Las librerías son peligrosas: Marvel Mart y la enésima metedura de pata (II)

Seguimos repasando otra de esos momentos en los que Marvel tuvo el don de la oportunidad para mal, con el catálogo gratuito Marvel Mart que incluyeron con premeditación y alevosía en algunos de los cómics de la época. Lo habíamos dejado con Peter Parker y Mary Jane buscando un regalo para Flash mientras unos críos nos van detallando todos los artículos del catálogo, pero con el trepamuros notando que algo fallaba…

«No se puede discutir con alguien que tiene la fuerza proporcional de una araña». Sí, ésto es muy de Mary Jane.

En esto que Peter Parker se cansa del zumbido de un sentido arácnido que, supuestamente le debería alertar solo de los peligros pero le avisa de la intención de robar de dos jovenes punkis, con lo que decide enfundarse su traje de Spiderman y ponerse en acción… Solo que ya no sabe por donde andan los ladrones -¿pero qué clase de sentido arácnido es este?- con lo que acaba preguntando a los niños dónde están los perversos punkies que no tarda en encontrar «justo lo que pensaba, ¡ladrones de tiendas!» mientras ellos mismos hablan sobre lo baratos que están esos cómics que se están metiendo dentro de la chaqueta. Spiderman observa la escena y recuerda que no puede actuar hasta que salgan de la tienda con los objetos robados, esperandose a que se metan en el ascensor y detenerlos con sus telarañas para que los detenga la policía, o más bien un guardia del centro comercial.

Que digo yo que si vas a robar algo por vicio, roba algo con más gusto. Digo yo.

Que no sé como están las leyes en EEUU, pero cuando yo trabajaba de esto los guardias estos no podían detener a la gente, tenían que llamar a la policía y punto. Que puñetas, cuando pillaba a alguien robando no llamaba ni al guardia de seguridad, les sacaba amablemente lo que habían robado y les decia que se les había olvidado sacar del bolso ese libro de 30 euros que, por supuesto, en ese momento no podían pagar. Lo que habría hecho Spiderman vaya, nada de humillar ni dar por hecho lo peor de la gente, no hace falta joderle la vida a nadie por una tontería. El cómic acababa con los punkis asustados por un hinchable de Spiderman muy feo -por solo 49’50 dólares, éso si que es un robo- y Mary Jane decidiendo comprarle a Flash cheques regalo, idea que Peter celebra porque «ésta cosa de ir de tiendas es algo muy peligroso». Por supuesto, y ésta última línea especialmente, a los libreros no les gustó un pelo.

Capaces luego de echarle la culpa de todo al guionista, que seguramente solo pudo escribir esto en una mañana. Y no, no lo despidieron, que ya digo que acabó guionizando Tierra X.

El catálogo destacaba las maravillosas ofertas exclusivas y la comodidad de hacer tu pedido por teléfono, fax o por correo, sin moverte de casa, en una época en la que las librerías ni se planteaban un servicio a domicilio. Para colmo, era un momento bastante jodido en toda la industria, con multitud de librerías cerrando por el estallido de la burbuja y los libreros sintiéndose estafados por las editoriales porque tenían la trastienda llena de números uno de X-Force que jamás iban a poder vender. Lo de encargar suscripciones directamente a Marvel y hasta merchandising no era algo nuevo precisamente, pero de hacer una página de promoción a hacer un catálogo completo en un momento tan delicado había una distancia escandalosamente grande. El departamento de ventas probabliemente había ideado el folleto como una forma de amortiguar las pérdidas de la editorial, pero lo estaba haciendo a costa de los libreros, que de por sí ya estaban bastante alterados; cuando por fin habían conseguido el monopolio de venta de cómics con la salida de estos de kioskos y supermercados, de repente se empezaba a rumorear que Blockbuster Video iba a venderlos también… ¿¿y Marvel hacía ésto??

Previews mantendría su monopolio durante más de veinte años, hasta que el COVID y demás acabaron provocando que todas las librerías se pasaran a las redes de distribución de libros.

Las airadas reacciones de los libreros se sumaron a las de distribuidoras como Diamond, que se encontraron que los cómics que incluían el catálogo pesaban más y aumentaban el precio de la distribución sin ninguna compensación económica, por lo que empezaron a avisar a los libreros sobre qué cómics incluían el catálogo de marras… Y el que quiera hacer, que haga. Y así es como tenemos a gente como el Wacker de 1994 arrancando catálogos a las tantas de la madrugada. Otra distribuidora, Comics Unlimited, publicó una circular atacando muy agresivamente a Marvel y animando a libreros y otros distribuidores a hacer de menos a Marvel, a promocionar cómics de la competencia y participar menos de las promociones de la editorial. Y así es como llegó el momento clave, con Marvel Comics reculando y el vicepresidente de ventas de la editorial, Matt Ragone, diciendo aquello de «Se dice que el camino del infierno está hecho de buenas intencions y nuestra reciente prueba del catálogo de Marvel Mart nos ha convencido de que debe de ser verdad». Ragone procedía después a explicar que se acabaron los catálogos y todos los artículos a la venta del mismo se pondrían a disposición del mercado directo, como medida para compensar cualquier daño.

Stephen Wacker contando orgulloso a unos cuantos libreros en la NYCC cómo luchó contra Marvel hace treinta y pico años.

Sin embargo, aquello no quedó en nada, porque la soflama de Comics Unlimited llamando al boicot suave -pero boicot- acabó con Marvel retirando sus productos de la distribuidora, que poco después acabaría cerrando por perder a su principal cliente (a eso se le llama dispararse en el pie).
Y sí, toda la buena fe que pudieron recuperar con esa recogida de cable se iría al carajo al final de ese año, cuando Marvel compraba la distribuidora Heroes World y se salía de Previews y Advance Comics, los dos catálogos más importantes de las distribuidoras de la época (por lo menos eran los que llegaban aquí) y sacaba su propio catálogo para librerías: Marvel Vision. Para cuando Marvel quebró y tuvo que volver a la distribución «general», la única distribuidora que quedaba en pie era Diamond, y de tener un mercado en el que las editoriales tenían margen para negociar con las distribuidoras, ahora se enfrentaban con un monopolio. Todo por hacer el tonto. Gracias por nada, Ron Perelman…

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