Decíamos ayer que The Room era una experiencia en si misma y que no es una película que deban contarte; por eso creo que hay que verla antes de ver The Disaster Artist, una criatura que viene con la difícil misión de devolvernos las sensaciones que te da la película original y abundar sobre ellas. Para entendernos, estamos hablando de hacer una buena película con el peor material posible, algo así como lo de Doomsday Clock pero a la inversa.

“-No triunfarás en Hollywood ni en un millón de años. -Ya pero, ¿y luego?”

Porque muchas de las ideas que se nos ocurrían al ver The Room se ven completadas y expandidas en The Disaster Artist, la película dirigida, protagonizada y producida por un James Franco que borda el papel de Tommy Wiseau. La cinta reconstruye la producción de la película original y a la vez la contrasta con la propia vida de Wiseau, dejándonos claro que el enigmático “genio” volcó todo lo que llevaba dentro cuando escribió el guión de The Room, sin importarle en ningún momento ninguna de las reglas establecidas hasta el momento sobre lo que debía de ser una buena película. Es el ideal del artista romántico llevado a su máxima impresión, tratar de hacer lo imposible a pesar de arrastrar el mayor de los ridículos, lo único que importa es el objetivo final de cumplir tu sueño; un sueño que ni siquiera el mismo tiene muy claro, porque no busca el dinero -ya tiene de sobra- y la fama no le importa tanto como el demostrarle al mundo que el puede ser el héroe, el galán, el protagonista de su propia historia. Y es que aquí se repiten muchas de las ideas con las que Tim Burton jugó con su Ed Wood, el hacer una película sobre lo loca que está la gente del cine y la poquísima diferencia que había entre Orson Welles y Ed Wood, entre el éxito y el fracaso, entre el no tener ni puñetera idea de lo que estás haciendo y el aparentar ante los demás que eres el mayor de los genios.

Da igual que seas el peor actor, escritor o director de la historia, ¡si tienes seis millones de dólares tú también puedes hacer cine!

Así, Wiseau es retratado como un crío lleno de las mismas ilusiones y esperanzas, enfrentado a un mundo que le dice que ese sueño que ha arrastrado toda su vida -porque Wiseau ya no es precisamente un polluelo recién salido del nido- nunca será posible, nunca será James Dean, nunca será una estrella. Y con esto la película de James Franco enriquece más todavía nuestra visión de The Room, porque nos cuenta como el motor principal de Tommy Wiseau al empezar a escribirla venía de un desafortunadísimo encontronazo con un productor de Hollywood que le dejó claro que ni en un millón de años sería una estrella. Wiseau se cabrea, patalea como un crío y llega hasta a desesperarse, pero una conversación con su amigo Greg Sestero le inspira a optar por la vía Bender: montarse su propia película “con casino y furcias”, pagando de su propio bolsillo los más de seis millones de dólares que costaría la producción de The Room. Y todo este proceso lo vamos viendo a través de los ojos del pobre Greg (el autor del libro original en el que se basa The Disaster Artist), otro aspirante a actor que no se sabe si por suerte o por desdicha se convierte en el único amigo de Tommy Wiseau y futuro coprotagonista de la peor película de la historia.

Tommy Wiseau: el hombre, el mito, su obra.

Durante todo The Disaster Artist Wiseau es retratado como un alud que arrastra a Greg Sestero a “su mundo”, un mundo egoista en el que todos deben amoldarse a su visión y cumplir sus sueños; el propio Greg por momentos consigue levantar su carrera pero acaba frustrándola por “no fallarle” a Wiseau, que sigue sin ver más allá de sus propias narices, de su meta, de su objetivo. Porque Tommy es un niño, y toda la producción de su película acude a cumplir hasta el más mínimo de sus caprichos; desde las tórridas escenas de sexo con penetración por el ombligo y enseñando su culo hasta pedirles a los actores que hagan cosas realmente absurdas durante el casting “por las risas”, Wiseau y sus siete millones hacen y deshacen a su propio placer. Pero ojo, que la película no solo habla de Tommy Wiseau y su Sancho Panza Greg Sestero.

Tommy Wiseau y James Franco, no me sorprendería que estos acabaran trabajando juntos en otro proyecto…

Lo dice una de las actrices en un momento concreto del rodaje cuando Greg le pregunta para que se meten en estos berenjenales: “somos actores, cualquier día en un plató es mejor que cualquier otro día”. Y es que esa es la pura verdad, nadie en su sano juicio se metería en una carrera con una inserción laboral tan “complicada” en un sector laboral tan dado a los abusos -que os voy a contar- y al mamoneo generalizado. Sólo la gente realmente apasionada con su trabajo puede querer atreverse a sacrificar sus vidas por esto, y por eso The Disaster Artist triunfa donde Chazelle fracasó el año pasado con La La Land, porque la película nos dice desde el primer minuto que Tommy Wiseau triunfó a su manera al no renunciar jamás a su visión y aun así conseguir su sueño de vender su visión a todo el mundo.

Seth Rogen y Dave Franco como Greg Sestero, el único amigo de Tommy Wiseau.

Lamentablemente la película no deja de tener también sus problemas, venidos fundamentalmente de que estamos hablando de un biopic que trata de respetar los hechos reales; personajes como la agente o la novia de Greg Sestero no acaban de tener todo el recorrido que debieran -desaparecen de la trama “fuera de cámara”- y hasta cierto punto da rabia que no se explayen más respecto a ciertos episodios. Que muchas veces la gente se queja de que las películas no respetan la historia original, pero a veces merece la pena saltarse las reglas para hacer una película mejor. En cualquier caso no llegan a empañar el resultado final de una película que merece mucho la pena y más si has visto The Room y todavía tienes un millón de preguntas en la cabeza sobre como pudo ser posible el esperpento que acabas de ver.

 

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