El convulso viaje en el tiempo de La Cosa del Pantano de Veitch y Zulli

Esta semana se ha publicado por fin el número 88 de la Cosa del Pantano tal y como lo concibieron en su día Rick Veitch y Michael Zulli hace treinta y siete años. Un cómic que en su día no llegó a ver la luz por el tema que trataba, que puso fin de forma abrupta a la etapa de Veitch al frente de la serie y que tras casi cuatro décadas se había convertido poco menos que en una leyenda. Pero ahora por fin podemos disfrutar de la conclusión de esta etapa en la forma de una miniserie de cuatro números que, como a su protagonista, nos lleva de viaje por el tiempo para conocer por fin el final de esta saga que ha tenido una trayectoria tan tortuosa.

Para esta miniserie han escogido una portada menos provocativa que la que planteo Veitch en 1989

Por ponernos un poco en situación, aunque sea muy por encima, conviene recordar que Rick Veitch, quien había trabajado con Alan Moore dibujando el tramo final de su etapa como guionista de la Cosa del Pantano, se había hecho cargo por completo de la serie. Durante un tiempo compaginó las tareas de guionista y dibujante, entintado por Alfredo Alcalá, y acabó delegando las labores artísticas a dibujantes como Tom Mandrake, Tom Yeates y Michael Zulli, aunque el trabajo de este último aquí no pudimos disfrutarlo hasta ahora mismo. Y en esa etapa, bastante continuista con la de Moore en muchos aspectos, la Cosa del Pantano se embarcó en un viaje por el tiempo que le llevó a diferentes épocas, tratando de regresar a la suya mientras por el camino se encontraba con numerosos viejos conocidos de la historia de DC, en la línea de lo que había hecho unos años antes con Moore y el propio Veitch cuando viajó por el espacio.

Por suerte ahora podemos disfrutar de su etapa completa

Pero cuando se estaba acercando el final de esta saga en DC estaban en el ojo de todo el mundo. Por un lado, Warner estaba a punto de ser absorbida por Time Inc (curiosamente, como justo ahora se repite la historia con Paramount) y faltaba poco para el estreno de la película de Batman de Tim Burton, por lo que desde los despachos de DC no querían nada polémico que llamase la atención más de la cuenta. Y además, el año anterior, con el estreno de la película de La Última Tentación de Cristo de Martin Scorsese y la publicación de los Versos Satánicos de Salman Rushdie, que habían provocado amenazas de muerte, atentados y asesinatos, algo que ha perdurado hasta antes de ayer, como quien dice, cuando intentaron asesinar a Rushdie hace cuatro años, dejándole graves secuelas. Y en ese clima de fanatismo, intolerancia y violencia, y pese a que desde la editorial habían aprobado tanto el guion de Veitch como las páginas a lápiz de Zulli, en las que se narraba el encuentro entre la Cosa del Pantano y Jesucristo, en el último momento en DC se echaron atrás, rechazaron esa historia y, tras un parón de tres meses en el que Veitch y Zulli dejaron la serie, esta continuó con otro equipo creativo dándole una resolución diferente a la saga en curso.

Esta fue la portada que Veitch propuso para aquel comic y que en principio le aprobaron

Aunque todo esto lo explica mucho mejor y de forma más extensa Stephen R. Bissette en un artículo aparecido en el primer número de esta miniserie y que promete expandir para cuando se publique a finales de este año el tercer y último recopilatorio de la etapa de Veitch en la serie. Y aunque en parte es motivo de celebración que por fin podamos leer el final de esta saga tal y como fue concebida, es una celebración amarga, ya que en los años transcurridos desde entonces Michael Zulli, Tom Sutton (quien iba a ser el entintador de Zulli) y Tatjana Wood han fallecido. Por ello, el veterano Vince Locke (Deadworld, A History of Violence) ha sido el encargado de entintar los lápices de Zulli y Trish Mulvihill de colorear el cómic, esforzándose al máximo para reflejar con su trabajo cómo se hubiese visto el cómic de haberse publicado en su día.

Casi como volver a los 80

Y quizás lo más curioso de leer hoy en día este cómic es que no resulta especialmente polémico, en todo momento Veitch y Zulli trataron la figura de Cristo con muchísimo respeto, limitándose a que este y la Cosa tuviesen un breve entendimiento sin palabras y que este último llenase el cáliz con néctar producido por el mismo, del que Cristo bebió antes de ser capturado por los soldados romanos. Más polémico sí que resulta el breve papel reservado para los Reyes Magos en esta historia y las repercusiones de sus actos en la historia de otro famoso personaje de DC, pero eso es mejor descubrirlo leyendo la historia. Obviamente, las cosas eran diferentes en 1989, y tras la oleada de odio y violencia que habían sufrido Scorsese, Rushdie y quienes habían colaborado con ellos de una forma u otra, puedo llegar a comprender las razones que llevaron a DC a no querer publicar este cómic, pese a que no las comparto en absoluto, ya que ante ese fanatismo no se puede ceder.

Es un encuentro curioso

Pero polémicas e historia a un lado, estamos ante un cómic que, además de por su valor histórico, tanto por lo que supuso su rechazo como por devolvernos a aquella era de DC que iba de cabeza hacia lo que acabó siendo la Línea Vertigo, por sí mismo es un cómic interesante. Tenemos a la Cosa del Pantano moviéndose por la fina línea entre el Universo DC tradicional y ese rincón más oscuro que habitaba, algo que enriquecía mucho estas historias y que durante demasiado tiempo se dejó de lado porque alguien en un despacho había decidido que no funcionaba. También nos encontramos con un cómic que manejaba muy bien la integración de un personaje tan fantástico como es la Cosa del Pantano con elementos tan ajenos al mundo superheroico, y cómo incluso elementos del Nuevo Testamento podían funcionar a la perfección dentro de la historia de DC.

Nunca pensé que vería a la Cosa del Pantano convertido en una aceituna en el monte de los olivos

Además, contamos aquí con el trabajo de otro grande del cómic como fue Michael Zulli (de quien necesito pillar su Puma Blues), y que aquí se amoldó a la perfección al tono gráfico de la serie que habían sus predecesores, ese estilo que inequívocamente nos devuelve a esta era pre-Vertigo. Casi a cada página nos encontramos con ejemplos de todo su talento, ya que era un gran narrador, sabía darle al cómic ese toque de horror gráfico tan característico de la serie, y nos ofrecía unas composiciones de página de lo más imaginativas. Por lo que, aunque este cómic sigue siendo agridulce, es todo un placer el poder disfrutar una vez más de su trabajo.

Lo bien que le sienta la psicodelia al personaje

Resulta triste que hayan tenido que transcurrir casi cuarenta años para poder ver finalizada esta historia, y que el ceder ante el fanatismo (de forma preventiva además) provocase no solo que esta saga no pudiese concluir como tendría que haberlo hecho, sino la marcha de DC de dos grandes talentos como Veitch y Zulli, que a saber qué otros grandes cómics podrían habernos ofrecido en DC en los primeros años de Vertigo. Pero al menos ahora, tanto con la recuperación de la etapa de Veitch en recopilatorios (que espero que se dejen caer por España también) como con el añadido del auténtico final de esta, podemos leer por fin un cómic que, pese a tener detrás una sombra muy alargada, fue capaz de ofrecer al público unas lecturas memorables.

Suscribirse
Notifícame de
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
más antiguos
más recientes más votados
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios