Era 1989 y Daredevil todavía no se había librado de la sombra de Miller, de hecho hay quien dice que nunca se ha librado del todo de ella, pero por aquel entonces los lectores todavía tenían la esperanza de que volviera a la serie, porque quieras que no siempre acababa recuperando el personaje para algún que otro proyecto puntual, ya fuera con el propio Daredevil o con Elektra. Así que eran tiempos en los que a Ann Nocenti y a John Romita Jr no se les pedía mucho más allá de mantener la serie viva, “porque nunca iban a ser mejores que Miller”. Y un cuerno.

Se suele decir que Romita Jr era mejor en Daredevil… ¡Claro, y yo también dibujaría mejor si me entintara Al Williamson!

Si en algo fracasó el Daredevil de Nocenti/Romita fue en el querer dar a la serie un plantel de secundarios rico y basado en los habitantes de Hell’s Kitchen -niños y adultos- que nadie quiso retomar a posteriori. Sí, el fracaso está en la miopía de unos autores posteriores que nunca fueron capaces de apreciar esta etapa, que sólo eran capaces de mirar a Miller, resucitar Elektra y rehacer Born Again nueve millones de veces. A la propia etapa Nocenti se le podría acusar de esto en la figura de Maria Tifoidea, a la que todo el mundo comparaba con Elektra -a pesar de ser un personaje tremendamente distinto, seguía siendo una asesina de Kingpin- y cuyo paso por la serie provocó otro Born Again en el pobre Matt Murdock. La sombra de Miller era tan alargada que da la impresión de que ni los editores querían desviarse de clonar el trabajo de Miller, por miedo a perder algo de la esencia del éxito que había dejado su etapa en un personaje que nunca había destacado por nada. Y sin embargo Nocenti y Romita llevaron la serie de lo urbano a lo místico, llegando a meter de por medio hasta historias de Inhumanos de cuando los Inhumanos molaban y todavía parecían creaciones de Jack Kirby.

Así habla la gente de nosotros al pasar por encima de nuestro puente, ¡pero los muy agarrados tampoco nos tiran jamones para consolarnos!

Por eso es curioso recuperar el punto de inflexión en la serie que supone el número 266 de Daredevil, porque tras un par de años viendo las alegrías y miserias de los desposeidos de Nueva York, de niños aterrorizados por la bomba atómica y mostrarnos las consecuencias que tiene el que tu padre sea un matón de la mafia o que seas un chorizo de segunda y de repente te encuentres con un crío en los brazos, Nocenti parece tirar los papeles al aire y decir “vamos a divertirnos, esto es Marvel” y se pone a contar una historia sobre como Daredevil, después de quedar hecho un cromo durante Inferno, se sienta en un bar y se pone a beber. Con el traje puesto y todo, la cara vendada debajo del uniforme, todo muy cuerdo si te paras a pensar que su ciudad acababa de ser invadida por demonios, sus vecinos poseidos por ellos y hasta los parquímetros se habían empezado a comer a la gente sin que el pudiera haber hecho nada por arreglarlo. De hecho, para Daredevil Inferno había sido algo que había ido y venido sin ir nada con el, pero Nocenti había aprovechado la situación para introducir en la serie un demonio que iba a reaparecer justo en este cómic…

La soledad y el autoengaño, que son muy malos.

Empieza el cómic con tres páginas que nos vienen a contar la percepción habitual del personal de la nochebuena, con todo el mundo intercambiando -o robando- regalos, abrazándose y reencontrándose cual anuncio de turrones, mientras se preguntan como es posible que en una fiesta tan familiar haya gente dedicándose a beber en tugurios de mala muerte. Y justo ahí está Daredevil, asqueado de la vida y pasado totalmente de vueltas, con una cerveza en la mano y la mirada fija en un punto indeterminado de la barra. La historia acabará girando sobre la reaparición de Mefisto después de Inferno, viniendo a decirle a Matt que el final del crossover no significa ni mucho menos que vaya a librarse de él, y hasta hay un amago de enfrentamiento mientras el demonio se dedica a plantar la discordia entre los parroquianos, pero en realidad esto no va sobre Mefisto ni Matt, esto va sobre algo que le pasó a Ann Nocenti.

Pilla a estos dos Arthur Miller y te hace una obra de teatro entera.

Y es que ella misma fue una de los parroquianos de aquel bar, cuando durante unas navidades se encontró sola en Nueva York y le rallaba el quedarse en casa viendo la tele o mirando el techo, por lo que decidió ir al bar de strip tease de enfrente -uno de esos sitios maravillosos en los que hay luz de navajas cada dos por tres- y se sentó en la barra del bar a tomar algo. Y cada una de las personas que se encontró allí eran una historia en su misma, con sus penas y sus alegrías, sus autoengaños y su creencia en que todo ira a mejor o a peor. Nocenti toma buena nota de ello y plasma en la historia a la mujer entrada en años que trata de parecer joven pero parece salida de las chicas de oro, los hermanos que se quieren pero discuten por nada, un hombre que acaba de discutir con su pareja por una tontería… Y en medio de todos ellos una mujer extraña, a la que cada uno ve con un aspecto distinto, distrayendo a Daredevil mientras planta la ya mencionada cizaña entre los parroquianos, haciendo que se maten y que el superhéroe que debería salvarlos se cuestione si su existencia sirve de algo.

El diálogo incidental de estas viñetas arropa perfectamente la conversación entre Daredevil y Mefisto, transmitiéndonos poco a poco la forma en la que el primero empieza a despertar de su propia miseria.

El cómic termina con un Daredevil espabilándose y enfrentándose al retorcido Mefisto de John Romita Jr, una encarnación que poco o nada tiene que ver con la de John Buscema y que una vez más deja claro que el demonio tiene un aspecto distinto para cada uno. No acabará aquí ni mucho menos el enfrentamiento entre ambos personajes y se repetirá en números posteriores, pero lo importante es el toque costumbrista y casi Eisneriano que tiene este cómic, con unos personajes apenas esbozados pero tremendamente humanos, en un ejercicio de caracterización maravilloso que es lo más grande que tiene esta etapa. Nocenti y Romita retratan la sociedad urbana de finales de los 80 en la que para mí es mi etapa favorita del personaje, con esos críos aterrados por igual por la bomba y el cambio climático, los adultos encerrados en sus problemas y a la vez encontrándose que sus cuadriculadas vidas en cualquier momento pueden ponerse patas arriba. Porque si algo me descubrieron estos autores es que Spiderman va sobre Peter Parker, pero Daredevil va sobre la Cocina del Infierno. Y ése es un personaje que deberíamos tener en cuenta mucho más a menudo.

Y aquí tenéis el Mefisto de Romita Jr, bastante más grotesco que el de Buscema.

 

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