Las distopías y los futuros post-apocalípticos son un territorio más que común en la ciencia-ficción, a veces demasiado. Por eso, pese a tener Tu, El Inmortal (This Immortal) de Roger Zelazny en la pila de lecturas pendientes desde hace mucho tiempo, me resistía a leerlo, porque estos temas es mejor tocarlos de vez en cuando para no embajonarse demasiado. Pero para mi sorpresa lo que me he encontrado aquí es un escenario que, pese a ser muy familiar en muchos aspectos, discurre en direcciones que no me esperaba, dando como resultado una obra más melancólica que triste y en la que el foco siempre se encuentra en que un futuro mejor es posible. Por lo que en el estado en el que está el mundo últimamente igual nos hacen falta más ficciones como esta.

Más de un siglo después de una guerra nuclear que duró tan solo tres días y que casi arrasó por completo con toda la vida de la Tierra, lo que queda de la humanidad sigue el lento pero constante proceso de reconstruir el mundo. Un mundo muy diferente en el que la radiactividad que aún persiste en muchas zonas del mundo ha provocado mutaciones en animales, plantas y humanos, y que se ha convertido en una especie de enclave turístico para los alienígenas de Vega, que ayudaron a la humanidad a recomponerse pero que quieren que buena parte del mundo permanezca como está a modo de curiosidad histórica de la que disfrutar. Algo que quizás esté a punto de cambiar cuando un influyente Vegano quiere que le organicen un viaje por los lugares más importantes de la Tierra y que su guía sea el enigmático Conrad Nomikos, un alto cargo de la organización gubernamental que gestiona la conservación de lo que queda de la civilización pre-guerra, y que es muchísimo más de lo que aparenta…

Decir que este libro ha sido toda una sorpresa sería quedarme muy corto. Yo casi esperaba, o más bien temía, encontrarme con la enésima distopía post-apocalíptica pesimista y negativa en la que se nos recuerda constantemente que el mayor enemigo del ser humano es el propio ser humano. Pero cuando Roger Zelazny escribió esta novela en la década de los sesenta, publicada en 1965 en dos entregas en la revista The Magazine of Fantasy and Science Fiction bajo el titulo de » …And Call Me Conrad», este quiso hacer algo muy diferente. Al ambientar su historia más de un siglo después de la guerra evita mostrarnos los aspectos más desgarradores de esos escenarios, y que tan comunes y repetitivos se volverían en décadas posteriores, para mostrarnos una humanidad que de forma muy paciente ha estado reconstruyendo su mundo y donde la vida ha vuelto a florecer aunque sea de forma escasa.

Así alterna las secuelas que aún persisten de la guerra, como las “Zonas Calientes” a las que nadie se puede acercar aún, o las criaturas que nacidas en sus alrededores han ido mutando a lo largo de las décadas hasta convertirse en algunos casos en auténticos monstruos, con una humanidad que rebosa vitalidad, tanto en la Tierra como en las lejanías del espacio, a donde han llegado gracias a la ayuda de los Veganos, el nombre me sigue haciendo gracia cada vez que lo leo o lo escribo, que les han ayudado a establecerse en los mundos que estos han colonizado. Un cambio de escenario agradable e interesante que nos recuerda que no es necesario que todos los post-apocalipsis se muevan por los mismos registros encorsetados de los que yo personalmente estoy ya cansado.

Pero no todo es perfecto en este escenario. Las intrigas políticas y los juegos de poder tristemente han sobrevivido a la guerra, y además existe el problema de la influencia cada vez mayor que ejercen los Veganos tanto en la Tierra como en el gobierno en el exilio de esta, localizado en uno de sus mundos. Porque mientras algunos ven en los Veganos unos valiosísimos aliados que les ayudaron cuando se encontraban en su peor momento, para otros son unos colonizadores que no buscan más que apropiarse de la Tierra por completo, convertirla en un museo gigantesco sobre los horrores de la guerra y desperdigar a la humanidad por el espacio para que no estorben. Algo que provocó en el pasado el nacimiento de organizaciones terroristas que luchaban por la independencia de la Tierra y que no están tan desaparecidas como se creía.

Y en medio de todo esto tenemos a un personaje tremendamente enigmático, Conrad Nomikos, fundador de la organización que se dedica a preservar y restaurar la Tierra y a quien el nacer cerca de una de esas “Zonas Calientes” le dejó con media cara desfigurada, una ligera cojera y una longevidad que le mantiene permanentemente aparentando unos treinta años, aunque a veces parece que ni él mismo sepa lo viejo que realmente es. A lo largo del libro se nos van revelando con cuentagotas elementos de ese pasado que ni sus más cercanos conocen del todo, ya que a lo largo de su extensa vida ha adoptado multitud de nombres y papeles y parece haber estado en todas partes, pero siempre con un único objetivo, proteger la Tierra y lo que queda de la humanidad. Un personaje fascinante de quien nunca llegamos a saberlo todo, solo lo suficiente, y de quien Zelazny reconoció alguna que otra vez que quiso mantener esa ambigüedad para que el público dudase si estábamos ante un mutante o un ser mitológico encargado de proteger la Tierra, un aspecto que es de lo que mejor funciona en la obra.

Con todos estos elementos Zelazny construyó una apasionante historia cuya principal fortaleza recae en los diálogos y en donde la mayor parte de los conflictos son éticos y morales más que físicos. Personajes que se deben a principios inquebrantables a los que han dedicado su vida entera, debates ante lealtades divididas, o personas con los mismos objetivos y métodos radicalmente diferentes para llegar a ellos. Dejando a un lado algún pequeño altercado anecdótico con alguna criatura mutante que otra y grupos de gente que aún se mantienen al margen de la sociedad, el eje principal de esta novela es sencillamente ese, diferentes filosofías enfrentadas y la necesidad de llegar a puntos en común para seguir adelante, y un optimismo enorme que pese a la complicada situación de la Tierra rezuma por todas partes.

Todo esto hace de Tu, El Inmortal no solo una novela imprescindible para los amantes de la ciencia-ficción que más de sesenta años tras su publicación original sigue siendo de lo más relevante. También es un gran recordatorio de lo tremendamente versátil que puede llegar a ser un escenario post-apocalíptico cuando se tienen ganas y talento para hacer algo diferente y construir con esos cimientos tan trágicos una obra en la que destaca sobre todo el espíritu de resiliencia de la humanidad.

Pues, tal como ocurría con «La oscuridad más allá de las estrellas», resulta que este libro también está disponible en castellano en la página de archive.org, así que otro que va a la lista de próximas lecturas sin necesidad de tener que buscarlo en tiendas (donde probablemente solo le encontraría en la sección de libros de segunda mano).
En librerias de segunda mano es donde he conseguido ambos y unas cuantas docenas (muchisimas docenas) de libros mas xd
Además suelen aparecer tirados de precio (aunque no son precisamente de lo que más se ven), al menos en las que no venden por internet (ahí sí se pueden subir a la parra con lo que lleva décadas sin reeditarse, salvo que sea de muy bajo perfil).
De Zelazny tengo pendiente todavía de iniciar lo de los Nueve Príncipes de Ámbar (hubo una pequeña traslación parcial al cómic de Las Crónicas de Ámbar …y algún intento frustrado de llevarlo al cine y a la televisión). Me encantó la interpretación de ese universo del gran Gray Morrow.