Con el estreno en los cines de Proyecto Hail Mary se está hablando mucho de ese tipo de ciencia ficción centrada en gente experta explorando lo desconocido y descubriendo maravillas, y no he podido evitar acordarme mucho de El Mundo de Roche/Rocheworld (1982) de Robert L. Forward. Una novela en la que prima el enfoque científico por encima de todo (aunque este sea irreal) y en donde no hay enemigos a los que combatir, sino misterios por resolver. Y aunque no es una novela perfecta y su autor tomó algunas decisiones un tanto extrañas, el resultado final sigue siendo uno de esos libros que te atrapan y no puedes soltar.

Después de que una de las múltiples sondas enviadas a todos los rincones de la galaxia haya descubierto un extraño planeta binario que no se parece en nada a lo descubierto hasta entonces, la NASA decide poner en marcha un proyecto como jamás se ha visto en la historia de la humanidad. Un grupo de voluntarios, escogidos entre lo mejor de lo mejor, se embarcará en un viaje solo de ida a bordo de la Prometeo, la nave más sofisticada jamás construida, impulsada por una gigantesca vela solar y dotada de una IA que casi parece viva. Pero ese largo viaje, que durará más de cuarenta años y del que jamás regresarán, se verá entorpecido por intrigas políticas en la Tierra y por los misterios que les esperan en esos mundos gemelos que son mucho mas de lo que parecen.

Yo desconocía por completo la existencia de Robert L. Forward hasta que este libro cayó por casualidad (vía mercadillo) en mis manos y me fascinó esa propuesta de explorar lo desconocido desde una perspectiva científica. Algo que, dado el trasfondo de Forward como físico, ingeniero aeroespacial y consultor para la NASA y la Fuerza Aérea estadounidense, resulta de lo más comprensible. Aunque también es verdad que, pese a toda esa experiencia en el campo de la ciencia, aquí se tomó muchísimas libertades con algunas de las tecnologías planteadas en la novela, como esa droga que ralentiza el envejecimiento para que la tripulación de la Prometeo no sea anciana al llegar a su destino, la avanzadísima IA que se encarga de la nave o la naturaleza de los peculiares habitantes del mundo binario. Pero, pese a que eso provoca que no estemos ni mucho menos ante una novela “realista”, Forward fue capaz de combinar tanto los elementos más reales de la trama con los más fantásticos, para que estos sonasen autenticos.

Y, sin duda, de su trabajo tanto en el sector privado como de consultor para el gobierno de su país nació ese extenso desarrollo de los aspectos políticos y burocráticos detrás de la misión. Porque buena parte del primer tramo de la novela se centra no solo en la puesta en marcha de esta magnitud y el reclutamiento de una tripulación que sea excepcional en sus respectivos campos y esté dispuesta a abandonar la Tierra para no volver, sino también en los aspectos más desagradables detrás de una misión así. Rencillas personales que dan pie a tratar de sabotear la misión, campañas mediáticas en contra de esta o recortes de presupuesto que ponen en peligro a la tripulación son solo algunos de los obstáculos a los que tiene que enfrentarse el viaje de la Prometeo antes siquiera de partir. Y, aunque en un principio estos elementos pueden parecer un lastre para la historia, le dan un toque de autenticidad a la misma muy bienvenido.

Otro aspecto que me encantó de la novela es eso de lo que ahora se habla tanto con el estreno de Proyecto Hail Mary y que se suele denominar “competence porn”, ese elemento de la ficción que produce la satisfacción de ver a personas extremadamente competentes en su trabajo (ser un poco MacGyver), ya sea en dramas médicos, culinarios, historias de robos o, como en la ya mencionada PHM, Star Trek o El Mundo de Roche, en la ciencia ficción. Porque, para la misión de la Prometeo, se ha reclutado a lo mejor de lo mejor: pilotos, biólogos, geólogos, ingenieros, etc., personas que no solo han sido reclutadas por su enorme experiencia y conocimientos, sino por su absoluta falta de ego que les permite trabajar en conjunto sin apenas fricciones, priorizando por encima de todo la misión y su seguridad. Y es cierto que resulta tremendamente satisfactorio encontrarse con personajes así, para quienes cada obstáculo, que no son pocos, es algo que tienen que resolver a través del ingenio y no de la fuerza, combinando sus habilidades para salir airosos de cada nuevo misterio que encuentran en ese peculiar sistema solar.

Un escenario que es igualmente fascinante, ya que allí nos encontramos planetas tan gigantescos que sus volcanes son mayores que la propia Tierra, mundos gemelos (en los que se centra esta novela) que orbitan tan cerca entre sí que comparten una única atmósfera y el océano de amoníaco que también comparten se traslada de uno a otro periódicamente. Pero, sin duda, lo más fascinante de todo es la sorpresa que se encuentra la Prometeo al llegar allí y descubrir que aquello no está deshabitado como creían. No quiero entrar en demasiados detalles porque este es uno de los aspectos con los que más disfruté del libro, pero Forward creó aquí a una de las especies alienígenas más originales e imaginativas que me he encontrado en mucho tiempo, seres que tanto en su fisiología como en su psicología son radicalmente diferentes a lo que solemos encontrar en la ciencia ficción.

Y un último elemento que me encantó de este libro es que aquí los únicos “conflictos” que nos encontramos, dejando a un lado los problemas burocráticos del comienzo y algún pequeño roce personal, se deben exclusivamente al entorno a veces hostil de este sistema solar. Aquí no hay enfrentamientos por ver quién manda más en la nave, no hay envidias ni rencillas personales ni personajes que se dejen llevar por sus egos, ni tampoco hay enemigos a los que combatir. Todos los conflictos a los que se enfrentan son fenómenos naturales de unos mundos que esconden una sorpresa tras otra y que ponen a prueba la habilidad de esta tripulación. Y, pese a que en algunos momentos la tensión es bastante alta, resulta extrañamente relajante la forma en la que nos lo plantea Forward, no como una amenaza catastrófica, sino como una serie de puzzles a resolver.

Pero, al hilo de lo que decía al comienzo, hay algunas decisiones que tomó Forward en la novela que resultan un tanto extrañas. A la parte de los problemas políticos y burocráticos de la historia les dedica demasiado tiempo, presentando diferentes personajes y situaciones que no acaban teniendo relevancia alguna. Además, nos encontramos con que buena parte del primer tramo de la novela, antes y después de partir a su destino, se centra solo en una parte de la tripulación, desarrollando sus personalidades, sus características, etc. Pero cuando llegan a su destino, estos pasan a un segundo plano, desapareciendo algunos por completo mientras están haciendo otras cosas, poniendo el foco en los que hasta entonces apenas conocíamos por sus nombres. Algo que en buena parte se debe a que, tras su publicación original por entregas en la revista Analog en 1982, se publicaron durante la década siguiente tres nuevas versiones extendidas de la novela (algunas de ellas con el nuevo título de Flight of the Dragonfly) hasta llegar a su forma definitiva, versiones a las que a cada uno de ellas Forward fue añadiendo tramas que no existían originalmente, lo que explica esa desconexión que se siente en ocasiones como con esos personajes que aparecen y desaparecen o esos elementos de la historia que no van a ningun lado.

Aunque nada de eso impide que El Mundo de Roche acabe siendo una de esas novelas que es difícil soltar hasta el final, aunque solo sea por lo fascinante de los elementos científicos de la misma. Y al propio Robert L. Forward también debió resultarle complicado soltar este mundo, ya que entre 1993 y 1995 coescribió junto con su esposa y su hija cuatro secuelas en las que se exploraba tanto estos mundos como el resto de ese sistema solar y a las que espero echarles el guante. Por ello, y con la advertencia de no ser una novela redonda, quienes busquen una historia que se centre en la forma más pura de la exploración y lo fantástico, El Mundo de Roche es una buena elección.
