Siempre es un placer encontrarme con que uno de esos autores que rara vez me decepciona ha sacado un nuevo cómic, y más cuando se trata de uno en el que vuelca una de sus mayores pasiones. Y aunque a mí personalmente los coches en la vida real no son precisamente algo que me entusiasme, en la ficción me encantan cuando protagonizan frenéticas persecuciones en las que todo parece posible. Y eso y mucho más es lo que nos ofrece Sean Gordon Murphy en The Last Driver.

Tras la conocida como Segunda Guerra Civil Estados Unidos quedó en manos de los mega-ricos, apodados los “Barones del dinero”, quienes no tuvieron que recurrir a la violencia ni a las armas, sino que asumieron el control del país a través de su influencia y tecnología. Durante décadas estos han reforzado su control del país dividiéndolo en dos grandes grupos, los ricos que viven en grandes y sofisticadas ciudades conectadas por redes de carreteras automatizadas y vehículos robotizados, y los pobres relegados a vivir a su suerte en los desiertos que rodean estas megaciudades. Y ahora que su proyecto está a punto de culminar y con ello aislar para siempre a los habitantes de los desiertos, Clutch, una reliquia del pasado al volante de un viejo coche de gasolina va a desafiar por última vez a ese orden establecido para salvar la vida de la persona a la que más quiere…

Como decía al comienzo los coches no son algo que me apasione, y de hecho soy de quienes piensan que el mundo, o al menos las ciudades, serían un lugar mejor si desapareciese todo el tráfico privado para ser reemplazado por transporte público. Por eso no soy capaz de compartir esa visión idealizada, incluso romántica, que siente Sean Gordon Murphy por los coches, especialmente por los coches viejos con la tecnología mínima encima, y su afán de equiparar la conducción con la libertad. Pero dicho eso, la idea de un “forajido” que se rebela contra la tiranía por una causa de lo más noble, y que por lo visto en estos dos primeros números va a inspirar una revolución, entra de lleno en lo que me encanta en la ficción. Y además, en la ficción es todo un placer presenciar desde la seguridad de la vida real esas persecuciones espectaculares que gente como Murphy son capaces de hacer tan emocionantes como las del cine o la televisión.

Aunque también es cierto que en este cómic se aprecia un desprecio nada disimulado hacia los avances tecnológicos que, ya sean la opinión real de Gordon Murphy o simplemente parte de la caracterización de su personaje, casi me han sacado fuera de la historia de forma puntual. Porque como decía antes, me encanta la actitud de rebeldía contra el poder de Clutch, esas cosas de las que se queja como coches autónomos, GPS, cámaras, etc., son, o acabarán siendo, algo que dará mayor seguridad a la conducción. Pero teniendo en cuenta cómo Clutch tampoco habla muy bien de internet, de los servicios de streaming, y se empeña en tener en su coche un reproductor de cartuchos de ocho pistas para escuchar música, probablemente sea simplemente que Murphy ha querido caracterizar a su personaje como a un viejo cascarrabias demasiado sumido en la nostalgia de la mala.

Pero dejando todo eso a un lado, The Last Driver es, pese a su ambientación futurista y su crítica a muchos aspectos de la sociedad que estamos sufriendo en el mundo real, una historia con un sabor de lo más clásico. Clutch es un viejo contrabandista retirado de buen corazón, que antes de eso fue piloto de carreras y especialista en el cine, pero que ahora está retirado de todo y solo se ocupa de cuidar de su nieta enferma. Una nieta que necesita con urgencia un trasplante de corazón pero quienes viven fuera de las ciudades no tienen acceso a esas cosas. Por eso cuando un viejo conocido de sus tiempos al margen de la ley le ofrece una oportunidad de salvar a su nieta como pago por las viejas deudas, Clutch pese a sus dudas acepta su oferta sabiendo que es muy probable que acabe siendo apuñalado por la espalda.

De esa forma Clutch es uno de esos personajes que no busca ser heroico, que no pretende salvar el mundo ni nada parecido, que solo quiere que su nieta, la única familia que le queda, tenga una oportunidad de vivir, sin importarle lo que le suceda a él. Pero como sucede en muchas de estas historias, sus acciones, que en principio aunque en parte desinteresadas se centran solo en una persona, ya desde el comienzo de la serie nos dejan claro que va a ser la chispa que inicie toda una revolución. Y ese tipo de historias son una de mis debilidades.

Pero aunque Sean Gordon Murphy ha demostrado a lo largo de los años que es un escritor más que competente, su punto fuerte sigue siendo el dibujo, y aquí hace todo un despliegue de lo que mejor se le da hacer. Ciudades futuristas, tecnología avanzadísima y coches rápidos envueltos en persecuciones de las que quitan la respiración. Sean Gordon Murphy ha hecho aquí un poco de “trampa”, algo de lo que no le culpo en absoluto, escribiendo una historia hecha por completo a la medida de sus pasiones y puntos fuertes artísticos, que debe ser uno de los mayores placeres de los autores completos. Y desde el punto de vista del público, yo personalmente estoy encantado de todo lo que está haciendo aquí.

Para la ocasión Murphy ha optado por un formato apaisado, o panorámico, que le aporta al cómic cierta esencia cinematográfica que le sienta muy bien a esta historia, especialmente por lo mucho que le debe en mayor o menor medida a todas las grandes persecuciones y coches del cine, que aquí homenajea de forma descaradísima mostrándonos un museo muy particular repleto de joyas de lo más reconocibles. Un formato que además aprovecha a la perfección para que estas persecuciones y escenarios mastodónticos y opresivos “respiren” mejor en las páginas. Y todo eso combinado con su habilidad como narrador, hacen que uno viva estas carreras a vida o muerte con casi la misma emoción que lo haríamos si las viésemos en la gran pantalla.

Y de momento, tras haber leído los dos primeros números de esta miniserie de cinco, toda esa emoción no hace más que crecer, así que confío en que este The Last Driver pisará el acelerador a fondo hasta el final y Sean Gordon Murphy rematará esta miniserie con un desenlace a la altura de lo que nos ha contado hasta ahora.
