo o el multiverso, lo que hay es una dejadez pasmosa en motivaciones para crear una historia, en hacer el trabajo de crear unos malos interesantes y un conflicto que merezca la pena. DC KO no tenía ni conflicto ni motivaciones, en última instancia se verá que es totalmente intrascendente, mientras que Avengers VS X-Men, con todo lo mala que era, si que puso en relevancia el absurdo de la separación entre humanos y mutantes en el Universo Marvel y todo el fanatismo del «nos estamos extinguiendo» posterior a House of M. Se habían cargado los mutantes y Jason Aaron y Kieron Gillen intentaron salvar los muebles como pudieron, pero lo siguiente que tuvimos fue un volantazo de Brian Michael Bendis regresando a la racistada de Brubaker y Fraction del «Magneto was Right». Una historia al final demostró tener sentido, la otra dejó todo como estaba y el conflicto filosófico brillaba por su ausencia. Que no nos engañemos, al final es más importante cómo lo cuentas que lo que cuentes -de ahí que el MacGuffin le funcione tan bien a Hitchcock- y te puedo asegurar que si las motivaciones para destruir el universo del villano están bien contadas y el papel de cada personaje en la historia está bien construido, te dará igual que salven el multiverso o el puesto de churros del tío Ramón. Ojalá una historia en la que Magneto salva el puesto de churros del tío Ramón, que falta nos hace.

El otro día leí que no echamos de menos las canciones de nuestra adolescencia porque la música de ahora sea peor sino porque echamos de menos cómo nos sentíamos al escucharlas, siendo (más) jóvenes. Puede ser. Y también porque el 99% de la música actual da pena con la excepción de la gente que lleva 40 años haciendo música. ¿Con los cómics nos ocurre igual? ¿Echamos de menos enamorarnos de una Kitty Pryde de 14 años (ponga aquí a Jennifer Connelly en Labyrinth si lo prefiere) porque ahora tenemos hijas de esa misma edad? Puede ser. ¿Se hacen hoy comics que deberían emocionarnos como hace esos mismos 40 años? Ahí está Los últimos días de Lex Luthor o Superman: Arriba, en el cielo. Haberlos, haylos (¿Cómo se escribe esto?). A lo mejor somos nosotros los que hemos cambiado. Solo un poquito. Puede ser.
Dicen que el yonki siempre espera repetir lo que sintió la primera vez que se pinchó. Con los cómics pasa lo mismo. Queremos repetir esa emoción. Yo siempre que voy a Barcelona a Gigamesh espero encontrar algo que me despierta es ansia de comprarlo y de leerlo que sentía cuando iba allí con 20 años.
Yo noté que volvía sentir lo mismo que cuando a principios de los noventa iba al kiosco a pillar las grapas del mes con los «New X-Men» de Morrison, y muchos años más tarde me volvió a pasar lo mismo con «The Immortal Hulk» de Al Ewing. Y viendo que esta sensación solía tenerla siempre con unos guionistas concretos (Ewing, Gillen, McKay, Simone, Wilson…) bajo unas circunstancias también muy concretas (cuando les dejaban contar la historia que querían), pues yo reniego un poco de la idea de que «los mejores cómics (o películas, o libros, o canciones) siempre son los que leíste cuando tenías 12 años», o al menos creo que conviene matizarla.
Aunque es cierto que lo que lees a esa edad condiciona tus gustos y que hay que evitar quedarte encasillado en eso para el resto de tu vida, también es cierto que, si eso te gustaba a esa edad, probablemente es porque percibías que tenía cierta calidad. Y cabe señalar que esta sensación de «ya no se hacen cómics como antes» (sobre todo en Marvel, que DC ha sabido ponerse las pilas) no ocurre en el manga y el anime, donde, aunque cada año sale mucha morralla, también salen muchas cosas excelentes e innovadoras. Supongo que influye que en el manga y el anime, la mayoría de las historias tienen una conclusión (incluso en «One Piece» acabarán encontrando el dichoso tesoro de Gold Roger algún día) o, incluso cuando se trata de un shonen interminable (por ejemplo, «Naruto»), hay cierto relevo generacional de los protagonistas.
TLDR. Mucho texto para decir que con el «The Immortal Hulk» de Al Ewing volví a sentir lo mismo que con el «Doctor Extraño» de Roger Stern en los Pocket de Ases de Bruguera.
Yo a veces también recupero esa emoción y mola.
Aunque hace unos años me di cuenta que compraba muchos menos comics y que la culpa no era de las editoriales sino mía, me había quedado anticuado en gustos.
Y probablemente que se han cargado la grapa, que quieras que no poquito a poco venía a ser el grueso de los tebeos que leíamos.
En realidad lo que has dicho -creo- es que los autores son más importantes que los personajes. Y menos mal que sigue habiendo autores que hacen que unos personajes tan gastados sigan brillando.
Bueno, aquí se ha dicho muchas veces que personajes como Míster Siniestro pueden ser divertidísimos o un mamarracho según quién lo escriba.
Lo gracioso es que Siniestro solo es divertido cuando es un mamarracho XDDDD
Eso sí, unn mamarracho psicópata asesino, pero un mamarracho igualmente!
Podríamos citar aquello de que la definición de locura es intentar lo mismo varias veces buscando un resultado distinto, pero creo que la realidad del problema no somos nosotros. Bueno, sí, algunos si son el problema, amargados que se creen que solo había cómics buenos cuando tenían 12 años, pero creo que la mayor parte de la gente que lee Brainstomping sabe que la nostalgia es fascismo, que la nostalgia es un veneno que te ciega ante el presente.
Así que ni me lo he planteado al escribir este artículo, la verdad, sobre todo porque lo que quería poner de relieve es el hecho de que no es lo que cuentes si no como lo cuentas. Y ahí está la gran diferencia, que puedes contarme el fin del mundo mil veces, pero si me construyes bien personajes y motivaciones te lo voy a comprar encantado.
Si repites siempre lo mismo, pues entiendo el hartazgo de M’Rabo.
«Puede ser. Y también porque el 99% de la música actual da pena con la excepción de la gente que lleva 40 años haciendo música.»
Sí, la música buena se terminó cuando dejasteis de ser jóvenes.
Ayer veía precisamente el episodio de la serie clásica de Batman the Laughing Fish y creo que lo mejor de esa historia es lo surrealista que es el Joker, que cree que dando su cara a los peces tiene derecho a copyright. Es mucho mejor que cuando se limita a matar por matar.
En la peli de Dark Knight el Joker era tan carismático que no es de extrañar que alguna gente creyera en su opinión que bajo la civilización somos bestias.
yo leí en su momento Matanza Máxima y era aburrida y repetitiva a más no poder. Creo que de allí me parece tan insufrible Carnage.
En cambio leí en tiempo real más o menos Knightfall y sí me enganchó bastante. Y eso que solo lo pude leer a cachos y me perdí partes. La premisa era mucho mejor y la verdad es que le dieron substancia a Bane.
Leyendo vuestros posts da la impresión que ningún guionista de mutantes desde San Claremont os ha gustado…
«En la peli de Dark Knight el Joker era tan carismático que no es de extrañar que alguna gente creyera en su opinión que bajo la civilización somos bestias».
Que en el tramo final de la película, la manera en que se resuelve el dilema de los dos ferris desmontara por completo la tesis del Joker supongo que es un detalle que a esa gente les pasó por alto. Ay, algunas películas funcionan estupendamente como tests de Rorschach…
Me has recordado la peli de Supergirl.
Hay cómics que también son auténticos test de rorschach, aunque solo sea por pura comprensión lectora…
En realidad no, no me ha gustado ninguna historia de mutantes desde que se fue Claremont. Porque ni siquiera Claremont es el mismo, porque me estaban contando una historia continuada mes a mes y me la truncaron de mala manera, porque los personajes estaban vivos y ahora son parodias, ¿cómo voy a decirte que algo está a la altura de aquello, si lo único que hace es menear un cadáver y dibujarle una sonrisa como si todo fuera bien?
Eso sí, no me he cansado de recomendar cómics modernos de mutantes, llevo más de 15 años aquí mismo avisando cuando algo merece la pena. Pero soy consciente de que no es lo mismo, simplemente porque esa ruptura sigue ahí.
Y aun así me está gustando mucho el Uncanny de Gail Simone y no dejaré de recomendarlo.
El otro día ví un vídeo de YouTube donde afirmaban que todo lo que hace MARVEL actualmente es basarse en la trama de la historia «días del futuro pasado» y creo que tienen razón! todo va por un flash forward al futuro… un viaje en el tiempo, equipo con superhéroes del presente… la muerte de x persona…. y la duda de si evitado ese futuro… FIN. igual creo que esa historia puso la mania de ver solo futuros oscuros y negativos… tanto Miller como Moore le deben algo a días del futuro pasado 🤔