Vale, han pasado veinte años ya de Civil War, creo que ya es hora de hablar de ello. Porque claro, quieras que no, en el momento en el que empezamos Brainstomping todavía era una historia reciente, todavía era «actualidad». Y, por mucho que Joe Quesada llegara a compararla con Watchmen -«Watchmen también se retrasó, y nadie se acuerda de que se atrasara»- todos sabíamos que la historia estaba un pelín coja, a pesar del pifostio que se habían montado. Tras años de crossovers noventeros en los que la vida seguía igual (hola Tony Stark adolescente) Civil War realmente ponía sobre la mesa un conflicto moral, algo completamente novedoso… O no.

Porque claro, en 1989 Walter Simonson ya había explorado la idea en los tres primeros números de su etapa de Los 4 Fantásticos (334-336). Había quedado la cosa deslucida porque el final de la historia estaba dibujado por Ron Lim, pero en plena era del BWA-HAH-HAH Simonson se las había arreglado para hacer comedia con el concepto principal de Actos de Venganza, que no era otro que el de enfrentar a los personajes con los villanos habituales de otros héroes, gente que no se solían tropezar. Pero claro, el resto de los grandes villanos ajenos estaban ya ocupados, por lo que los 4F acababan dándose de tortas contra villanos de tercera fila, que los atacaban a lo loco sin saber muy bien por qué. Eso sí, el trasfondo del cómic era un tanto más serio, porque durante la etapa anterior de Steve Englehart el grupo había sido sustituido por los clones malvados de un vigilante renegado, que habían decidido tiranizar la ciudad y crear la llamada «fantastitasa», tratando de cobrarle a todo el mundo un impuesto por su maravillosa protección y los prodigios que les regalaban diariamente. Años antes de que Peter Parker tuviera la excusa de «no fui yo, fue mi clon» -aunque en realidad su clon era bastante anterior, sí- el cuarteto fantástico tenía que enfrentarse a la triste realidad de haber perdido buena parte de su crédito con la opinión pública. Lo que es peor, viniendo como venía Simonson de dibujar Factor X para los guiones de su esposa Louise, el cómic planteaba la posibilidad de crear un Acta de Registro de Superhéroes, a imagen y semejanza del de mutantes que había coleado en dichas series durante los últimos años. Así que Reed Richards tenía que viajar a Washington DC para plantarse delante del congreso de los EEUU y defender no ya solo su honor, si no la credibilidad de todos los bienhechores con pijama. Aunque, a decir verdad, lo importante era lo del acta de registro, en última instancia y aunque Englehart dijera lo contrario en el número anterior, Simonson pasó de puntillas por el espinoso asunto de la credibilidad del grupo…

Lo interesante de todo esto, más que en la propìa comparecencia de Reed, está en el primer número dibujado por Rich Buckler, en el que el grupo tiene una conversación sobre los pros y los contras de dicha acta. Rechazan por completo la de los mutantes y formulan ideas tan interesantes como la fiabilidad del gobierno a la hora de guardar secretos, la posibilidad de que los militares los recluten forzosamente, el hecho de que los villanos nunca se iban a registrar, por lo que en última instancia si la gente con poderes quería mantener su vida normal, solo usarían sus poderes los villanos. Y la idea más ominosa, la posibilidad de que, en última instancia, el gobierno decidiera ilegalizar todo tipo de poderes y tirara de registro para detener a los que los tuvieran, con lo que una vez más tendríamos el escenario de que los únicos que tengan poderes sean los villanos. Y éso es precisamente lo que dice uno de los testigos que comparece ante la comisión, reditando ese último argumento para horror de Ben, que lo había dicho tal cual en el último número «¡Hermano, nunca habría pensado que vería el día en el que estuviera de acuerdo con la Asociación Nacional del Rifle!». Y sí, el tipo en cuestión estaba representando el punto de vista de la asociación de marras, dejando claro al personal que la Marvel de 1989 tenía bastante más conciencia política que la del mingafría de Quesada, ¡la que montaría alguno hoy en día si se enterara de que Ben Grimm está adoctrinando a los lectores contra la NRA! Y lo que es peor, unas páginas más tarde el propio Ben habla sobre cómo algunos criminales pueden comprar rifles de asalto sin problemas, y cómo la tontería del registro podría entorpecer que los superhéroes defendieran a la población de los villanos.

Al final el debate termina de una forma curiosa, con Reed preguntándose para qué sirve realmente ese acta de registro y la diferencia entre superhumanos y mutantes, ilustrando lo absurdo de lo mismo con un detector de mutaciones que da positivo con dos o tres de los presentes, algunos de ellos congresistas. Ante la posibilidad de tener que registrarse y todo eso, la comisión decide dar carpetazo al asunto y se acabó el debate hasta que a Mark Millar se le ocurrió la idea otra vez veintidós años después, supuestamente porque vio lo armadísima que iba la policía de EEUU despues del 11S y él, como escocés, se sintió un tanto incómodo ante tantos cañones. Lo cierto es que el debate moral en Civil War quedó en todo momento en un segundo plano, teniendo bastante menos enjundia de lo que tuvo en estos cómics de Walter Simonson. Claro que Simonson hizo trampa, ¿verdad? Quiero decir, en vez de ser él solito al que se le ocurrió la idea mirando a un policía portando exceso de plomo -con lo cancerígeno que es eso, oye- Simonson tuvo a Paul Floriani, Christopher Foxx, Paul Grant, Cheryl Harris, Scott Martin, Dan Mishkin, Pat Mullet, John Ostrander, Tom Owens, Jim Pertierra, Don Porges, Doug Pratt, Alex Stevens, Terry St Jean y Nick Varga sugiriéndole ideas sobre una hipotética ley de registro de superhéroes y lo que conllevaría. Toda esta gente no había salido de la nada, eran gente que a finales de los 80 estaba en un foro de cómics de CompuServe con el propio Simonson, años antes de internet. Y me hace gracia que todos aquellos, siendo algunos profesionales del cómic reconocidos y otros no, sacaran más chicha a la idea para un par de números que todas las cabezas de Marvel de una reunión creativa de allá por 2005. Tan apasionados que estaban con la idea de una «guerra civil» de superhéroes que se pasaron por el forro el fondo filosófico del asunto, porque era más divertido ver a Reed Richards ejerciendo de científico loco y no del superhéroe que es.

Porque a esta gente no le gusta trabajarse unos personajes, caracterizarlos y hacerlos «vivos», solo le gusta sacarse fotos y decir que ha tenido ideas. Ideas que son tramas para las que los personajes son un estorbo, porque si yo quiero decir que se enfrentan a lo bestia tengo que justificarlo, y si lo tengo que justificar eso me lleva trabajo, me lleva meses, y eso es demasiado tiempo. Yo quiero contarlo en seis meses y olvidarlo, quiero que le encanta a los que acaban de llegar aunque asuste a los lectores veteranos. La trama por encima del personaje, el golpe publicitario y la ganancia a corto plazo por la renuncia a la calidad del producto final, a que siga vendiendo años y años después. Pero claro, estos cómics se siguen vendiendo, ¿no? O yo que sé, lo que está claro es que si veinte años después Tom Brevoort sigue presumiendo de este desbarajuste y hasta llega a decir que fueron otros los que pusieron al lado de Iron Man como el de los malos y no la serie principal, es que tenemos un problema bien gordo que creo que se ha visto bastante reflejado en sus propios cómics, porque desde los Vengadores hasta la Patrulla X han perdido buena parte de su fondo ético y filosófico, y no se debe solo a que hoy en día intenten ser apolíticos -de derechas, como mi padre que diría Berlanga- si no a que a estas alturas me da la sensación de que ya no saben diferenciar el bien del mal. Y éso al escribir una historia es un problema muy gordo, pero en un cómic de superhéroes…


Añadiría que en Gruenwald añade otra perspectiva: qué pasa couando los superpoderosos controlan el gobierno y si un ciudadano (el Capitán América) tiene derecho a objeción de consciencia cuando su gobierno le reclama a trabajar para él por la fuerza.
En Civil War, Reed Richards hacía una reflexión sobre que aun tío suyo de izquierdas lo habían puteado de mala manera el Gobierno, pero que para él eso era inevitable y necesario para conservar el orden. Eso era totalmente incoherente con lo que dijo en esos episodios de Simonson, donde se discutía el si el gobierno podía controlar en exceso a los ciudadanos.
Yo diré que puedo entender que si u ciudadano puede tener poderes incontrolados el gobierno quiera saber qué hace para controlarlos. Pero no con sus ideas políticas, a menos que sean manifiestamente extremistas y promotoras del odio.
Depende de que odio promuevan porque estamos viendo que hay un odio bueno y otro malo.
O alguien duda que si en España hubiera sucedido al contrario y la dictadura de 40 años fuera comunista, el equivalente al valle de los caidos estaria derruido, no habria gente aun enterrada en las cunetas y los homenajes a los caidos del bando perdedor serian fiesta nacional?
No creo que haya un «odio bueno», si pasa por exterminar a todos tus opositores y eliminar la disidencia.
En un what if de victoria republicana (no «comunista») quiero creer que no hubieran habido la represión masiva que hubo en el franquismo.
Yo no sería tan optimista como para creer que aquí no podría haber surgido también un Stalin (e incluso sin alguien tan extremo no hay más que ver lo que pasó en todo el bloque comunista durante la Guerra Fría, no solo en Europa).
Siendo la segunda guerra mundial algo inminente, creo que una victoria republicana tardía habría acabado con el país metido de lleno en la segunda guerra mundial y no, los americanos habrían hecho cualquier atrocidad con tal de no permitir una cabeza de playa de Stalin en la europa occidental.
Que carajo, si vendieron a la república fue precisamente por el miedo al coco rojo. Que para ellos no era Stalin (en realidad estaban muuucho más cómodos con Stalin), era la idea de una revolución obrera de vocación internacionalista que eliminaba las nacionalidades. Eso les ponía los pelos de punta y no pararon hasta terminar con ello y convertir la palabra comunismo en una parodia con bigote muy poblado.
Estoy de acuerdo con tu planteamiento.
Pero despues esta el caso de Cuba y tengo mis dudas.
Lo de Cuba ya era otra época, para entonces la política de EEUU era la de dar golpes de estado y poner Pinochets, armar hasta los dientes a grupos opositores y demás. De hecho, una de las cosas que hizo que se cayeran del caballo fue lo de bahía de cochinos y la crisis de los misiles.
Y aun así pues oye, sus 70 años de bloqueo que llevan ya, cada vez más inhumano.
Es mas , España no se metió en la 2GM porque el cuñado de franco y Hitler eran unos inútiles. lo que pedían el cuñadísimo no era mucho pero lo suficiente para hacer el esfuerzo de intentar poco a poco convencer a la población pero Hitler se lo tomo a mal y empezaron ambos a decir tonterias.
Stalin seguramente después de que el golpe de franco radicalizara gran parte del sector anti-Stalin, lo tendría mas facil y seguramente tiraría mas de favores.
Eso si, a Franco le vino bien no entrar porque buena limpia de falangistas que hizo, que eran los que en la segunda republica no pararon de hacerse fotitos con mussolini , y franco mando rapido al frente ruso a morir.Solo hay que ver lo rapido que cambio para meter a capitalistas y curas, y engañar con que era un «regimen fascistado»
Por eso y porque Hitler se dio cuenta de que España estaba hecha unos zorros, y que si entraban en la guerra eran la cabeza de playa ideal para un desembarco aliado.
Según Paul Preston, franco tuvo suerte que Stalin no le declarara la guerra, después de mandar la División Azul.
En realidad no estaba planteando este what if?.
Y si el bando republicano hubiera ganado la guerra civil?
Si no este otro.
Y si el bando republicano hubiera iniciado la guerra civil?
¿Te refieres a una guerra civil en 1931 entre realistas y republicanos? Bueno, seguramente habría metido mano Mussolini, pero Hitler tardaría un poquito más.
No lo sé, me resulta un ejercicio bastante separado de la realidad, veo más probable una guerra civil en el golpe del 29 contra Primo de Rivera, pero aun así en aquel momento él ya casi había perdido todos sus apoyos. Al final la historia pasa por una acumulación de elementos, construir otra línea temporal lleva mucho trabajo, por más que el efecto mariposa sea tan poderoso.
Según los fachas actuales, la guerra civil la empezó la izquierda con la Revolución de Asturias de 1934. Lo cual es una forma de justificarse como cualquier otra.
Para ello habrían sido necesario dos supuestos: el primero que España hubiera seguido neutral después y no la hubieran invadido los alemanes (cosa dudosa siendo aliada de la URSS y enemiga del Reich). Porque de ser así luego la operación Torch no hubiera sido en Algeria sino en España. Pero bueno, eso ya es un What if.
Empezando porque de haberse dado una victoria republicana la guerra habría terminado mucho antes y la fractura social no habría sido tan grande, tiendo a estar de acuerdo con lo que dices.
Partimos de la base de que ningun odio es bueno.
Pero lamentablemente para la derecha ( para los que de verdad mandan en esos partidos) cualquier cosa que sea de izquierdas (o para ser mas exacta que no piense igual que ellos) es comunismo.
Porque la idea de repartir la riqueza equitativamente pone muy nerviosa a la gente cuyo objetivo en la vida es acumular más riqueza que los demás y encima presumir de ello.
Dado lo que pasó con Rusia tras la URSS, me da la sensación de que estaríamos con un montón de oligarcas nostálgicos de los zares y un jefe de estado que se corona como uno de ellos que… Oh mierda…
Seguramente Reed sea el personaje con el que hicieron más apaños, empezando por la historia de su tío y acabando por esa lamentable escena de Reed Richards enseñándole sus ecuaciones de psicohistoria al Pensador Loco y este último diciendo «pues sí, si no se aprueba la ley esta nos vamos todos a la mierda».
Aun así, nunca justificaron la atrocidad del clon de Thor, y precisamente por eso a Reed le pasa un poco como a Charles Xavier, hay un montón de idiotas que creen que es gentuza.
Para mí la mejor burla del tema fue cuando un científico nazi le dice al Pym-Skrull que «¡Usted clonó al dios ario que mató al negro más grande del mundo (Bill Foster!¡Soy su mayor fan!»
Ahi Slott si que estuvo bien fino!
Para Guerra Civil la del Escuadrón Supremo de «Gru» (que ríete tú del de «Strac», que tanto prometía con su supuesto «realismo» y tan rápido se desinfló).
Siempre digo que el Escuadron Supremo es una obra que tendria que estudiarse en los colegios.
¿Hasta que punto es etico lavarle el cerebro a una persona para que no sea un criminal?
¿Todo es válido para lograr un bien mayor?
Etc.
La serie plantea un monton de preguntas.
La serie es buena porque no cae en maniqueismos. Tanto el Escuadrón como los Redentores son igual de idealistas y aunque los primeros abogan por el control mental, los segundos por devolverles las armas de fuego a la población civil. En los institutos daría para debates buenos.
Nunca entendí el sensacionalismo de Civil War, ya habíamos visto a esta gente pegarse entre ellos un millón de veces, lo único que hicieron en este caso fue desquiciarlo de la forma en la que en los cuarenta años anteriores de historia de Marvel jamás habrían hecho… Básicamente porque sabían que eso se cargaba los personajes.
Y vaya si lo hicieron.
De «Strac» me quedo con Los Trece, que también algo tenía de Civil War, vale que ya después de Civil War (pero mucho mejor …y llamando en cambio mucho menos la atención).
A todo esto, sabéis que el post es sobre Civil War el cómic y no la guerra civil española, verdad? XDDD
😂😂😂😅😓
Es que es leer Civil War los españoles y no pensar en otra cosa… Imagino que los americanos lo leen y piensan en el general Lee.
El verdadero drama de las revoluciones progresistas. Es que la U.R.S.S se adueñó de todas las revoluciones para sus intereses.
Solo podía haber revoluciones comunistas si eran bajo el beneplácito y dirección ruso. Anda que los rusos no ahogaron mil movimientos progresistas porque eran «desviaciones» de la palabra de Marx.
Se habían adueñado de Marx y eran los únicos que daban el visto bueno a cualquier movimiento obrero o liberal para decidir lo que tenía que ser.
Instrumentalizadas y subordinadas al proyecto imperial ruso, que habían sustituido el zarismo por otra cosa; pero que en el fondo era lo mismo con un lavado de nombres.