Hoy quiero hablar de un anime que se acaba de estrenar la semana pasada, Isekai no Sata wa Shachiku Shidai, cuyo manga ha publicado aquí Tomodomo bajo el título Un Contable para Salvar el Reino. Un anime que como su título ya nos deja claro se trata de uno de esos Isekais que tan de moda se han puesto en los últimos tiempos y que a mí por lo general me suelen repeler. Pero la forma en la que esta serie se aleja de muchos de los tópicos del género y va por otros derroteros me picó la curiosidad lo suficiente como para darle una oportunidad a este anime, y lo que he visto hasta ahora me ha dejado gratamente sorprendido. Así que confiando en que esto no acabe derivando en otro de esos Isekais genéricos que tanto detesto, vamos a ver qué es lo que nos está ofreciendo esta serie hasta ahora.

Seiichirou Kondou era un contable más dentro de una empresa, limitándose su vida en ir de casa a la oficina y viceversa. Pero un día, tras encontrar a una joven que estaba siendo tragada por un agujero luminoso en el suelo y tratar de salvarla, se ha visto transportado a un mundo mágico. Allí descubre que la joven está destinada a salvar ese reino y que no pueden devolverle a su hogar, por lo que consternados por haberle traído accidentalmente allí le ofrecen todo lo que necesite para disfrutar de una vida cómoda, pero Kondou no sabe vivir sin trabajar, por lo que pide que le dejen continuar haciendo lo único que sabe hacer. Pero aunque ser un contable en el palacio real no es tan diferente de su anterior trabajo, Kondou tendrá que hacer frente a vivir en un mundo en el que la magia lo impregna todo, a las intrigas de palacio y a cierto capitán de la guardia que parece vigilar todos sus movimientos.

La historia de esta serie es algo más “multiplataforma” de lo habitual, ya que originalmente se trataba de una serie de novelas escritas por Yatsuki Wakatsu e ilustradas por Kikka Ohashi que se publicaron de forma digital en 2018. El éxito de las mismas provocó que se reeditasen en formato físico y que en 2020 comenzase a publicarse una adaptación al manga, también en digital, con guiones del misma escritora y dibujado por Kazuki Irodori, habiéndose publicado hasta la fecha siete recopilatorios en Japón, de los cuales Ediciones Tomodomo ha publicado por ahora los cinco primeros. Y de nuevo parece que el éxito de la serie es lo que ha llevado a que esta sea adaptada al anime que se estrenó hace unos pocos días.

Pero como decía antes los Isekais no suelen llamarme demasiado la atención, ya que la idea de personas corrientes con vidas insulsas que acaban en otro mundo y se convierten en prodigios en la guerra o la magia siempre me han parecido muy repetitivas. Y aunque de vez en cuando sale algo que se aleja de la norma, como aquella en la que un joven se reencarnaba en otro mundo (de fantasía por supuesto) convertido en máquina expendedora, el género seguía sin atraerme. Pero la serie que hoy nos ocupa sí que tenía una premisa que se alejaba de los lugares comunes sin caer en la parodia, presentándonos a un protagonista que transportado a un mundo de fantasía rodeado de doncellas mágicas, caballeros y amenazas místicas, decide que quiere seguir llevando una vida lo más similar posible a la que había llevado hasta ahora, cambiando simplemente las hojas de cálculo por un ábaco.

Y en ese aspecto la serie ha sido toda una sorpresa, ya que en el mismo primer episodio nos hemos encontrado con una crítica muy directa y nada sutil de la mentalidad corporativa en Japón y que puede trasladarse a prácticamente cualquier parte del mundo. Cuando conocemos a Kondou este se dirige a su casa tras una larga jornada laboral y parece que haya escapado de un infierno, derrotado, agotado y sin ganas de hacer nada. Por eso cuando en ese reino mágico le ofrecen todo lo que necesite solo pide seguir trabajando, porque como él mismo reconoce no sabe vivir de otra forma. Pero su mentalidad corporativa moderna (y poco sana) contrasta enormemente con la relajada actitud de sus compañeros de trabajo en el departamento de contabilidad del palacio, donde entre largos desayunos y almuerzos y descansos varios la jornada laboral pasa volando sin hacer mucho y se aprueban todos los presupuestos que se les envían sin comprobar nada.

Escandalizado por eso, aún lastrado por sus años de condicionamiento en una oficina moderna, Kondou se vuelca en poner patas arriba el departamento, revisando todas las cuentas, cada gasto y cada ingreso y exigiendo que no se apruebe ninguna petición de dinero sin que cada presupuesto esté debidamente detallado. Una actitud que tiene tan sorprendidos como atemorizados a sus compañeros y superiores, pero que le pasa factura, ya que es el primero en llegar, el último en irse apenas descansa y sus ojeras son cada vez mayores.

Algo que trata de solucionar tomándose una bebida reconstituyente que utilizan los caballeros de ese reino y que le permite continuar con su ritmo de trabajo inhumano y que a punto están de acabar con su salud. Una crítica bastante feroz a una mentalidad empresarial que por desgracia está muy extendida en todo el mundo, y que demasiado a menudo convierte a quienes la sufren en poco menos que drones que creen que su único valor consiste en trabajar lo máximo posible sin importar las consecuencias, como si las personas fuésemos solo engranajes en una máquina.

Algo que enlaza con el otro elemento de esta serie que la aleja un tanto de la inmensa mayoría de los Isekais. Y es que esas bebida reconstituyente que Kondou ha estado bebiendo a todas horas, está, como todo lo que le rodea en su nuevo hogar, repleta de partículas mágicas a las que su cuerpo terrestre no está acostumbrado, llevándole casi al borde de la muerte. Un momento en el que es oportunamente salvado por Aresh, ese Capitán de la guardia que no le ha quitado ojo de encima desde que apareció por el portal y que esto no se debía precisamente a ninguna suspicacia o animadversión por su parte, sino a todo lo contrario. Y esta combinación de Isekai y BL, sumada a esa crítica al mundo laboral moderno que espero que no decaiga en los siguientes episodios, es lo que hacen de esta serie algo bastante original y de momento muy recomendable.

Con esto, y mi recomendación de mañana, parece que la temporada de anime de este año no ha comenzado nada mal, con alguna propuesta que otra bastante interesante, y que viene a probar que no existen géneros de ficción buenos o malos, que bien planteado incluso las tan explotados Isekais pueden dar pie a ideas bastante originales que se salen de lo habitual y que pueden combinar a la perfección la fantasía con la crítica social de una manera bastante divertida.

Curiosamente, aunque no sea ni de lejos uno de los tropos habituales entre los nuevos isekais (el género es lamentablemente tan popular que sí se hacen los suficientes que sacan los pies fuera del tiesto con más o menos originalidad) hay más de un manga o novela ligera de género isekai en el que tiene que llegar un economista, pequeño funcionario o comercial (siempre japonés, por supuesto, pero no es que no pase lo mismo con las novelas ligeras chinas y coreanas) a salvar el reino de turno (intentando salirse un poco de lo habitual del género: la acción, para tocar un poquito más la gestión económica o política …también hay cada vez más historias de este tipo que tratan más de vivir la vida, intentando incidir en que vivir bien es más importante que hacerse rico o ser un héroe o un noble, y que sí tienes una segunda oportunidad lo mejor es no volver a hacer lo de antes: matarse a trabajar, sino hacer lo que te apetece, o incluso simplemente algo supuestamente tan poco japonés como tomarte tú tiempo y relajarse … aunque, claro, la corriente principal de los isekai sigue siendo otra, aunque cada vez esos nuevos isekais que no aportan nada tengan más difícil el pasar del cuarto o quinto tomo del manga o la novela, e incluso los que lo hacen tengan cada vez más difícil en su traslación al anime el pasar de la primera temporada mientras que historias con más alma como Ascendance of a Bookworm sí quedan en el recuerdo).
Lamentablemente, Roger, eso se ve todavía en gran parte de la literatura ligera de fantasía japonesa (y eso que viene siendo casi lo más escapista que tienen por allí, superado solo probablemente por el shonen …pasa menos en la coreana, pese a que usan casi los mismos tropos, y pese a que su sociedad y economía también se sostienen en gran parte sobre los hombros de los esclavos corporativos, aunque estos al menos son más conscientes de que los están puteando y siguen en esa esclavitud porque no les queda otra, no porque la sociedad y el sistema educativo, que lo intentan, los tenga tan domados como al japonés medio, y en su fantasía escapan mucho más de las servidumbres).
Hay monumentos al soldado desconocido, pero no al manifestante desconocido ni al funcionario eficiente.
La gente recuerda mucho a los gobernantes bocazas y tiranos pero no a los sufridos contables que en más de una ocasión han salvado a los países. Como los gobernantes de Weimar en los años 20, que salvaron Alemania de la hiperinflación y las reparaciones de Versalles (consiguieron eso sí que los nazis intentaran asesinarles en varias ocasiones). O los contables ingleses que se dejaron la piel cuadrando el círculo con la deuda externa del Imperio Otomano (aunque por lo menos los otomanos les dejaron irse al empezar la Gran Guerra).
Es muy triste la historia de un hombre que no consigue desconectar ni en sus fantasías. Lleva el yugo a todas partes.
O que en algunos periodos de la Italia moderna el país seguía funcionando gracias a los (habitualmente denostados por los políticos «profesionales») tecnócratas. Y menos mal, porque algunos gobiernos de coalición duraban meses. Más saludables eran las coaliciones alemanas y holandesas (aunque hemos tenido en el siglo XXI algún periodo en el que Holanda estuvo directamente sin gobierno más de un año …y mira, gracias a los tecnócratas ni tan mal), pero también en estos periodos fueron un según. Y desde luego qué seria de la Unión Europea sin estos (que es legendaria la indecisión de la «gran Europa» para casi cualquier tema medio importante al margen de los dineros …e incluso para los temas de dineros cuando se ponen por medio intereses regionales relevantes).
Aquí hay un problema. Y es que a mucha gente le cuesta entender que el Estado no es el Gobierno, si no que el Gobierno forma parte del Estado.
Lo que hace que un país funcione es la burocracia, el cuerpo de funcionarios que están ahí, independientemente del gobierno de turno, y que se sostienen en el tiempo, ajenos a los vaivenes.
Los italianos saben que Italia funciona a pesar de sus gobiernos, o a pesar de la tremenda volatilidad de ellos.
Y eso es así, porque todo el sistema italiano se ha acostumbrado a recaer en los hombros de una masa anónima de burocratas que se deben al Estado y no al Gobierno, que total… en tres meses habrá otro.
Una de las primeras cosas que hizo Mussolini fue poner en la calle a todos los maestros y burócratas que no estaban dispuestos a someterse y firmar una obediencia ciega al nuevo gobierno fascista. Si quieres controlar realmente un país (en plan omnímodo) tienes que controlar (hacer tuyos o al menos amedrentar) a los pequeños funcionarios (controlar la burocracia). Lo otro (controlar el legislativo y el ejecutivo, incluso la prensa generalista) es controlar el gran poder, pero no controlar realmente el país (no se puede jugar al Gran Hermano sin los burócratas ni con los suficientes fusiles y «borregos» … aunque los fusiles y los borregos siempre ayudan y son el pan nuestro sine qua non de los fascismos).
Lo que ha hecho Trump entre su primer y su actual mandato.
Laminar toda oposición dentro del partido republicano. Y con la excusa de recortar costes poner desde el primer mes en todos los engranajes del Estado a sus marionetas serviles.
Lo que no se le permitió ser en su primer mandato, lo es ahora porque ya no tiene quien le frene. Pero siempre fue así. Y eso, que ya hizo mucho daño en el primero.
Y sobre la serie en sí.
Pues es bien coñero meter a un «salaryman» japonés queriendo trasladar a un mundo fantástico todos sus procesos de eficiencia y aliniantes a los que está acostumbrado. Básicamente, porque no conoce otra cosa.
¿El gran Visir Iznogud? Que se mueve aburridamente entre alfombras voladoras y genios de la lámpara, mientras lleva la contabilidad meticulosamente.
Dependiendo de como se haga, puede ser una torta muy grande al sistema laboral deshumanizante japonés.
Al final del texto, ya vi el interés oculto que te llamaba la atención de la serie, M’Rabo.
Y me paro a pensar, si tanta serie de Isekai no es en el fondo, la manera de la ficción de dar respuesta social a la realidad de los Johatsu. Los evaporados de Japón.
Yo siempre he teorizado que el éxito de los isekai (escapismo aparte) es tal porque cada vez hay más gente (principalmente estudiantes y currantes, que los japoneses medios ya viven azorados por la presión social y la productividad como poco desde que empiezan la secundaria, si no antes) para los la que la posibilidad de morirse (con o sin ayuda de camión-san) para irse a un mundo mejor (o con menos presión, que muchos tampoco es que sean una joya, pero hasta esos a menudo son bien recibidos) resulta una idea atractiva (de poder darse muchos firmarían ya).
Eso es algo que en mayor o menor medida encontramos tanto dentro como fuera del Isekai, que no hace mucho leí un articulo que hablaba del enorme contraste entre la realidad de los estudiantes Japoneses, que entre estudiar en clase, las academias para preparar los exámenes de acceso a la universidad (y la presión para ser aceptado en una buena) y las actividades extraescolares, no tienen tiempo ni para vivir, mientras que en el manga y el anime, tanto en el mas costumbrista como en el fantástico, solemos ver a críos cuyo tiempo libre parece inmenso. El escapismo esta muy presente en muchas obras.
Y en cuanto al Isekai en si, a mi siempre me hizo mucha gracia una vez que leí que eso se lo invento Edgar Rice Burroughs cuando creo a John Carter Xd.
Es el escapismo sumado a las fantasías de poder llevados a su extremo máximo.
De oculto nada! 😂😂😂😅🥲
El japonés alucina porque en su nuevo trabajo en la oficina de la Contaduría Real del otro mundo nadie más quiere echar horas de más y se largan a en punto.😂
Lo peor es que creo que todos hemos conocido a alguien que se ha indignado al ver que el resto de la gente quiere cumplir con su horario estipulado y punto.
Me pueden interesar varias cosas a la vez! xd
Y no son solo los salaryman (esclavos corporativos allá casi casi) y pequeños funcionarios …también la mayoría de idols y la mayoría de pequeños mangakas (y algunos no tan pequeños, que eso es más triste, volverte pudiente gracias a las regalías hasta el punto de poder vivir incluso cómodamente de ellas las décadas que te quedan de vida pero tener que seguir llevando una vida de esclavitud laboral por la presión social y de la editorial, incluso a veces más allá de la edad a la que en otros medios se jubilarían, y no necesariamente porque ames tanto el medio … bueno, esclavitud salvo que como Takao Saito inviertas esas jugosas regalías en contratar a un pequeño ejército que lo haga por ti…los maledicentes decían que en los últimos lustros ya solo dibujaba los ojos de Duke/Golgo).