En febrero de 1997 se publicó el número seis del volumen dos de Fantastic Four, el último dibujado por Jim Lee y que para entonces ya se situaba por debajo de las ventas de los dos títulos de X-Men. El experimento Heroes Reborn, que también había aparejado algunos crossovers entre Wildstorm y Marvel como WildCATS/X-Men, para entonces empezaba a quedar claro que no iba a proporcionar a ambas partes todo lo que les hubiera gustado recibir. Tras la bancarrota de Marvel, Jim Lee seguiría necesitando un comprador para su editorial, mientras que el maquillaje de cifras que había proporcionado Heroes Reborn no había convencido a ninguno de los accionistas. Marvel entraba en un proceso de venta de activos, reducción de costes y tratar de saldar cuentas lo antes posible, por lo que a partir de ya daban por finiquitado el experimento Reborn rescindiendo el carísimo contrato de Liefeld y pasándole Captain America y Avengers al estudio de Jim Lee.

Y para que negarlo, esto eclipsó el segundo tramo de Heroes Reborn cosa mala, porque era Jim Lee dibujando otra vez a la Patrulla X.

Fueron malos días para un Rob Liefeld que era expulsado también de Image por, entre otras cosas, dar mala imagen de la editorial al estar constantemente abriendo y cerrando series, robándo autores a sus compañeros de editorial y, en general, no saber aportar el grado de profesionalidad necesiario para soportar su tremendo entusiasmo. Wildstorm se hacía así con el control de todo Heroes Reborn y enseguida empezaría a deshacer algunas de las geniales ideas de Liefeld, entregando sus series a autores bastante mejores como James Robinson o Walter Simonson. Su trabajo de apagafuegos no fue ninguna maravilla dentro de todo aquel caos, pero al menos permitió que la segunda mitad de Heroes Reborn fuera un tanto más tranquila y soportable dentro de lo que cabe. En el caso que nos ocupa, el de los 4 Fantásticos, la serie acabó siendo dibujada por un Brett Booth que no conseguiría parar la pérdida de interés en una serie que sólo unos meses antes parecía que casi nadie recordaba su existencia entre el gran público. Pero mejor dejamos de adelantar acontecimientos y nos ponemos con el número 6 de Los 4 Fantásticos…

El cómic también incluía un epilogo con unas páginas dibujadas por Brett Booth presentando un crossover posterior, pero me vais a perdonar que pase de ellas porque aquí lo que importa es Jim Lee.

Probablemente este sea el peor número de Jim Lee en la serie tanto a nivel de dibujo como de guión, con una resolución chapucera y atropellada que deja claro que se sabía hacia dónde se iba pero no la forma en la que se iba a salir; el continuar la historia original del Doctor Muerte robando los poderes de Estela Plateada pedía a gritos la presencia de Galactus, pero como vamos a ver WildStorm se reserva al Devorador de Mundos para más tarde y decide darle una resolución un tanto más pedestre al conflicto entre el SuperSkrull, el Doctor Muerte y los 4 Fantásticos.

¡No han metido más onomatopeyas porque no cabían!

El SuperSkrull parece ser que se la tenía jurada a Estela Plateada y Galactus por uno de tantos casos de “soy un incomprendido porque me como planetas”, y decide emprenderla a golpes contra los 4F porque se ponen a defender al pobre heraldito indefenso. El Doctor Muerte también se apunta a la bronca, porque eso de que le tomen el pelo a un tipo tan pagado de si mismo no es nada agradable, con lo que la bronca se sucede tras varias páginas hasta que Muerte y Richards colaboran para canalizar uno de los rayos de energía cósmica del SuperSkrull hasta el pobre Estela Plateada, que de la misma revive y se da de tortas con él y hay una explosión que lo flipas y fin. Y sí, la reseña parece que la ha hecho un crío de cinco años porque, como digo, aquí no hay más cera que la que arde ni muchas ideas, diálogos superfluos y nulo desarrollo en un cómic que Jim Lee dibujó a toda prisa y pensando ya en su siguiente serie de WildStorm o en como venderle su empresa a DC. Y hasta aquí los 4 Fantásticos de Jim Lee.

¡Venga, venga! ¡Vamos rápido y con explosión gorda, que hay prisa!

Como decía más arriba, el mérito de Heroes Reborn a nivel publicitario es indiscutible, porque consiguió que muchos lectores que se habían olvidado de que Marvel era algo más que mutantes descubrieran o volvieran a querer leer historias de Los Vengadores o Los 4 Fantásticos. La segunda mitad de Heroes Reborn entre los lectores fue una constante espera por conocer detalles sobre cómo los héroes iban a volver a casa, que autores iban a encargarse de su retorno y quienes harían sus nuevas series. Se daba por hecho que Mark Waid y Ron Garney retomarían Capitán América después de que su etapa fuera truncada de forma tan injusta, se hablaba de George Pérez volviendo a unos Vengadores con reminiscencias de la etapa Shooter/Michelinie que acabaría guionizando Kurt Busiek, que por aquel entonces era “el de Marvels” y “Untold Tales of Spider-Man”. Iron Man lo llevaría Kurt Busiek con una armadura nueva horrendamente diseñada por Alex Ross, pero cualquier cosa era mejor que el diseño de Heroes Reborn o volver al Tony Stark adolescente y los horrores de Encrucijada. Pero, ¿y los 4 Fantásticos..?

Los Vengadores se habían ido más o menos así…
Y volvieron así. La noche y el día, ya eran otros tiempos.

Si me perdonáis, voy a negarme a comprobar fechas y voy a hablar de memoria, porque tal y como os conté la liberación que supuso el fin de la era DeFalco con Heroes Reborn, esto también tiene tela. Los primeros anuncios de los 4 Fantásticos de Heroes Return venían con hermosas ilustraciones de Alan Davis, que por lo visto se iba a encargar de los primeros números para luego guionizar las dos series de X-Men (¡con dos cojones!). Pero el guionista se resistió más, no sabíamos quién iba a encargarse de la serie y empezaron a barajarse nombres a lo loco en los que sonó, como no, el de John Byrne y algunos más. Parecía que a Marvel le costaba encontrar guionista y al final pareció optar por el primero que pasaba por allí, en una repetición cruel y miserable de lo que había pasado unos años antes cuando Chris Claremont dejó X-Men y le dieron la serie al primer cantamañanas que pasó por la redacción. Porque la nueva serie de los 4 Fantásticos estaría preciosamente dibujada por Alan Davis, pero el guionista iba a ser Scott Lobdell y para colmo Davis iba a durar solo tres números. Argh.

Y mejor no digo como se fueron los 4F y como volvieron, con decir que Lobdell era una mejora ya lo digo todo.

Podría haber acabado esta serie de posts con el párrafo anterior y conseguiríamos un final mucho más dramático, pero la realidad fue mucho más benigna con nosotros. Porque en esos tres números de la serie se nota más Davis que Lobdell, y de hecho se rumorea que Davis metió al principio bastante mano en el guión. Pero para el número 4 Lobdell ya llevaba las riendas de la serie en solitario y Salvador Larroca no parecía que iba a ser capaz de salvar -je- los guiones con su dibujo, con lo que parecía que íbamos a volver a caer en el pozo anterior. Sin embargo, en los créditos de ese mismo cómic aparece otro nombre que absolutamente nadie se esperaba: Chris Claremont. Tras años de Bob Harras intentando enmendar su error y conseguir que Claremont volviera a Marvel, finalmente lo consiguió. Claremont volvía a una Marvel que juraba y perjuraba que iba a respetar su pasado, que los 90 habían terminado, que se acabaron las chapuzas y que hasta Peter Parker era el Asombroso Spiderman, ¡a la mierda los clones! Scott Lobdell no tardaría en dejar la editorial y pasarse a WildStorm, su originalísima idea de recontar el origen del Doctor Muerte se disolvería como lágrimas en la lluvia y finalmente, al fin, la pesadilla había terminado. Años después la gente hablaría pestes de Bendis, de la plaga Millar, de Bill Jemas y sus mamarrachadas, de Dan DiDio, Identity Crisis o de New52, pero todos sabíamos que nunca habría algo peor que lo que sufrimos entre 1991 y 1997, porque los lectores de aquella época fuimos veteranos de un masoquismo extremo que nada tenía que envidiar a las penurias de la generación Vértice buscando tebeos en cubos de basura, porque en aquellos años los propios tebeos eran la basura. Que nadie envidie a los tontos que se cuelgan medallas por haber sobrevivido a los malos tiempos, porque al final los muy idiotas podían perfectamente haber ahorrado y luego comprarse un porrón de Artist Editions en vez de Los Defensores Secretos de Roy Thomas o la serie completa de X-Man. Y no miro a nadie que se embadurne de mierda hasta las cejas para aparentar ser más morenito, ¿eh? Los 90 fueron nuestro Vietnam, pero también fueron los años más oscuros antes del amanecer. O eso, o fue la culminación de nuestro síndrome de estocolmo hacia Marvel…

Y por eso niños hay que estarle agradecido hasta a Jim Lee y Scott Lobdell. Pero a DeFalco no. ¡A DeFalco jamás!

 

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