Superman y Spiderman se reúnen en otro especial que sabe a poco

Marvel y DC se han juntado de nuevo para traernos otro especial reuniendo a diferentes héroes de sus respectivos universos, ofreciéndonos ahora un encuentro bastante más clásico que en los especiales anteriores y que hacía décadas que no veíamos, el de Superman y Spiderman. Aquí de nuevo nos encontramos con la misma fórmula de contar con una historia principal de poco más de veinte páginas y siete más mucho más cortas que en su mayoría son apenas una anécdota, algo que provoca que este especial sepa a muy poco y sus historias apenas cuenten con desarrollo. Pero, pese a ello, el resultado es entretenido, como prueba la historia de cabecera en la que Mark Waid y Jorge Jiménez nos meten de lleno en un doble team-up de héroes y villanos.

Esto tiene muchísimo mas sentido que juntar a Batman con Masacre

Aquí Waid y Jiménez no se complican con viajes interdimensionales y recurren a la fórmula de que todos estos personajes viven en el mismo mundo y se conocen desde hace mucho, lo que permite ir al grano en la aventura en sí. Una historia que parte de cómo Brainiac se aprovecha de un frustradísimo Doctor Octopus, harto de estar siempre considerado por detrás de otros grandes científicos, para colaborar juntos en un proyecto que le dará la relevancia que siempre ha deseado. Algo que sabemos que no acabará bien.

Y yo que prefiero a Brainiac antes que a Palantir…

Por su parte, Peter Parker está visitando Metrópolis por encargo del Daily Bugle para investigar, junto con su viejo amigo Clark Kent, un robo de material radiactivo en unos laboratorios que deben ser S.T.A.R. Labs, dado que es la doctora Jenet Klyburn, una vieja aliada de Superman anterior incluso a las Crisis, quien les explica lo sucedido. Y, aunque un robo de ese tipo en una ciudad como Metrópolis no es algo especialmente raro, que el material que han robado sea kriptonita complica bastante las cosas, especialmente cuando Peter se da cuenta de que las marcas que ha dejado el intruso en el laboratorio pertenecen a unos tentáculos mecánicos que conoce demasiado bien.

¿Para que complicarse con viajes entre realidades paralelas?

Y, como está claro que Octopus no va a utilizar la kriptonita para nada bueno, Peter y Clark, que se conocen de sobra y conocen los respectivos alter egos del otro, se ponen en acción como Spiderman y Superman. Pero justo entonces Octopus activa el artefacto que ha desarrollado para bañar Metrópolis con una señal neural amplificada por kriptonita que está sobrecargando la mente de todo el mundo. Lo que sigue es una aventura bastante convencional, los héroes descubren que Brainiac está colaborando con Octopus, que ambos se encuentran en diferentes localizaciones, y cuando se dividen para enfrentarse a sus enemigos habituales se llevan la sorpresa de que les toca hacer frente a alguien contra quien apenas tienen experiencia.

Otto al final solo quiere que le respeten, pero no sabe ganarselo

El enfrentamiento es bastante clásico, y hace un buen uso de las características de ambos personajes, con Superman apelando a la conciencia de Octopus y casi ganándoselo a base de empatía, y Spiderman demostrándole a Brainiac que ni todos los cálculos de su cerebro computerizado son rival para la combinación de sus reflejos, velocidad y sentido arácnido. Y, para rematar el clasicismo de todo esto, Waid y Jiménez se permiten incluso homenajear el que debe ser el momento más recordado de la etapa de Stan Lee y Steve Ditko en Spiderman, con la supervivencia de Metrópolis dependiendo de que Spiderman saque fuerzas de flaqueza.

Si vas a homenajear algo homenajea a los clasicos

Los buenos ganan, los malos pierden, la ciudad se ha salvado y Peter ha descubierto que Perry White es bastante más generoso que Jameson a la hora de pagarle por sus fotografías. El resultado es una historia correcta, divertida, respetuosa con las caracterizaciones de héroes y villanos… pero que cojea por la falta de espacio. Al igual que había sucedido con los recientes especiales anteriores, el constar estos especiales de una historia principal de apenas veintitrés páginas y varias más de complemento provoca que no haya espacio para desarrollar nada en condiciones, que todo tenga que ser reducido a su mínima expresión.

Es incluso mas majo

Algo que está provocando que se desaproveche tanto la oportunidad de reunir de nuevo a todos estos personajes como el talento de los equipos creativos que hay detrás, y cuando, como aquí, tenemos a un Mark Waid que ha tirado de su vena más clásica y un espectacular Jorge Jiménez, eso es casi un crimen. Porque es una auténtica lástima que, tras tantos años esperando a que las relaciones entre ambas editoriales mejorasen, el resultado de esta nueva colaboración esté resultando tan frustrante.

Spiderman se lo toma mejor que cuando Mercurio descubrió la existencia del museo de Flash

Por eso, de nuevo reitero mi esperanza de que en Marvel y DC se animen de una vez a probar otros formatos, ya sea como antaño con especiales/novelas gráficas dedicadas íntegramente a una única historia, o, mejor aún, miniseries de tres o cuatro números dobles, algún formato que permita contar historias que vayan más allá de la simple anécdota. En los próximos días, si la actualidad lo permite, hablaré por aquí del resto de historias de este especial, que hay alguna que otra bastante interesante y con más mala leche de la que esperaba. Y aunque esas saben aun a menos que esta, al menos su lectura ha sido entretenida.

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kgoku
kgoku
2 minutos han pasado desde que se escribió esto

Yo soy feliz, he podido ver a Miguel O’Hara y Terry McGinnis juntos.
El final de la historia de Jimmy Olsen no me lo esperaba.