John Byrne es vengativo, y a ratos es hasta mezquino. Otras veces se le llena la boca de tonterías y las suelta en su foro, y su narcisismo crónico en ocasiones ha sacado lo peor de él. Y sin embargo, es uno de esos autores que, al ser releido, no tengo la sensación de que detrás de esos cómics haya un monstruo, si no alguien que tiene buen corazón pero a ratos se le va la olla a Camboya. Lo cual es triste, pero tremendamente humano.

De un tiempo a esta parte, cada vez que asoma Byrne se habla de su X-Men Elsewhen, el cual por fin se va a editar en papel pero no a cargo de Marvel, si no de Abrams ComicArts, la división de cómics de Abrams Books, la editorial de artbooks, y todo porque Byrne es cabezota y se niega a volver a trabajar en Marvel y DC. De la primera sé que el cabreo viene de que le cancelaran X-Men: The Hidden Years cuando según él estaba vendiendo un montón, de la segunda ya ni me acuerdo. Así entre nosotros, creo que Byrne allá por el 2000 ya era un poco dinosaurio en la era Quesada -que, recordemos, era todo renovación y caras nuevas- pero él mismo no acababa de ser consciente de ello, y su Hidden Years parecía estar creado con el empeño de alargarse hasta el infinito y borrar del mapa la etapa Claremont. Ya digo, Byrne siempre ha tenido bastante ego y un punto de mezquindad a los que les sienta fatal que les tuerzan los planes. Curiosamente Hidden Years, que supuestamente era una miniserie que llenaba el hueco entre el final de la publicación de nuevas historias de la Patrulla X en su número 66 y el regreso del grupo con el Giant Size X-Men y el número 94, ya con la nueva alineación, no deja de ser un cómic que legitimó bastante a la llamada Nueva Patrulla X. No olvidemos que Byrne considera a los miembros de la misma tan suyos como lo son de Claremont o Len Wein y Dave Cockrum, con lo que llegó a introducir personajes como Tormenta en su Hidden Years sin el menor complejo, continuando el espíritu precuelero de antaño tanto en lo bueno «todo encaja mejor» como lo malo «todos se conocían ya de antes».

Por eso los veinte últimos años de Byrne han estado un poco separados del mainstream, con la gente diciendo que «antes dibujaba mejor» a pesar de que con los años el reconoce que ciertos fundamentos de dibujo con los que antes se peleaba ahora los tenía bastante mejor dominados. Y ésa era la crítica principal a Byrne durante bastantes años, con Byrne siendo un abuelo cascarrabias en su foro privado -yo solo hablo si lo modero yo, no sé a quien me recuerda- del que algunos periodistas de cómic sacaban algunas declaraciones de vez en cuando para rellenar noticias en su web, como cuando protestaba por el casting de Jessica Alba en la primera película de Fox de los 4 Fantásticos porque para él «todas las latinas teñidas de rubio me parecen putas». Y se quedó tan pancho, probablemente con una cerveza en la mano y esperando que el resto de la concurrencia le riera la gracia por su lengua afilada. Años después alguna de sus declaraciones transfobas, nacidas fundamentalmente de la ignorancia de no saber concebir lo que es una disforia de género, acabaron por empezar el primer movimiento para «cancelarlo». Lógicamente y como suele pasar, los primeros en querer cancelarlo fueron los que lo iban a cancelar con su indiferencia desde un principio, pero cuando las llamadas a la cancelación empezaron a venir de gente que estaba en la profesión, pues como que la cosa pintó más fea. Aun así y teniendo en cuenta que para entonces Byrne estaba prácticamente retirado, llamar a su cancelación era algo de lo más facilón. Y sí, yo soy el primero que considera que cuando un autor es un gilipollas, lo mejor es mandarlo a la mierda igual que cuando te enteras que un banco invierte en minas antipersona pues oye, procura mover tus ahorros a otro lado. No le compres el pan a alguien que considera que tú y toda tu estirpe debería estar enterrada en una cuneta, ya me entendéis. Pero…

John Byrne no es Joan K Rowling. No es Orson Scott Card. No es Neil Gaiman. No es alguien que activamente esté tratando de empujar a hacer daño a los demás (bueno, a Chris Claremont igual sí), solo es un bocachancla. Card está donando parte del dinero que le damos por sus libros a terapias de «curación» de la homosexualidad, Rowling considera que la transexualidad es un ataque contra el feminismo y la combate como si fuera el patriarcado, y Neil Gaiman… Digamos que buena parte de Sandman cobró una dimensión dramáticamente distinta, hasta el punto de que a ratos parece la confesión de un enfermo. Y la verdad, prefiero no hablar de ello. Pero en el caso de John Byrne y aunque algunos le quieran meter en ese mismo saco, lo cierto es que él no deja de ser un autor que siempre intentó ser justo con todo el mundo, aunque fuera tratando de escribir torpemente personajes que venían de trasfondos que él desconocía, pero tratando de transmitir a través de ellos su propia humanidad. Cuando otros sugerían o mostraban ciertas facetas de los personajes a puerta cerrada, Byrne empujó por poner un personaje homosexual en primer plano de un cómic de Marvel, haciendo que fuera un tipo malencarado y de mala leche, pero que tenía una vida privada normal y sí, era homosexual. Pero era un tío normal, no un ser estrafalario o un depravado. Byrne demostró su ignorancia respecto a los alemanes y su reunificación al poner al Capitán América asustado por ella, pero a la vez hizo uno de los mejores análisis de la época sobre los neonazis en su etapa en Namor. Puso el ecologismo en primera plana en un momento en el que muchos todavía consideraban aquello como la locura de cuatro hippies. Y sí, Byrne tiene altibajos en su trabajo y sigue diciendo barbaridades, pero no deja de ser el autor de muchos de mis cómics favoritos, aunque le encantara repetir la saga de fénix oscura a la mínima ocasión, probablemente porque nunca consiguió contar el final que él quería.


Ay, dios, tengo miedo de preguntar. ¿Qué pasó con Steranko?
Me gustaría añadir que Byrne le dio mucho carácter y dignidad a la Mujer Invisible (vamos, que pasó de chica a mujer durante su etapa). Y a Lois Lane en Superman.
Como siento devoción por gran parte del trabajo de Byrne en los 80 y parte de los 90, prefiero que esté en mi Olimpo particular.
Me entero ahora que dijo una burrada sobre Jessica Alba hace 20 años. Es un comentario de cuñao.