Había dejado buen sabor de boca la primera temporada del Castlevania de Netflix -contra todo pronóstico, todo hay que decirlo- y la segunda se enfrentaba a la necesidad de estar a la altura de lo anterior y suplir las carencias que le habíamos dejado pasar por alto por lo “pedestre” de la producción en su momento. Y tengo que decir que en parte lo ha hecho y sigue siendo una serie muy recomendable para los fans de los juegos y en parte… Buf, mejor lo explico que luego siempre llegan los mismos viendo sólo la parte negativa y creo que merece que nos demos cuenta de que Castlevania tiene más pros que contras.

¡Yo solo digo que habría venido bien una escena con el señor Belmont cruzando el puente levadizo!

Y es que la serie original, que no dejaba de ser un prólogo de cuatro capítulos, nos gustó pero a la vez nos dejó la sensación de estar viendo una serie de animación ochentera de aquellas de bajo presupuesto que tan bien ven algunos con los ojos de la nostalgia. Y no nos vayamos a engañar, puede que el éxito de la primera temporada subiera el presupuesto, pero también duplicó el número de capítulos y eso se ha notado en algunos tramos del resultado final; ya no solo estamos hablando de que la animación en algunos momentos haga algunas chapucillas como limitar la gestualidad de algunas escenas a un movimiento de ceja para no tener que mover el resto del cuerpo, es que el diseño de algunas criaturas deja bastante que desear; supongo que simplificar el diseño de un Slogra -una especie de demonio esquelético con pinta de pterosaurio- hace que sea más fácil de animar, pero a la vez le quita todo el interés al bichejo. Y claro, estamos hablando de Castlevania, una serie conocida por su exquisito diseño de enemigos y recargados escenarios hasta que a Koji Igarashi le dió por reutilizar sprites como si no hubiera un mañana, con lo que supongo que a día de hoy el cortapega/cutrerío está justificado si la producción merece la pena. Y ése es el trabajo de -entre otros- Warren Ellis.

DIE, MONSTER! YOU DON’T BELONG TO THIS WORLD!

Porque Ellis vuelve a ejercer de guionista y productor ejecutivo, y a lo largo de la serie podemos ver claramente esos diálogos sobre meados y fornicaciones tan propios del inglés, pero ha vuelto a saber ser lo suficientemente inteligente como para tomar el videojuego original -Castlevania III- como una versión minimalista de la historia que tiene que contar en esa serie, descartando una vez más a Grant y limitándose a tres de los protagonistas originales, Sypha, Alucard y Trevor Belmont, que aunque deambularán más o menos sin mucho interés durante la primera mitad de la temporada, para el tramo final toman todo el protagonismo y disipan cualquier sospecha que pudieramos tener sobre las intenciones de Ellis para alargar la trama artificialmente, presentándonos unos combates en los que se reconoce la autoridad musical del videojuego original de una forma que ojalá hubiera hecho Mercury Steam en su día.

¡Necesitamos más de esto! ¡Konami, déjate de reeditar Symphony of the Night y dame un Castlevania nuevo como es debido!

Pero decía que la primera mitad de la temporada no estaba centrada en la tropa de Belmont -que por cierto, no parece que estén establecidos como la némesis de Drácula durante esta historia, a pesar de que se hacen referencias directas a Lament of Inocence, juego que ya los establecía como tales- si no en la de Drácula, presentándonos la forma en la que juntó su ejército, las disensiones en filas entre tanto vampiro díscolo y los dos “forgemasters” o creadores de demonios, dos humanos llamados Isaac y Héctor, los dos con graves problemas psicológicos porque, entre otras razones, no dejan de ser un par de taraos que desean la extinción de la humanidad a pesar de ser perfectamente humanos. Los dos personajes están basados en los protagonistas de Castlevania: Curse of Darkness, y junto a otra vieja conocida como Carmilla y el vampiro vikingo Godbrand, se comen gran parte de la trama hasta el tramo final de la historia, siendo personajes mucho más complicados ya que tiene toda la pinta de que Ellis ha dispuesto de más libertad para tratar con ellos al no ser iconos de la serie como Alucard.

La serie no se corta en dejarnos claro que tanto Isaac como Héctor están fatal de la cabeza.

Que con esto tampoco quiero decir que tampoco se tomara libertades con Trevor, que sigue siendo el mismo borracho al que la destrucción de su familia no le dejó terminar su entrenamiento como cazador de vampiros y bien que se nota. Simplemente el desarrollo que han tenido hasta entonces es mucho más limitado al ceñirse a pequeños apuntes en un manual de NES y poco más, con lo que los cambios que se hagan sobre su personalidad se perdonan bastante más y permiten que el choque de personalidades haga más interesantes las escenas de los protagonistas, dándole la impresión a toda la serie de ser una versión más “coherente” de la trama simplona del propio Castlevania III -que sigue siendo una obra maestra pero cuya historia no deja de consistir en “ahí está Drácula que es un cabrón, vamos todos a matarlo”.

La serie tira de la iconografía de los juegos lo más grande, y gracias a los cambios de resolución “dinámicos” de Netflix a ratos hasta parece Pixel Art. Fuera de coñas, Netflix, déjanos elegir la resolución a nuestro gusto, que ya somos mayores.

Pero dejando todo esto de lado y el fanservice que me hace estremecer cual M’Rabo con una peli de Marvel, la verdad es que el conflicto ideológico de la serie no acabo de entenderlo muy bien, porque sí, hay un anticlericalismo feroz y un grito a la razón y la ciencia en particular, pero a la vez vemos que la inquisición tenía razón al andar cazando brujas -la propia Sypha es una y afirma que el objetivo último de su pueblo es el de “matar a dios”- y que Drácula es el amo absoluto de la magia y la ciencia, haciendo el Doctor Muerte a lo burro y abusando de ambas lo más grande. Con lo que tenemos que la batalla final no tiene apenas diálogo y acaba consistiendo más en “el genocidio está mal, padre” que en algo que temáticamente nos acabe interesando más. Creo ha sido una oportunidad perdida, pero claro, Ellis al margen de los premios y de lo que puedan decir sus fans no suele ir mucho más allá y Castlevania acaba siendo pues eso, una serie la mar de divertida para pasar el rato. Que, como ya dije en su día, ya es bastante.

Hala, ya podéis salvar partida y hasta mañana.
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