Por aclamación popular (uno o dos de vosotros) vamos a hablar de Dragon Ball Super, esa serie de la que no me cuesta hablar porque es mi mayor placer culpable, por encima de Gotham o el Abraham Setrakian de The Strain (¡cuánto lo echaremos de menos y que mierda de final!).

¡Arriba Krilins de la Tierra, en pie halopécica legión!

Tengo que decirlo, Dragon Ball necesitaba un cambio respecto a Z. Desde la llegada del hermano tonto de Son Goku a la Tierra, la serie se había sumergido en una lamentable espiral de personajes a cual más absurdamente poderoso a los que se tenía que enfrentar Son Goku a golpe de ser derrotado en un principio y, tras un duro entrenamiento o recuperación milagrosa -¡oh esa socorrodísima sangre saiyan que te hace el doble de fuerte al recuperarte de una paliza!- vencerlos con un titánico esfuerzo y salvarnos a todos de la destrucción. Y claro, eso había provocado que la serie se volviera un pelín repetitiva. Para que engañarnos, en realidad no era un pelín, era un pelón más gordo que la fusión de Krilin, Tensinhan, Chaozu y Mutenroshi con Majin Bu. Vamos, que estaba claro que Dragon Ball necesitaba un cambio.

Todos rubios e insoportables, pues no puede ser.

Ni las OVAs, ni GT, ni las primeras historias de Dragon Ball Super dieron en el clavo. Las OVAs nos dieron un más de lo mismo que a ratos satisfacía al público flipado -de esos ya hemos hablado- y a ratos horrorizaba a todo el mundo con unos intentos de humor bastante lamentables, con loque el consenso general era el de que no estaban a la altura. GT, con sus más y sus menos, intentó hacer una aproximación al Dragon Ball original contándonos historias de aventuras por el universo y hasta recuperando al Son Goku infantil, pero nunca llegó a entender lo que estaba imitando y la poca audiencia la obligó a volcarse en repetir el modelo de Dragon Ball Z. Y finalmente llegamos a Dragon Ball Super, que empezaría de forma lamentable adaptando las dos películas de “Battle of Gods” y “Resurrection of F” reincidiendo en el modelo de tortas y más tortas, con la diferencia de que en esta ocasión los guionistas trataron de buscar algo de cordura a las llamadas escalas de poder y dejar claro que había seres muchísimo más poderosos que Son Goku en el universo. Por lo demás, todo era el desastre de siempre, con chistes lamentables y personajes secundarios totalmente ninguneados. Mención especial merece el que se recuperara a Pilaf y su banda, que no acaban de hacer nada con ellos, pero por ahi andan en plan “somos un guiño a los nostálgicos de la serie original, hacednos casito”.

Yo es que soy fan de Pilaf como el que más, pero… ¿A qué viene esto?

Tras todo esto -y estábamos ya en el episodio 30 o así- por fin empieza el contenido original de Super, con la saga de torneo entre universos. En esta historia se empieza a notar como algo ha cambiado en la serie y -obviando las chapuzas gráficas que se dieron tantos memes- de repente les empieza a interesar el recuperar a viejos secundarios como a Krilin, Gohan o Piccolo, que acaba siendo el que se une al torneo entre universos junto a Goku, Vegeta y Bu. Dejando de lado a éste último -que, dejando de lado su primera aparición, siempre fue más una extensión de Mr Satan que otra cosa- es Piccolo el personaje que vuelve a tener sus minutos de gloria en la serie, dejando buenas sensaciones en un público que deja claro que tal vez había que volver a mirar a los viejos personajes. Y claro, siendo como son en Japón que hacen más caso a los estudios de mercado que a su criterio como profesionales de esto de escribir, la cosa iba a teñirse de nostalgia pero a lo bestia…

Vamos a dejarlo claro, tener a parte de los lectores siendo fans de un personaje y relevarlo a la insignificancia nunca es buena idea.

Porque la siguiente historia es otra vez Trunks viniendo del futuro para pedir ayuda, sólo que esta vez ya no se pega con Terminator si no con una versión maligna de Son Goku -ya se que no es nada original, pero dejando los OVAs aparte era la primera vez que recurrían a ese tópico- que recibiría el originalísimo nombre de Black Goku. De esta historia no voy a hablar mucho -después de todo es para que los fans de Trunks disfruten, yo nunca entendí eso- porque al final lo que me importa de verdad es el hecho de que la serie empieza a fijarse más en los personajes que en las escalas de poder; esto es una historia que gira alrededor del misterio sobre la identidad de Black y sobre el propio Trunks, siendo el villano absurdamente poderoso otra vez pero siendo derrotado por varias triquiñuelas y no por la fuerza bruta. Queda así que los “niveles de poder” han sido totalmente relegados en favor de la trama, y por eso en ocasiones Trunks -que no está ni de lejos al nivel de su padre o Black Goku- consigue plantar cara al villano durante un buen rato sin que lo aplasten como a un mosquito contra un parabrisas. Parece como sí en Toei se hubieran dado cuenta de que igual no es tan mala idea eso de que Batman pueda enfrentarse a Superman, y que tal vez merezca la pena que un personaje que a priori no debería poder hacer nada contra el villano, plante una resistencia numantina en favor de la trama; no olvidemos que a Tensinhan no le fue mal con Célula ya en su día pese a que distaba mucho de poder hacer nada contra semejante bestia parda.

No, con un villano así no se recupera una serie.

Y todo esto se lleva a su último extremo con la Battle Royale entre universos, ésa en la que recuperamos a Krilin, Mutenroshi, Tensinhan, Gohan, los androides 17/18 y al ya recuperado Piccolo para plantar cara en una batalla en la que los universos que pierdan serán borrados de la existencia por el capricho de un par de niñatos cósmicos que hasta donde yo sé no se llaman Jonathan Hickman ni Geoff Johns; ¿la gracia de todo esto? Pues que hemos tenido varios episodios centrados en Krilin, en Gohan, en Tensinhan o en Mutenroshi, personajes que quieras que no tenían su público y que habían sido completamente desplazados en favor de Son Goku -lógico, es el protagonista- y Vegeta, el antihéroe carismático y payaso serio del dúo cómico. Y puede que algunos crean que es absurdo el meter a Mutenroshi en una pelea llena de tipos que le pueden dar dolores de cabeza al Son Goku Supersaiyan Blue, pero lo cierto es que hasta se las han apañado para explicar bastante bien su papel en todo este follón. Lo mismo pasa con Krilin -que hace lo que puede y la serie se esfuerza en hacer que empatices con su frustración de no estar a la altura- o con Tensinhan, personajes que saben de sobra que esa fiesta está por encima de ellos pero sacrifican hasta su último aliento por mantener su universo con vida.

El pequeñajo este y Hickman son tal para cual.

Ahora la pregunta es, ¿qué carajo es la épica si no eso? Esas batallas en las que el héroe está predestinado a perder, pero que aun así se niega a hincar la rodilla y claudicar. La historia de Dragon Ball ha estado plagada de historias de personajes secundarios que pasaban por la vida de Son Goku y cuando se les acababa la mecha acababan jubilados tomando el sol en casa de Mutenroshi. En la primera etapa de la serie, el grupo principal está formado por Bulma, Yamcha, Puar y Oolong, personajes que se convertirían en secundarios recurrentes y a veces coprotagonistas de algunas historias, pero que desaparecerían casi por completo a medida que avanza la serie. Mención aparte merece Krilin, que empieza siendo un tipo repelente que hace trampas para vencer como sea a Son Goku y pasa a convertirse en su mejor amigo, en su hermano, a pesar de que los dos se enfrenten en el torneo de artes marciales y quede claro que Son Goku está muy por encima de él. Eso le da una carga dramática a Krilin y otros personajes como Mutenroshi que es muy efectiva, porque cuando estos caen heridos sí que son importantes para Son Goku y el espectador, que se caga en todo porque lleva siguiendo a esos pelones desde que no levantaba dos palmos del suelo. Y los niveles de poder se la pelan.

Ya, ya sé que esto es un cosplayer, ¡pero es el puto mejor cosplayer del universo!

Termino aquí -que esto ya se está haciendo demasiado largo, pero vosotros lo habéis pedido- no sin antes cagarme en todos los tontos que han ninguneado a Krilin. Porque entiendo que los que sólo han visto Dragon Ball Z puedan reirse de Yamcha -sólo lo han visto inmolarse contra un saibaman, y hasta en Dragon Ball Super se ha convertido en un personaje cómico- pero no de Krilin o de Tensinhan, joder. ¿Tan mal le sale a Toriyama la épica y el sacrificio desinteresado como para que parezcan algo cómico? Dice muy poco -y muy malo- de una obra que gran parte del público considere a personajes como Krilin algo cómico, tontos que se meten de por medio para palmarla. Si algo está haciendo bien Dragon Ball Super -aparte de quitarse de encima aquella animación horrenda de los primeros capítulos, ¡puaj!- es reforzar los cimientos de la serie recuperando esos personajes, desarrollándolos un poco más y buscándoles algo que hacer treinta años después de la última vez que salieron de la casa del Duende Tortuga.

¡Pero que conste que como el Toriyama primigenio no hay ná! ¡NOSTALGIAAAAAAAAAA!

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