La boda de Spiderman fue… Una estupidez. Ya, ya sé que los que os criasteis con el Peter Parker casado os estáis tirando de los pelos sólo con oir eso, pero dejad que me explique; a mediados de los 80 Mary Jane no estaba saliendo con Peter, porque de hecho Peter estaba liado con la Gata Negra. Las tramas principales de la serie giraban más alrededor de Spiderman que de Peter Parker, y misterios como la identidad del Duende o quién saldría ganador de la Guerra de Bandas eran lo que más importaba a los lectores; a nadie se le pasaba por la cabeza el preguntarse con quién se iba a casar Peter, ¡ni que esto fuera Action Comics, oiga! Sin embargo, en la tira de prensa de Spiderman Stan Lee y John Romita si que habían mantenido a Peter y Mary Jane juntos, decidiendo dar un paso más allá y casarlos. Y claro, de esta que Jim Shooter se entera y se le enciende la bombilla: ¡Uy, de esto puedo sacar tela de publicidad!

Esto es el número anterior a que Peter le pida matrimonio a MJ, ¡normal que Felicia pasara a odiar a Spiderman! Y luego todos en plan “uh, es que Felicia está muy loca”, ¡vosotros si que sois gentuza!

Hay que entender que el Jim Shooter no era el bondadoso gigante de antaño, que estamos hablando del tiránico dictador de su última etapa. Su plan de casar a Spiderman pasa por encima de los Stern, Owsley(Priest) o DeFalco que estaban manejando a Spiderman en aquel momento, y por eso es su amigo David Michelinie el que lleva a cabo la pedida de mano de la boda en cuestión, introduciéndola de sopetón como epílogo de la Guerra de Bandas con una minisaga sobre la familia de Mary Jane y su padre borracho. Dibujado todo ello por un casi irreconocible John Romita Jr con entintado de un muy reconocible Vince Colletta, que poco después repetiría con el Annualn 21 de The Amazing Spider-Man que, esta vez sí, casaría a los dos no-tan-tortolitos:

En el amor y en la enfermedad hasta que Mefisto los separe..

Vamos a dejar las cosas claras antes de nada, en este cómic no hay supervillanos ni gaitas, na de ná. Exceptuando un atraco al principio del cómic, sus 48 páginas están compuestas de Peter y Mary Jane dudando sobre si deben casarse, anunciando a sus seres queridos y Peter Parker teniendo una deprimente despedida de soltero con Harry Osborn y Flash Thompson. Macho, haber llamado por lo menos a Johnny Storm, que anda que no se ceba Michelinie al comparar la vida de lujo y glamour de Mary Jane con la miseria en la que vive envuelto Peter. Todo esto dibujado por un Paul Ryan al que ya podían haberle puesto un “ofuscador de estilo” más apropiado como Tom Palmer, porque lo que está claro es que Vinnie Colletta le viene como una patada en la amigdala. El cómic se queda estático, soso, y hasta los celos de Peter Parker -que ya son ñoños y estúpidos de por sí- se sienten como un relleno para una acción que nunca acaba llegando.

Tantos celos y tantas inseguridades… ¡No te cases macho!

Y ya que estamos, pues sí, anda que no ha envejecido este cómic. Porque se viene a decir en momentos concretos que Mary Jane está cambiando el glamour por churumbeles y platos sucios, ella misma habla de que no le gusta limpiar las huellas de Spiderman en el techo y, en general, nos queda claro que estamos leyendo al mismo guionista que unos años antes había perpetrado el número 200 de The Avengers y la marranada esa de Factor X. Y aunque la destrucción del personaje de Mary jane no llegaría a ser tan grande como la que perpetraría años más tarde Todd McFarlane “el de la pata quebrá” en su “Spider-Man” sin adjetivos ni nada, la verdad es que choca bastante si la comparamos con lo que había sido MJ desde los 70 hasta aquel momento. Pero ojo, que Michelinie en este cómic sólo escribía diálogos porque el argumentista era el mismísimo Jim Shooter ejerciendo de writer/editor, que es justo en este momento en el que Jim Owsley/Christopher Priest abandona el barco y viene a sustituirlo un editor “de remiendos” como era Jim Salicrup que jamás iba a discutirle nada al todopoderoso Shooter. Pero supongo que, lejos de las dudas de Peter y MJ que plagan y aburren todo el cómic, lo que os interesa es sacar el pañuelo y recordar con emoción las tres páginas que dura el bodorrio en sí, así que vamos con ello…

Creo que se me empieza a nublar la vista… Snif…

 

Pues la cosa empieza en un hermoso y soleado día en Nueva York, con todos los invitados esperando fuera de la iglesia a que lleguen los dos tortolitos que son tan desconsiderados como para no dejarles sentar el culo en la iglesia -que en realidad no sabemos si es una iglesia, el ayuntamiento, el juzgado de paz o la casa de la pradera- hasta que lleguen ellos. Finalmente la primera en aparecer es MJ, que se ha retrasado después de haber sido tentada por un amigo millonario y se sorprende de no ver Peter, el cual va a llegar más tarde todavía porque se ha pasado la noche llorando por -ugh- Gwen Stacy, pero el mozo no se retrasa demasiado y pronto pueden los dos entrar en…

Ugh, creo que no me siento del todo bien…
¡TOMA MEFISTAZO!

Ah sí, que no llegaron a casarse. Es verdad, resulta que Peter se cruzó con un fulano y acabó noqueado en un callejón y le dió plantón a MJ, por lo que vivimos en una línea temporal en la que el Spiderman de McFarlane y Michelinie nunca llegó a existir del todo y la vida es mucho más maravillosa gracias a que Spiderman fue inteligente y no se casó. Porque casarse es malo, ¡no lo hagais! ¡Que luego para deshacerlo es muy complicado porque en vez de pedir la separación o un divorcio acabas teniendo que invocar a satanás o algo peor!

Vince Colletta debió de hacer un fanfic en el que se casaban o algo así, yo no recuerdo ya esto.

Luego, en una línea temporal que no tiene nada que ver con la nuestra, la boda se llevó a cabo. Y tuvo un epílogo en otro annual con la luna de miel de ambos, y los siguientes números de Spiderman durante varios meses consistieron en la “Última Cacería de Kraven” y (JM DeMatteis/Mike Zeck/Bob McLeod) “Spiderman Loco” (Ann Nocenti/Cindy Martin/Kyle Baker), sagas autoconclusivas en las que da absolutamente igual el matrimonio de marras, con lo que no empezamos a ver la nueva vida de casados de Peter y Mary Jane hasta que Michelinie vuelve a la serie con McFarlane bajo el brazo y empieza a contarnos historias del Spiderman que vive en un ático en el centro de Manhattan y diversos monstruos empiezan a acosar a la pobre Mary Jane (Veneno, Jonathon Caesar). Para colmo de males -anda que hay que tener mala leche- Michelinie enseguida separa a Peter y Mary Jane porque el primero empieza a petarlo gracias a que se hace un libro con sus fotos de Spiderman, con lo que acaba teniendo que hacer una gira promocional por medio EEUU y separarse de su señora; creo que con todo esto queda bastante claro que más allá del golpe publicitario, en Marvel nadie sabía que hacer después del matrimonio. Y es que en este caso ni siquiera podían hacer un “back to basics” y copiar a Stan Lee y Ditko, porque ya tenían a un personaje completamente distinto. Si Spiderman durante los veinte años siguientes hubiera dispuesto de un guionista al que le dejaran hacer funcionar el matrimonio probablemente lo habría hecho funcionar, pero cuando cuentas con luminarias como Tom DeFalco, Howard Mackie y un John Byrne que ni siquiera pretende molestarse en echarle cuenta a que Spiderman está casado, queda claro que Joe Quesada no dejaba de tener cierta razón en que el matrimonio suponía un lastre para unos guionistas incapaces de concebir a un superhéroes casado.

Que ya si es por retconear, retconead también estos adefesios. Digo yo. Y ya puestos, ¡retconead los 90 enteros!

Mañana M’Rabo explorará otra boda que igual no fue, pero de lo que estoy seguro es de que jamás debió ser. En cualquier caso y como sé que algunos sois demasiado jóvenes y mentecatos como para prescindir de vuestra obsesión por la boda, os dejo este pequeño documento de un universo paralelo en el que no solo existió la dichosa boda de Spiderman, si no que se pusieron a hacer el canelo por la televisión yanqui. Contempladlo bajo vuestra absoluta responsabilidad, yo no me hago cargo de las hemorragias oculares que pueda provocar su visionado…

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