Jugando al ajedrez: Historia de los videojuegos (II)

Decía yo la semana pasada que Alan Turing había programado el primer videojuego a finales de los 40, y en realidad aquello no dejaba de ser una carrera de siglos para crear una máquina que jugara al ajedrez, porque digo yo que eso de jugar al ajedrez por lo que sea es un juego muy solitario. Supongo que la gente se obsesiona tanto con el juego que los demás los mandan al cuerno y claro, acaban teniendo que jugar solos y, a falta de internet, pues como que necesitaban inventarse una máquina que lo hiciera. Pero vamos, que hablábamos de Alan Turing.

Derrotó a los nazis y se lo pagaron con una esterilización química. Lamentable.

Alan Turing que, dicho sea de paso, no necesita presentación porque todos habéis visto la película protagonizada por Benedict Cumberbatch contando como construyó «el primer» ordenador para romper la criptografía de los nazis, pero su compañero a la hora de programar el primer videojuego, DG Champernowne, ya no es tan conocido. Champernowne era un matemático y economista que había conocido a Turing durante sus estudios universitarios, y después de la guerra dedicó el grueso de su carrera a estudiar la desigualdad del reparto de la riqueza, algo que siempre hace falta. Sin embargo, nosotros no estamos aquí para meternos en política y decir que me cago en los ricos (aunque también), por lo que volviendo al tema que nos ocupa y a lo que decíamos, en 1948 los dos amigos programaron Turochamp. Y no, el nombre del primer videojuego no fue una contracción de Alan Turing Chess Champion como si eso fuera un videojuego de EA Sports, si no simplemente la unión del apellido de Turing y Champernowne. Y oye sí ésto no es un videojuego… Pues mira, nos pegamos. O mejor no, porque resulta que este videojuego se programó pero no se llegó a ejecutar. Porque veréis, en aquellos tiempos los programas primero se hacían en papel y luego se metían en el ordenador, porque como el ordenador no tenía ni pantalla, pues como que era todo un tanto complicado porque tenías que meter el programa, ver si la cosa funcionaba y si se colgaba repasar páginas y páginas de código a ver que había pasado. En el caso del programa de Turochamp el problema no fue exactamente ese, si no que el ordenador se quedaba sin recursos para ejecutar el programa, no era suficientemente potente. Turing fracasó tratando de compilarlo en un ordenador más moderno en 1951, por lo que tuvo que conformarse con ejecutarlo «manualmente» paso a paso al año siguiente en una exhibición pública, demostrando que el algoritmo que gobernaba el programa (perdón, el juego) funcionaba, aunque no fuera muy espabilado.

Poca broma, pero la gente al ver las primeras radios se pensaba que dentro había un señor pequeñito.

Aun así, el sueño de una máquina que jugara al ajedrez ya venía de viejo, porque ya en el siglo XVII teníamos al Turco Mecánico, que no dejaba de ser un muñeco que sobresalía de una caja y jugaba al ajedrez. Al mecanoturco en cuestión lo pasearon por todas las cortes europeas maravillando a unos y otros señores y señoras con peluca, pero en realidad era un fraude, porque había un señor metido dentro de la caja controlando el juego en todo momento. Ya en el siglo XX, Leonardo Torres y Quevedo se había pasado toda su vida programando un autómata que realmente jugara al ajedrez, El Ajedrecista, cuya primera versión ya se había presentado en 1911 y acabó continuando su hijo Gonzalo tras su muerte en 1936 por causas naturales (a las que no ayudó la guerra, por supuesto). La última versión de El Ajedrecista sería presentada en 1951, capaz de jugar partidas enteras controladas por un autómata real. Aun así, hay que reconocer que el programa de Turing era mejor jugador de ajedrez, pero no era una realidad porque estaba demasiado adelantado a su tiempo, aunque no el único; unos años antes Konrad Zuse, su contrapartida en la Alemania nazi, había estado desarrollando su propio ordenador, la serie Z. Zuse había creado un lenguaje de programación que facilitaba la operación del artefacto, y entre los ejemplos que realizó para probarlo programó otro juego de ajedrez antes incluso que Turing, aunque funcionaba más como un solucionador de problemas de ajedrez, porque no era capaz jugar una partida completa. Pero como Zuse vivía completamente separado del mundo durante aquellos años, gracias sobre todo a la política nazi de aislar por completo a sus científicos más importantes, nadie se enteró de la existencia del programa hasta mucho después. Aunque, eso sí, curiosamente Turing y Zuse se conocieron en 1947, lo cual me da bastante que pensar… Pero éso, que Zuse tampoco llegó a compilar su juego de ajedrez, aunque a finales de los 90 un consorcio público-privado alemán llegaría a financiar una reconstrucción de su primer ordenador, el Z1 -anterior al de Turing- y a hacer funcionar sus programas en un ordenador moderno. Pero estábamos con los videojuegos…

Aquí TVE enseñándonos El Ajedrecista a finales de los 70, de la mano del nieto de Torres Quevedo.

Lo cierto es que Turing y la presentación de Torres y Quevedo habían destapado la botella y el genio se había escapado. Tras varios inventos electromecánicos, en 1958 tenemos el Programa de Ajedrez de Bernstein, creado por el programador de IBM Alex Bernstein. Aquello funcionaba en un IBM 704, un ordenador de tubos de vacio que ocupaba el doble que tu piso y que, para colmo, tampoco tenía pantalla y tenía que ir imprimiendo cada movimiento en una hoja de papel continuo. Pero era capaz de jugar una partida entera y oye, funcionaba, aunque me imagino que pocas partidas se debieron de jugar porque si no IBM se habría ido a la bancarrota con tanto gasto de papel para la impresora. Y como aquello ya no había quién lo parara y el programar un ordenador para que jugara al ajedrez se convirtió en uno de los objetivos principales de cara a la creación de una inteligencia artificial -sí, antes parecía un concepto lejano de ciencia ficción y no daba tanto repelús- unos diez años después tenemos el Greenblatt Chess Program, que no deja de ser el primer programa de ajedrez federado que participó en campeonatos y derrotó a jugadores de verdad y no solo a una pobre secretaria a la que acababan de enseñar a jugar al ajedrez. Sin embargo, lo importante del programa de Greenblatt es, nada más y nada menos, que a diferencia de los anteriores éste si que tenía un monitor adosado en el que se mostraban las piezas. Era 1967 y teníamos el primer videojuego de ajedrez con pantalla y todo, que hasta se había enfrentado a Bobby Fischer… Pero claro, por el camino algunos habían hecho otros videojuegos.

Lo del ajedrez fue creciendo y creciendo hasta que a mediados de los 90 el ordenador Deep Blue de IBM derrotó a Garry Kasparov y nos dejó obsoletos a todos.

Suscribirse
Notifícame de
guest

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

0 Comments
más antiguos
más recientes más votados
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios