Este verano se cumplen cien años del nacimiento de Jack Kirby y para tan magna ocasión no podíamos conformarnos con un simple homenaje de una semana y echarnos a dormir, no. Cada semana hasta el 28 de Agosto vamos a repasar algunos episodios de la carrera del hombre que revolucionó la historia del cómic y marcó el camino a seguir para generaciones de creadores durante las décadas posteriores. Pero dejémonos de adjetivos superfluos y rimbombantes -el especialista en eso era Stan Lee- y hagamos lo que el propio Jack habría querido, ir al grano:

El Rey.

Jack Kirby empezó como todos los pioneros del comic book, trabajando a la sombra de los titanes de las tiras de prensa. Cada uno de los dibujantes de la época solía basarse en el trabajo de una superestrella de uno de los grandes, ya fuera Alex Raymond, Harold Foster, Chester Gould o Milton Caniff, siendo este último el autor cuya influencia se nota más en este Kirby de los inicios. Ya fuera por imposición editorial o porque Terry y los Piratas era la tira del momento -con permiso de Superman- el Kirby de estos inicios es muy deudor del estilo de Caniff, y ni siquiera su paso por la factoría de animación de los Fleischer -un sitio muy aburrido donde le obligaban a dibujar siempre lo mismo, allí no se sentía artista si no parte de una cadena de montaje- conseguiría borrar la influencia de los héroes y villanos de Terry y los Piratas del diseño de algunos de los personajes de la primera gran obra de Jack Kirby: Capitán América.

La colaboración de Simon con Kirby hacia que muchas de las ilustraciones las hicieran entre los dos, lo cual hace el estilo de Kirby más irreconocible todavía.

Y es que en este Kirby de los inicios se nota que sigue buscando su propia identidad artística y a la vez se ve mezclado por el estilo de su compañero inseparable Joe Simon,  que ejercía de editor de la editorial Timely (el nombre de Marvel Comics por aquellos tiempos) y que tras la publicación del primer cómic del Capitán América le ofrecería el puesto de director artístico de la editorial. Simon lo había conocido tiempo atrás cuando ambos trataban de abrirse camino en las tiras de prensa, y su profesionalidad incansable y velocidad a la hora de trabajar le habían convencido para llamarlo para trabajar con él en los comics. Para entonces Kirby ya tenía claro que no le hacía ninguna gracia el trabajar en las cadenas de montaje del mundo de la animación y tampoco le parecía apropiado el sistema de las tiras de prensa, así que la más que generosa oferta de Simon para trabajar con la empresa de Martin Goodman le pareció una buena forma de mantener comida caliente en el plato, más si tenemos en cuenta que les permitían crear su propia revista y personaje asociado, Captain America Comics.

Joe Simon era el complemento perfecto para Kirby, porque buscaba dinero por todas partes mientras Jack seguía creando.

De repente Kirby pasaba de un trabajo explotador pluriempleado con colaboraciones esporádicas a tener un trabajo fijo de dos historias mensuales, además de trabajar en otras revistas de la editorial. Todo esto gracias al Captain America y su portada del puñetazo a Hitler, que supone todo un pelotazo económico y publicitario por el que acaba siendo felicitado por el mismísmimo alcalde de Nueva York, el célebre Fiorello La Guardia que no sólo los anima a seguir con la tira, si no que se ofrece a mandar escolta policial para acabar con las amenazas de los nazis del American Bund que en aquellos tiempos bombardeaban la redacción de Timely con amenazas de muerte por haber dibujado a su Führer como el miserable que era. Aunque, en honor a la verdad, lo cierto es que Captain America Comics no sería el primer cómic de la editorial en tocarle las narices al Bund y los nazis, ya que tanto Namor como la Antorcha Humana llevaban ya meses luchando contra las fuerzas del eje y un tal “Hiller”…

Lamentablemente, muchas de estas portadas no tenían nada que ver con el interior.

Kirby demuestra ser un dibujante rápido y eficaz, pero ya en aquel momento destaca por sus inquietudes; Jack no puede pararse quieto y su cabeza siempre está pensando en otra cosa, y la serie de un tipo con escudo que se va pegando contra saboteadores se le quedaba pequeña. Si sumamos a todo esto el hecho de que Simon descubrió que Goodman les estaba escamoteando dinero de los beneficios del Capitán América y que National (DC Comics) les ofrecía una sustanciosa suma de dinero si trabajaban también para ellos, tenemos a la pareja creativa trabajando a escondidas para la competencia. Y tampoco es que Simon y Kirby tuvieran un contrato de exclusividad con Marvel que les impidiera trabajar para DC, pero lo cierto es que Joe Simon era lo más parecido a un Editor in Chief de Timely por aquella época y la National de Jack Liebowitz era la competencia directa y el enemigo número uno de Martin Goodman en aquel momento, con lo que cuando misteriosamente -por chivatazo de un jovencísimo Stan Lee, vaya- se enteró de que sus dos estrellas estaban trabajando para el enemigo, a Goodman le entró el síndrome de “los autores no son lo importante, sólo los personajes” y los despidió fulminantemente, haciendo que los creadores de Steve Rogers abandonaran el personaje en el número 10, no habiendo pasado ni un año desde la creación del personaje.

Eso sí, dejaron al personaje con el aspecto que le acompañaría durante los siguientes 60 años.

Y aun así en ese tiempo a Simon y Kirby les da tiempo a definir por completo el diseño definitivo del personaje, y ya para el segundo número de la serie decíamos adiós al escudo triangular y la capucha ya va unida al resto del uniforme, quedando como único cabo suelto los colores del nuevo escudo, ya con el diseño circular que conocemos hoy en día. Timely seguiría publicando Captain America durante los siguientes veinte años, y ni en lo gráfico ni en lo literario haría grandes cambios sobre el personaje. Mientras tanto, Joe Simon y Jack Kirby continuarían su etapa en National Comics…

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