Esta semana se nos ha ido otro de los grandes del mundo del cómic, Len Wein. Un guionista y editor al que estos días todo el mundo esta recordando por ser el creador de la Cosa del Pantano, Lobezno y el resto de “la nueva” Patrulla-X pero de quien yo quiero destacar otras facetas que para mi personalmente fueron tan importantes o mas, ya que fue uno de los principales responsables de muchos de mis cómics favoritos de la infancia y de cambiar el panorama del cómic de superhéroes. Por todo ello queremos rendirle desde aquí nuestro pequeño y humilde homenaje a alguien sin cuya contribución el mundo del cómic estadounidense sin duda este seria diferente a como lo conocemos.

Nunca me acostumbrare a tener que recordar de esta manera a autores que tan buenos ratos me han hecho pasar

De su Cosa del Pantano, junto con el también tristemente fallecido este año Bernie Wrightson, hable por aquí no hace mucho, un personaje que al igual que sucedió con Lobezno y compañía fueron otros quienes popularizaron. Y aunque podríamos debatir eternamente sobre los méritos de la creación de un personaje y hablar largo y tendido sobre quien es el verdadero padre de La Cosa del Pantano, de Lobezno y compañía, si el que les dio la vida o el que les crio, hay un detalle importante que se suele pasar por alto. Y es que Wein, como editor de aquellos primeros números de la nueva Patrulla-X y también de la Cosa del Pantano fue el que le dio las riendas de sus creaciones a Chris Claremont y a Alan Moore, demostrando con ello que no solo era un buen guionista, sino que tenia también un gran ojo a la hora de reconocer el talento.

Les desarrollarían otros, pero su merito al co-crearles es innegable

Y es esta faceta suya de la que se suele hablar menos, es la que a largo plazo tuvo un mayor impacto en el mundo del cómic. Una falta de reconocimiento de la que el propio Chris Claremont se quejaba en una entrevista hace unos años cuando afirmo que el cómic moderno no se entendería sin la contribución de Len Wein. Una contribución que podemos encontrar cuando insistió ante sus jefes en numerosas ocasiones en que debían dar luz verde al proyecto de Marv Wolfman y George Pérez de relanzar a los Titanes bajo el nombre de New Teen Titans. Un cómic que acabo convirtiéndose en uno de los mayores éxitos de la editorial en aquellos años y que permitió a Wein poner en marcha otros proyectos que acabaron convirtiéndose en clasicos para todos aquellos que descubrimos DC en los 80.

Los propios Wolfman y Perez se cachondeaban de lo mucho que necesitaban a Wein

Camelot 3000, Batman y los Outsiders, Crisis en Tierras infinitas, la etapa de Alan Moore al frente de la Cosa del Pantano e incluso el mismísimo Watchmen, todos ellos proyectos de los que Len Wein convenció a sus jefes que valía la pena poner en marcha (y como para decirle que no tras el éxito de los Titanes) y que no solo son recordados con cariño por todos los que los leímos en su día, sino que en muchos casos se han convertido en clásicos indiscutibles del cómic de superhéroes. Y ese mismo ojo para detectar lo que podía funcionar entre los lectores fue lo que hizo que Wein se convirtiese en quien abrió las puertas del mercado estadounidense a aquellos que se denomino la invasión británica y que de forma indirecta nos acabo dando algunos de los mejores cómics de las ultimas décadas.

Snifs, que grandes fueron los 80

Pero esas labores de editor también le dejaron tiempo para pequeñas colaboraciones en otros clásicos de la época como el encargarse de los diálogos de Legends o de guionizar los primeros números de la Wonder Woman de Pérez sobre el argumento de este ultimo. Una época de la que quiero destacar unos cómic que para mi personalmente fueron importantisimos ya que fueron aquellos con los que descubrí a uno de mis personajes favoritos, Hal Jordan. En aquella etapa en la Wein hacia el doble papel de editor y guionista y colaboro con uno de aquellos jóvenes talentos que se había traído de Gran Bretaña, Dave Gibbons. Su etapa heredaba de los equipos creativos anteriores a Hal Jordan viviendo un largo exilio en el espacio, circunstancia que aprovecharon para mostrarnos el descontento de Hal Jordan con unos cada vez mas autoritarios Guardianes y que desembocó en la dimisión de Hal como miembro de los Green Lantern Corps.

¡Yo esto nunca lo había visto!

Aunque historias así sin duda existieron antes y han habido muchísimas después, en aquella época concreta para mi aquello resultaba inconcebible. Jamas había visto a un superhéroe abandonar su doble identidad por amor ni se me pasaba por la cabeza que eso pudiese suceder. Pero lo mejor fue que Wein no se quedo en lo superficial y nos mostró a un Hal Jordan tremendamente humano, uno que pese a estar en principio convencido de haber hecho lo correcto no hacia mas que sentir dudas sobre su dimisión, dudas que se convirtieron en celos cuando descubrió que los Guardianes habían escogido como su sucesor al hombre que en el pasado había sido su reemplazo de emergencias, John Stewart.

Esto de ver al héroe celoso de su reemplazo también era algo bastante nuevo en su época

Y ahí estaba el otro punto fuerte de su etapa en GL, en recuperar a un secundario que pese a haber sido creado algo mas de una década antes su papel siempre había sido el de reemplazo puntual y temporal y ponerle en primer plano como Green Lantern oficial, un papel que no abandonaría durante las siguientes décadas. y que sin duda ayudo a cimentar la popularidad del personaje. Un caso que ademas nos recuerda de nuevo que no siempre son los creadores de un personaje los que mejor lo aprovechan. Y aunque la etapa no la terminaron ni Wein ni Gibbons, siendo estos reemplazados por otros autores y editores, las semillas de lo que crearon estaban ahí y sus efectos se dejaron sentir durante mucho tiempo, entre ellas la de convertirme en un fan a muerte de Green Lantern.

Y por fin después de década y pico John tuvo su oportunidad de ser el protagonista de verdad

Sin duda no exageran en absoluto todos los que afirman que sin la presencia de Len Wein el mundo del cómic estadounidense no seria como lo conocemos hoy en día, no solo por los personajes que ayudo a crear, sino sobre todo por como facilitó el trabajo a sus compañeros de profesión para que pudiesen dar lo mejor de si mismos siendo uno de esos editores de los que hoy quedan pocos. Y por todo ello, y porque aun le quedaban algunos proyectos entre manos que quería poner en marcha (ese regreso a la Cosa del Pantano, sigh), desde aquí y al igual que en toda la comunidad de profesionales y aficionados al cómic vamos a echarle muchísimo de menos.

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