Hoy quiero hablar de un comic peculiar, con un protagonista absolutamente despreciable, y que, a su manera, representa a la perfección los excesos del comic de los noventa, pero desde el otro lado del charco: el Accident Man de Pat Mills, Tony Skinner y Martin Emond. Un comic violento, cafre y, a ratos, incómodo, pero que también es muy divertido, para quienes sean capaces de disfrutar del humor negrísimo. Y aunque este comic no llegó a despuntar como otros títulos de aquellos años, sí que se ha convertido en algo que vale la pena redescubrir. Así que vamos a sumergirnos en esta orgía de violencia para acompañar a un personaje despreciable en su complicada vida como asesino a sueldo.

Mike Fallon es uno de los asesinos a sueldo más cotizados, no solo por lograr siempre sus objetivos, sino por conseguir que estos parezcan simples accidentes o suicidios que no levantan sospechas ni provocan investigaciones, algo que le ha hecho ganar el apodo de Accident Man. Un trabajo que adora porque le permite no solo dar rienda suelta a sus más bajos instintos, sino mantener el lujosísimo estilo de vida que lleva. Pero cuando un ser querido cae víctima de un compañero de profesión, Mike se planteará por primera vez en su carrera dejarse llevar por las emociones y hacer un trabajo gratis, con él mismo como cliente…

A principios de la década de los noventa, Pat Mills, Kevin O’Neill, Mike McMahon, John Wagner y Alan Grant decidieron crear Toxic!, su propia revista de comics para competir con 2000 A.D., en la que los creadores de las diferentes series conservasen los derechos de estas, además de dotarla de todo aquello que consideraban que le faltaba a su competidora, no solo un tono más irreverente y violento, sino imprimirla a todo color en una época en la que su antiguo hogar profesional aún se agarraba al blanco y negro. Esas intenciones se notan desde el primer número, uno encabezado por el genial Marshal Law de Mills y O’Neill, y donde también debutó Accident Man, y que junto con el resto de títulos de la cabecera eran excesivas en todos los sentidos. Algo que se apreciaba especialmente en cuanto a la violencia, que era bastante más gráfica de lo habitual en aquellos años, y que además tocaban temas que no era habitual encontrar en publicaciones orientadas al público juvenil.

Pero diversos problemas provocaron que Toxic! no durase demasiado, y aunque Mills y Skinner, junto con el dibujante Duke Mighten, publicaron una miniserie del personaje en Dark Horse poco años mas tarde, este no volvió a dar señales de vida en los comics tras apenas dos años de existencia. Aunque sí que acabó protagonizando un par de películas en los dos mil que de momento no me he molestado en ver.

Pero, pese a esa corta existencia, Accident Man dejó una huella peculiar en diferentes aspectos. Por un lado, tenemos a ese protagonista absolutamente despreciable que no tiene ninguna característica redimible. Es un monstruo amoral al que realmente le divierte su trabajo de asesinar gente, que, en flashbacks, se nos desvela que ya en su adolescencia quiso ser asesino a sueldo por la oportunidad que eso le daba de matar gente y ganar dinero, y que llega al extremo de apodar a sus víctimas con el nombre de lo que planea comprarse con el dinero que van a pagarle por ese trabajo. Algo a lo que hay que sumarle su machismo, su desprecio por cualquier causa social o su admiración por compañeros de profesión que llegan a los extremos de asesinar a gente escogida al azar en la guía de teléfonos solo para probar nuevas técnicas.

Y, afortunadamente, Mills y Skinner no tratan de vendernos en ningún momento que Mike se trate de un antihéroe de algún tipo ni intentaron que empaticemos con él, más bien parecen estar diciéndole al público que sí, que Mike es escoria, pero que toca aguantarle. Una fina línea entre protagonista y antihéroe que no siempre lograron mantener firme, quizás porque se divertían demasiado haciendo el animal, pero que, en términos generales, consiguieron evitar el error de convertirlo en un personaje que despertase simpatías.

Aunque, recordando el horror de Alan Moore al conocer a admiradores de Rorschach, miedo me da pensar cómo acabó entendiendo el público esta serie. Pero aunque el comic es divertido y tiene grandes momentos, tras el primer arco argumental en el que Mike, muy a su pesar, lleva a cabo un acto de cierta justicia, la serie se va desinflando, quizás por los problemas por los que estaba pasando la revista Toxic!, porque Mills estaba saturado con varios títulos o porque Marshal Law se estaba llevando todo su interés. Pero, pese a ello, vale la pena echarle un ojo aunque solo sea como curiosidad histórica.

En el apartado gráfico, Accident Man contó con tres dibujantes: su co-creador Martin Emond, Duke Mighten y John Earsmus, tres dibujantes que en el momento de trabajar en esta serie eran novatillos que estaban bastante verdes, pero que tenían una energía envidiable en su trabajo. Pero aquí quiero centrarme en Emond, mi favorito de los tres y que en su corta carrera demostró que el potencial que mostró aquí no era un simple espejismo. Es cierto que en cada página, especialmente en los últimos capítulos, se nota que no era más que un crío de apenas veinte años frente a su primer trabajo profesional, los acabados eran torpes, la anatomía de sus personajes, las proporciones de estos y los escenarios no seguían ninguna lógica y demasiado a menudo recurría a la ausencia de fondos para aligerar el trabajo.

Pero, pese a esos problemas, lógicos en cualquiera que está empezando, Emond dotaba a su trabajo de una energía que, aunque superaba a sus habilidades en aquel momento, dejaba claro que sabía lo que se hacía, aunque le faltase práctica para plasmarlo sobre el papel. Emond constantemente buscaba riesgos, composiciones de página y planos complicados, coreografías complejas, la integración de las onomatopeyas con el dibujo, etc., demostrando que tenía mucha cabeza para el dibujo, algo que se apreciaba también en su forma de narrar.

Un talento y potencial enormes que se dejaban ver por encima de esos acabados un poco toscos en los que se notaba mucho que se fijaba en lo que estaba haciendo su ídolo y amigo Simon Bisley, aunque sin llegar a intentar plagiarle. Y en los siguientes años pudo llegar a explotar como artista en un pequeño puñado de títulos antes de quitarse trágicamente la vida en 2004, cuando contaba tan solo con 34 años de edad.

Todo esto hace que Accident Man sea una lectura bastante recomendable, ya que aunque no se trata de un comic revolucionario, representa a la perfección una era en la que se buscaba llamar la atención mediante la provocación, pero con bastante más cabeza que otros títulos que no tenían nada más detrás, y que además nos ofrece un buen catálogo de estilos gráficos que, pese a sus problemas, nos permitían apreciar una mezcla de influencias que no se encontraban habitualmente en el comic estadounidense. Pero, por encima de todo, es un comic divertido que, para quienes disfruten de una violencia tan extrema que resulta caricaturesca y del humor más negro, será toda una delicia. Y además se encuentra todo recopilado en un bonito tomo de Titan Books (en inglés nada más, me temo) que todavía se puede adquirir sin demasiados problemas.

Me ha recordado Torpedo 1936 de bernet y Abulí, porque el personaje también es absolutamente despreciable, y aunque conozcamos su triste infancia y sus traumas no deja de ser un tipejo (no por ello sus historias no tienen interés. Como dice Abulí «mis historias están llenas de humanidad, pero de la mala»).
El problema de Roschach es que, aunque es despreciable, algunos ven en él algo de justiciero en su conducta y algo de admirable en su «integridad».