Beacon 23 – Claustrofobia en el espacio exterior

Cuando terminé de ver Beacon 23 la semana pasada no tenía del todo claro si hablar de ella por aquí, ya que aunque es una serie que en su mayor parte he disfrutado ha contado también con muchos elementos que me han chirriado más de la cuenta y que por poco no me hicieron abandonar su visionado. Pero como al final han sido más los aspectos de esta serie los que me han gustado y se puede sacar algo educativo de los que no, creo que vale la pena compartir lo que me he encontrado con esta serie que aunque no me ha gustado tanto como esperaba, aún no está toda la esperanza perdida.

No, no les ha atacado Thanos

El Faro (Beacon) 23 es uno de los muchos que salpican el universo, donde fareros solitarios ayudan a guiar con seguridad el tráfico espacial en una era en la que la humanidad se ha extendido a través de incontables colonias. Pero la solitaria existencia de Halan, el responsable de este faro, acaba cuando rescata a Aster, única superviviente de un accidente espacial, creándose entre ellos una tensa convivencia en la que ninguno sabe si puede confiar en el otro, ya que ninguno es lo que aparenta y ambos esconden secretos de sobra como para no ser de fiar…

Aunque tampoco se les da demasiado bien mentir

Beacon 23 es una serie un tanto extraña, ya que a veces da la sensación de que sus responsables no tenían del todo claro en qué dirección ir, algo que quizás se deba a que está basada en una serie de relatos cortos de Hugh Howey, el autor de las novelas en las que se basa la serie de Silo, lo que explicaría por qué demasiado a menudo nos encontramos con aspectos de la serie que no acaban de encajar del todo entre sí. Y es que aunque empieza siendo casi un thriller psicológico de ciencia ficción, con estos personajes atrapados en un escenario casi claustrofóbico tratando de sacar a la luz los secretos del otro mientras ocultan los propios, eso no dura demasiado.

Aquello era demasiado pequeño como para llevarse mal siempre

Como si estuviesen guiados por el “Horror vacui” prácticamente en cada episodio nos encontramos con nuevos personajes que de una forma u otra acaban llegando al Beacon 23, tanto en el presente con personajes que no paran de llegar como si ese fuese el lugar más transitado del universo como a través de episodios enteros a bases de flashbacks en los que nos cuentan las experiencias de los anteriores ocupantes del faro a lo largo de su siglo y pico de existencia. Personajes que quizás salen de los diferentes relatos cortos en los que se basa la serie (y que aún no he tenido oportunidad de leer) pero que están aquí integrados de una forma un tanto torpe en algunos casos y superflua en otros, habiendo dos episodios casi enteros (de ocho) que uno podría saltarse y no se perdería gran cosa.

La seguridad de ese faro deja mucho que desear

Pero si uno consigue superar ese pequeño escollo y dejarse llevar, Beacon 23 posee otros aspectos bastante mejor llevados e interesantes. Uno de los elementos con los que más he disfrutado es que no nos acaban de explicar del todo cómo es esa sociedad futura en la que se desarrolla la historia, solo nos dan retazos aquí y allá a base de fragmentos de informativos, conversaciones, archivos, etc., a veces contradictorios, con los que los espectadores tenemos que ir armando ese puzle para tratar de hacernos una idea de qué clase de futuro es este (uno poco agradable). Y aunque esto no es algo especialmente complicado, se agradece que no estemos ante una serie en la que sus responsables hayan sentido la necesidad de dárnoslo todo bien masticado, confiando en la inteligencia de su público y en que a veces es mejor dejar cosas a la imaginación que hacer un retrato detalladísimo.

Cada nuevo trozo de información deja claro que no es un futuro en el que querría vivir

También resulta interesante la peculiar dinámica que se establece entre Aster (Lena Headey) y Halan (Stephan James), una relación errática y llena de altibajos que provoca que los pocos días en los que transcurre su parte de la historia a veces den la sensación de ser años. Un aspecto que a ratos parece culpa de la torpeza del equipo creativo de la serie (y en parte no me cabe duda de que también hay un poco de ello) pero que a medida que avanza la serie y los secretos de ambos van saliendo a la luz empieza a quedar claro que en su relación intervienen otros elementos que explicarían ciertos comportamientos, tanto suyos como de buena parte del resto de personajes que pasan por allí. Un apartado en el que destaca para mí Lena Headey, una actriz con la que no soy nada imparcial y que me encanta desde que la descubrí en Juego de Tronos y que sabe dotar a esa Aster llena de contradicciones de un aura de misterio y ambigüedad que consigue que nunca tengamos claro qué pensar de ella, siendo para mí el principal reclamo de la serie.

Yo estoy encantado con ella

Aunque una de las principales sorpresas que me he llevado con esta serie ha sido con el personaje de Bart (Wade Bogert-O’Brien) la excesivamente humana inteligencia artificial que se ocupa de los quehaceres diarios del faro y que ha estado allí desde su creación. Su humanidad y la del resto de IAs es uno de los ejes principales de la serie, y aunque Bart está descaradísimamente inspirado en Hal 9000 para intentar llevar al espectador en una dirección errónea, su evolución y su caracterización han sido una buena fuente de sorpresas bastante interesantes, aunque no siempre del todo bien desarrolladas, que han conseguido que este acabe siendo uno de mis personajes favoritos de la serie.

Bart ha sabido romper las expectativas

Y aunque estos ocho episodios resultan algo frustrantes, especialmente la forma en la que termina esta “primera” temporada, no tendremos que esperar demasiado para saber cómo terminará esta historia, ya que aunque esta se estrenó en noviembre del año pasado, en abril podremos disfrutar de la segunda y última tras una “renovación” exprés el mismo día de su estreno que no es tal, ya que ambas temporadas se rodaron al mismo tiempo y parece claro que MGM+ simplemente ha rodado una única temporada que emiten en dos trozos como está tan de moda últimamente. Un segundo tramo que espero con curiosidad e incertidumbre, ya que lo que se nos revele allí podría conseguir que se le perdonen todos los pequeños escollos de esta primera entrega o que acabe hundiendo por completo la serie. Pero confío en que al final el balance vuelva a ser principalmente positivo y que Beacon 23 aunque diste mucho de ser una serie perfecta y no creo que acabe siendo memorable si que espero que al menos sea una interesante, ya que pese a sus problemas ha conseguido mantener mi curiosidad y mi interés hasta el final de esta primera parte, y eso no es poco.

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Diógenes Pantarújez
Admin
1 mes han pasado desde que se escribió esto

La verdad es que no conozco a nadie que la haya visto… Menos tú.

Jesús Manuel Martínez Otero
Jesús Manuel Martínez Otero
1 mes han pasado desde que se escribió esto

Pues otro que NO la ha visto. Aunque por recomendación suya sí estoy viendo esta semana (a capítulo diario) Life Lessons with Uramichi Oniisan (alternando con Dr Stone, que no, todavía no la habia visto, supongo que por complejos tontos). Y me he apuntado para luego la de (esta igual me la meto de una sentada) Brave Bang Bravern!

Stravinkay Modelarus
Stravinkay Modelarus
1 mes han pasado desde que se escribió esto

Como la película de Madame Web! Ba-dum-tss

Jesús Manuel Martínez Otero
Jesús Manuel Martínez Otero
1 mes han pasado desde que se escribió esto

Esa sí que no conozco a nadie que la haya visto (en cambio lo que se habla de ella en la «red» estos días, coño).