Hoy no vamos a perder el tiempo con las introducciones, porque quieras que no ésto se presenta solo:
Para mí, ésto es el tema de Batman. Por encima del de Danny Elfman, Michael Giacchino o el de Hans Zimmer, nada es tan Batman como el de Shirley Walker, a pesar de que en origen es una variación sobre del de Danny Elfman que acabó tomando vida por si mismo hasta tener su propia identidad completamente separada. En la serie de animación, cuyos créditos si que tenían el tema de Elfman porque la sola aprobación de la serie había sido gracias al éxito de la película de Tim Burton, el leitmotiv de la serie, la música de las apariciones de Batman, era precisamente éste, hasta el punto de que cuando en Batman Beyond un Bruce Wayne anciano tenía uno de sus «momentos», éste tema volvía con toda su fuerza y sabías que Batman había vuelto. Y todo ese éxito se debe a Shirley Walker, que consiguió una composición lo suficientemente buena para hacer que se identificara por completo con el personaje a pesar de que Elfman era mucho Elfman.

Pero cuando Batman: Mask of the Phantasm se estrenó en cines allá por 1993, su carta de créditos necesitaba una versión «cinematográfica» del tema principal, necesitaba ir más allá. Y, entre otras cosas, para ello se le incorporó un coro a la composición, un coro que según los subtítulos «canta en latín». Un latín que no se parece en nada a lo que estudié en el instituto, si no más bien un galimatías sin mucho sentido. Que en composiciones musicales modernas autores como John Williams son muy aficionados a incorporar coros diciendo auténticos galimatías sin sentido; sin ir muy lejos el coro de Duel of the Fates, el tema principal de La Amenaza Fantasma -y casi diría que de toda la trilogía de precuelas- dice algo así como «Korah Matah Korah Rahtahmah» o algo así, no tiene ningún sentido… Hasta que me enteré de que John Williams había utilizado un poema medieval gaélico que decía algo así como «Bajo la base de la lengua una lucha temible, y otra se libra tras los ojos, en la cabeza» y lo había traducido al sánscrito. Así que lo pasé por un traductor online el korah matah y… Ningún traductor lo pilla. Cierto es que el sánscrito es muy suyo y tiene su propio alfabeto, pero al traducir literalmente el poema tal y como supuestamente hizo Williams, lo que me sale es «jihvaamulasya adhah ekam yuddham atyantam bhayankaram, . aparam ch kruddham prushthatah shirasi», con lo que vamos, el korah ese no se ve por ningún lado. No voy a decir que el maestro sea un mentiroso porque claro, probablemente sea una traducción al sánscrito védico, el de la antigüedad, pero a la vez no dejo de tener la sensación de que era un galimatías que le venía muy bien para lo suyo. Igual que el supuesto latín de Shirley Walker, que resulta que… No era latín.
Habría sido bonito que los coros de la amenaza fantasma dijeran algo así como «sacrificar la libertad por seguridad acaba poniendo a tiranos en el poder», porque aunque la película lo deja bastante claro, algunos cazurros siguen entendiendo lo que les da la gana.
Y así me he pasado años pensando que aquello no tenía ni pies ni cabeza, hasta hoy. Porque ahroa es cuando me he enterado de lo que quieren decir esos coros en realidad, y en un personaje supuestamente creado por Bob Kane y que se pasó décadas omitiendo a Bill Finger, ése coro se ha vuelto muchísimo más apropiado de lo que podría haber imaginado; resulta que durante el proceso final de sonorización de la película y con las prisas de llegar a la fecha de entrega, Shirley Walker se encontró con un grupo de músicos que, una vez más, no iban a ser acreditados por su trabajo. Hoy en día las cartas de créditos son mucho más largas y exhaustivas -aunque no perfectas- pero en aquel momento uno se encontraba con que los créditos de la película estaban cerrados y la orquesta era la última en trabajar en ella, apurando hasta el último minuto. A Walker eso le parecía completamente injusto, por lo que tras años y años luchando por acreditar a sus músicos, decidió tomarse la justicia por su mano y así es como su editor musical, Tom Milano, se acabó convirtiendo en Oh Nahlim Mot. Le dió la vuelta a los nombres, incluyó alguna h de por medio y en paz. Así que, a falta de unas letras oficiales y si ponemos la oreja, podemos oir algo ininteligible antes del coro (algún día conoceremos el secreto, digo yo) para continuar la parte principal mucho más legible:
Onalim Mot Ittimmiz Ittap Ydruccam Neaj (Rermmiz Nsah) Rermmiz Nsah Noitsiuccm Ekim Iksmodar Kire Nilknarf LEoj Lliksnorb Drahcir
Bueno, igual no tanto. La traducción de todo esto con los créditos finales en la mano -no los de la película, si no los que se verían en los dvsd años después- sería Onalim Mot como Tom Milano, Ittimmiz Ittap como Patty Zimmitti (que figura como «Contractor»), Ydruccam Neaj como Jean MacCurdy, que no era música pero sí la ejecutiva de Warner Television responsable de haber contratado a Alan Burnett, Paul Dini y demás y hacer posible la existencia de la serie, no habiendo sido acreditada en la película de forma un tanto injusta y, finalmente, un tal Remmiz Nsah que es nada más y nada menos que Hans Zimmer, el futuro compositor de otra encarnación de Batman y que aquí era el encargado de tocar el sintetizador. El resto ya serían Mike McCuistion (orquestación), Iksmodar Kire como Erik Radomski (cocreador de la serie original), Nilknarf Eloj como Joel Franklin (copyst) y por último Lliksnorb Drahcir, Richard Bronskill, que era el encargado de la música provisional. Entre los probablemente acreditados en el galimatías inicial tendríamos a Larry Rench, Lolita Ritmanis, Peter Tomashek, Nerida Tyson-Chew en la orquestación, Robert Fernández en la mezcla y Richard Grant como técnico de sonido.

Decía Walker que acabó incluyendo a algunos ejecutivos de Warner porque, entre otras cosas, «ellos eran los que pagaban la broma y a la gente le gusta ser incluída en estas cosas», y que cuando el departamento legal de Warner le preguntó en que lenguaje estaba el coro ella tuvo que mentir y decir que era un lenguaje coral sin sentido que solo existía en los libros de orquestación. La cosa le debió salir bien, porque de entre todos los que trabajaron en la grabación solo dos personas se dieron cuenta de lo que estaba pasando en realidad, y que a los cantantes les costó mucho pronunciar ese galimatías. Dice que se lo pasó tan bien con aquello que le encargó al mezclador Bobby Fernández una grabación por separado del coro, cuya expresión facial fue cambiando a medida que se fue realizando hasta preguntarle «Tú no has hecho lo que creo que has hecho, ¿verdad?». Todo el equipo recibió una copia a capela de dicha grabación que, al ser escuchada al revés, acreditaba sus nombres. Lamentablemente no dispongo de ella y por más que he intentado separar los coros de la música original, no he conseguido una versión limpia, así que tendréis que conformaros con esto… Por el momento.
Un poco enrevesado, ¿no? Pero lo bonito de todo esto es precisamente éso, el continuar la tradición de hacer justicia con la gente que trabajó en Batman y que, tarde o temprano, acaba consiguiendo que su trabajo sea reconocido.

No tenía ni idea de esta historia.
Y me parece una genialidad.
Que se de reconocimiento a quien no tiene voz, es uno de los mayores actos de generosidad posibles.
Cosas como esta, muestran como ser un poco de heroe en la vida diaria.
Con Batman en el medio tenía que pasar.