Se ha hablado mucho estos días sobre si Hellblade te borra la partida si juegas demasiadas veces, tonterías sobre exclusividades y mamarrachadas así, pero el mayor problema de Hellblade y el que ha provocado que el personal no sepa muy bien como clasificarlo viene de que es un juego… Raro.

Ése puente que veis al fondo es Gjallerbru, la entrada a Hel. Un poquito pequeño para los que lo conocemos por los tebeos, pero cumple su función.

Porque vamos a ver, si uno ve los videos de Hellblade, puede pensar que es un hack’n slash del estilo del último juego de NInja Theory, el envilecido aunque magistral DmC. La desarrolladora británica ha demostrado de sobra su capacidad para el género, pero este juego no es un hack’n slash, a pesar de que tiene sus secciones de combate. Es más, tampoco es un juego de puzzles -a pesar de que te acabas pasando más tiempo con los puzzles que matando enemigos- si no que más bien es… Un walking simulator. Ninja Theory ha intentado utilizar todo lo aprendido con sus juegos anteriores y destilarlo en un juego más modesto que se centra en contar una historia y buscar la empatía del jugador con la protagonista.

Con una cabeza al cinto, a lo Lollipop Chainsaw.

Y es que el objetivo principal del juego es meternos en la cabeza de una guerrera celta esquizofrénica -Senua- en su viaje a Hel para rescatar el alma de su amado, que está en manos de Cate Blanchett y sin un Skurge como dios manda que le eche una mano para cruzar el Gjallerbru. Lo cierto es que Hellblade se centra más en estresarnos mediante las voces de las personalidades múltiples de Senua, utilizándolos de manera ingeniosa para solucionar las carencias que el juego pudiera tener por carecer cualquier tipo de bara de vida o indicador de cualquier otro tipo; las voces te avisarán de que te queda poca vida -“va a morir”, “todo lo que ha hecho no ha servira de nada”, etc- de que la solución de un puzzle está cerca -“¿a dónde va?”, “ya lo tiene”- y hasta se burlarán de nosotros cuando tardemos demasiado en acabar algo. Todo esto le da una ambientación al juego de las mejores que se hayan visto en un videojuego, pero lamentablemente para Hellblade tienes que tener otras características para hacer un buen producto.

Los puzzles suelen girar sobre encontrar runas por el escenario para desbloquear puertas, ya sea en forma de sombras, luces o agujeros en la madera.

Porque sí, Ninja Theory ha hecho con este título todo un ejercicio de estilo, investigando hasta donde puede llegar en ciertos aspectos jugables y desarrollándolos de cara a futuros proyectos, creando un juego que si bien es válido por si mismo, no deja de ser una criatura que nos sabe a poco, excepcional en algunos aspectos y pobre en otros. A los que les interesen las secciones de combate se encontrarán poco de esto y demasiado puzzle y demasiado paseo, los que busquen puzzles tampoco quedarán satisfechos, y los que busquen una combinación de ambos se desesperarán por el lento deambular de una guerrera que se arrastra en ciertos tramos del juego tratando de mostrarnos el sufrimiento de Senua. Lamentablemente, cuando te has pasado un rato buscando resolver un puzzle cuya solución se resiste porque el juego no ha sido capaz de explicarte una mecánica nueva, la inmersión salta por la ventana y la frustración asoma su fea cabeza.

Tampoco habría venido mal que nos ofrecieran un chapter select o la capacidad de saltarnos las cutscenes una vez lo hayamos terminado, que rejugarlo -o sacar capturas- es un suplicio por la de tiempo que te hace esperar.

En resumen, Hellblade es un gran juego y es tremendamente recomendable, pero no es un plato del gusto de todo el mundo, y más vale que el jugador tenga una idea clara de lo que está comprando o, por mucho que el juego salga a un precio no tan reducido -vale treinta euros, pero otros indies salen por diez menos, y eso sin contar los Early Access- se va a encontrar que no es lo que esperaba. En cualquier caso, y siendo Brainstomping el rincón de internet que es, no puedo hacer otra cosa que recordar el subidón que es ese tramo del juego en el que nos estamos solos en Gjallerbru, aunque no lleguemos a tener un par de rifles de asalto para formar una buena montaña de cadáveres. Que ganas de ver esto en el cine, madre…

HE STOOD ALONE AT GJALLERBRU, HIJOS DE PUTA!

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